la abadía coloca la placa en honor a c.s. lewis

Westminster abre una puerta a Narnia

El portón de la Abadía de Westminster se abrió el viernes en honor de C S Lewis en una pomposa ceremonia póstuma que iluminó la vida

Foto: Homenaje a  C.S Lewis en la Abadía de Westminster
Homenaje a C.S Lewis en la Abadía de Westminster
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    El portón de la Abadía de Westminster se abrió el viernes en honor de C S Lewis en una pomposa ceremonia póstuma que iluminó la vida y la obra del autor de Las crónicas de Narnia. El más famoso converso del siglo XX, que narró su viaje personal del ateísmo de su adolescencia a la reconciliación con la fe anglicana de su hogar familiar en Belfast, en sus memorias Cautivado por la Alegría, fue finalmente reconocido internacionalmente por su visión espiritual, su labor académica y su talento creativo. Coincidiendo con el 50 aniversario de su muerte, el 22 de noviembre, Clive Staples Lewis encontró finalmente su hueco en el Rincón de los Poetas, la sección de la abadía londinense donde reposan y se rememora a los más ilustres literatos británicos, desde Chaucer a Shakespeare, Dickens o las hermanas Brönte.

    “Creo en la Cristiandad como también creo que el sol ha salido, no sólo porque lo veo, sino también porque por él veo todo lo demás”. Es la leyenda inscrita en la lápida en mármol verdusco que desveló el catedrático de Oxford, Michael Ward, antes de su bendición por el deán de Westminster, el reverendo John Hall. Lewis dictó esta sentencia en el transcurso de una charla en que cuestionó si “la teología es poesía” y concluyó afirmando que es poética y abierta, por tanto, a la imaginación y la razón. “Esta frase enlaza muchas áreas de su vida y su obra. Apunta a su papel como un apologista que defendió públicamente la fe siguiendo el argumento allá donde le llevara”, explicó Hall al millar de invitados al homenaje.

    Apologista cristiano, catedrático de literatura y novelista. Tres ramas del mismo tronco que han asegurado el acceso de Lewis al panteón de poetas, dramaturgos y literatos. La abadía mima los permisos para levantar memoriales en su concurrido rincón del crucero sur y rara vez concede más de tres o cuatro cada diez años desde la Segunda Guerra Mundial. El poeta Ted Hughes fue el último en recibir el honor, en 2011, tres años después de su ocaso. Para otros, la demora se prolongó mucho más que las cinco décadas de ansiosa espera de los lectores de la Trilogía de Ramson- la aventura de ciencia ficción narrada en Lejos del planeta, Perelandra (Viaje a Venus) y Esa Horrible fuerza- o las Cartas del diablo a su sobrino (Las cartas de Escrutopo). Lord Byron murió en 1824, pero la Poetry Sociedad no obtuvo autorización para colocar su piedra en Westminster hasta 1969 debido a la “escandalosa vida” del ilustre poeta.

    Ilustres vecinos

    La C S Lewis Society ha logrado una posición estelar para su mármol, además de recaudar más de 20.000 euros en donaciones para cubrir los gastos del homenaje por el 50 aniversario de su muerte. Se sitúa en el umbral del Rincón, a los pies de una columna que tiene de "vecinos" a los poetas William Blake y John Betjeman. A la derecha del creador de Narnia resaltan, también en el suelo, las inscripciones restauradas recientemente de los memoriales de Dylan Thomas y T S Eliot, entre otros muchos. Una sencilla lápida negra cubre los restos de Dickens y a corta distancia están enterradas las cenizas, con exclusión de las del corazón, de Thomas Hardy.

    La bienvenida del nuevo inquilino de Westminster se celebró con la exquisita pompa y precisión de las ceremonias británicas. La comitiva de 14 eclesiásticos, incluido el deán y el anterior arzobispo de Canterbury, Rowan Williams, caminó en procesión desde el portón de la abadía hasta el altar entre el más absoluto silencio de los congregados. Se ofició un servicio de acción de gracias, intercalado por música y lecturas de textos sagrados y profanos.

    El hijastro del homenajeado, Douglas Gresham, -la figura más llamativa de los invitados con sus pantalones blancos, botas altas de montar y cazadora de cuero-  leyó un extracto de La última Batalla, el libro que cierra la famosa serie de Narnia. El coro acompañó su repertorio con un himno de John Bunyan entresacado de su clásico El Progreso del peregrino, y estrenó una nueva composición con letra del poema Love´s as warm as tears, del propio C S Lewis.

    “Una maravilla. Un milagro. Estar aquí, entre tantos amigos del gran maestro Lewis, es como un sueño inolvidable. Su obra, sus ideas sobre dios y su actitud ante la vida me han guiado desde pequeño”, exclama Andres Lezo, profesor en una escuela de Euston, en Texas. También Elisabeth Whitworth cruzó el Atlántico para ser testigo de un homenaje al autor que más ha influido en su existencia. “Por fin se le reconoce”, dice esta joven de Oregon. “No podíamos perdernos la experiencia”, confesaba Lynda Newcombe quien viajó con su marido a Londres con el único objetivo de asistir al memorial y una conferencia previa en honor del padre de Narnia. 
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