“LA ACADEMIA NO CONTROLÓ LAS VOCES MÁS POLÉMICAS”

Juan Pablo Fusi cree que la libertad de cátedra falló en el Diccionario Biográfico

El historiador publica 'Breve historia del mundo contemporáneo'. Fue uno de los dos historiadores independientes que revisaron las peores biografías

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Juan Pablo Fusi
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    “No entiendo que tiene que ver eso con mi libro”. Juan Pablo Fusi se revuelve al final de la entrevista que nos ha citado para hablar de su nueva creación: Breve historia del mundo contemporáneo. Desde 1776 hasta hoy (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores), porque él estuvo implicado en la sanación de una obra que nació corrupta y que los historiadores españoles ya han reconocido como un paso nocivo para la construcción del pasado más reciente de este país.

    No lo entiende Fusi, pero amablemente contesta a todas las cuestiones que atañen al Diccionario Biográfico Español de la Real Academia de la Historia, porque su vínculo con la institución le ha marcado: fue uno de los dos historiadores independientes nombrados para formar parte de una comisión que debía corregir los errores en las vidas de ciertos personajes, sus inexactitudes y anacronismos. Aquella comisión, reconoce, corrigió más de treinta biografías y todavía seguimos esperando saber qué se ha hecho con ellas, porque la cuestionada Academia sigue publicando –gracias a la subvención nominativa del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte- sin rectificar ni informar de cuáles son sus arreglos.

    Fusi es el ejemplo de historiador que se echa en falta en las entradas más ideologizadas: es un riguroso ejecutor del método y la precisión, con un claro objetivo, la verdad. En este nuevo libro lo aclara en su introducción: la razón histórica debe ser precisa y ajustarse a la verdad, aunque se dé en formatos reducidos. El formato no condiciona la intención ni las responsabilidades del historiador y no por ser breve es mentira. Es más, los 25 primeros volúmenes del Diccionario, en el colmo de su extensión, quedaron tocados por ella a pesar de ser sólo una parte mínima la que desmerece la obra.

    Entonces, ¿qué es lo que no se le puede permitir a un historiador? “La deshonestidad profesional que, en nuestro caso, significa ideologización retrospectiva, anacronismo (interpretar la historia no en función de las percepciones de los contemporáneos, sino a la luz de tus problemas de hoy), la manipulación burda (apelar a la Historia para justificar la actualidad), la parcialidad, la politización, no buscar la verdad”, explica el maestro. El repaso a las malas mañas historiográficas son las mismas que se han señalado contra la polémica obra citada.

    Por eso le preguntamos por la libertad de cátedra, que fue la excusa con la que la Academia se quitó de encima su responsabilidad a la hora de ajustar las biografías manipuladas. “Las verdades dependen del lenguaje que uno utilice y un historiador no puede utilizar en una explicación ante docentes la palabra “alzamiento”. Es mejor “levantamiento”, puestos a escoger. El lenguaje construye nuestra realidad y debe ser todo lo neutral que pueda. Los historiadores tenemos la obligación moral de dar la explicación que más tienda a la neutralidad”, es decir, que la libertad de cátedra no es la manga ancha con la que desvirtuar y alterar el relato.

    Los historiadores lo hemos dicho una y otra vez: fue un régimen, claramente, totalitario y fascistaJuan Pablo Fusi habla sobre la verdad y la importancia de la elección de los términos. Así que le pedimos que nos aclare si está de acuerdo con lo que escribió en su día Luis Suárez sobre Francisco Franco en dicho diccionario, aquello de “montó un régimen autoritario, pero no totalitario”. “Los historiadores lo hemos dicho una y otra vez: fue un régimen, claramente, totalitario y fascista. Al menos hasta 1945 y luego ya un régimen que, con operaciones cosméticas, empieza a definirse como monarquía católica y social. Hay una fachada de Gobierno, no es ya la pura arbitrariedad, a pesar de que todo el poder recae sobre Franco y declara su magistratura como inagotable. Se convierte en un régimen autoritario nacionalcatólico, y deja de ser totalitario fascista. Son 40 años y un régimen que cambia, pero inicialmente fue totalitarista. Y lo que es más importante: fue una dictadura durísimamente represiva, mucho más que la italiana. Sin comparación”.

    El historiador explica que se hizo un informe muy extenso sobre más de 30 voces, aunque desconoce si se han corregido o lo harán en la versión on line. Nadie sabe nada de las revisiones de la obra que ya ronda los siete de millones de las cuentas públicas. Para Fusi hubo un mal uso de la libertad de cátedra en la creación de las biografías que sabían más polémicas, ya que “la Academia no revisó esas voces, que deberían haber encargado a personas más prestigiosas y reconocidas”. “Es evidente que un tema tan delicado debería haber sido revisado por una comisión y así se habría evitado o señalado a que voces había que darles la vuelta”, añade.

    Fusi se encomienda a la historiografía paralela para contrarrestar la parte más afectada de la obra, aunque no cree que “un diccionario como este sea decisivo con el tiempo; quedará como un diccionario con polémica”. “Eso acompañará siempre a esa obra, y será una advertencia para sus usuarios en el futuro”.

    Como explica en la introducción de su Breve historia del mundo contemporáneo, la verdad es relativa y discutible, y provisional. Pero también parece condenada a la síntesis. El historiador aduce este defecto al mercado y a la falta de interés de la sociedad. Resumiendo las explicaciones de Fusi, es muy caro hacer libros, cuesta mucho venderlos, la pujanza de la cultura audiovisual y las ocupaciones: “La sociedad de hoy parece pedir un producto más reducido, ¿quién tiene tiempo hoy para leer?”. 

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