La novela satírica que arrasa en alemania

Hitler, el mayor payaso de la historia

'Ha vuelto', del escritor alemán Timur Vermes, resucita al líder nacionalsocialista en pleno 2011 para convertirle en un cómico de culto que arrasa en la red

Foto: Muñeco de Hitler en el Museo de la Defensa y el Cerco de Leningrado (REUTERS)
Muñeco de Hitler en el Museo de la Defensa y el Cerco de Leningrado (REUTERS)
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He aquí la escena cinematográfica cómica más célebre del siglo XXI: la cuadrilla de Resacón en Las Vegas despertándose tras un ciego brutal y encontrándose el siguiente panorama: una habitación de hotel arrasada y un tigre hambriento en el baño. ¿Qué pasó anoche? Ahora imagínense a Adolf Hitler despertándose en un descampado berlinés en 2011, con un dolor de cabeza terrible, sin saber cómo ha llegado hasta ahí y cómo puede seguir vivo. Parecidos razonables con una diferencia: mientras los muchachos de Resacón en Las Vegas se quedaban perplejos al ver el grado de destrucción a su alrededor, a Adolf Hitler le asombra el grado de construcción a su alrededor, con Berlín nuevamente en pie tras la brutal resaca de la II Guerra Mundial

Es una de las novelas del año. Por temática, por su calidad como libro satírico y por la mala baba que destilaBienvenidos al extraño mundo de Ha vuelto, novela sobre la resurrección de Adolf Hitler que edita ahora Seix Barral tras arrasar en Alemania a ritmo de blindado hitleriano: seis semanas número uno y 850.000 ejemplares vendidos. Se trata, sin ningún género de dudas, de una de las novelas del año. Por temática, por su calidad como libro satírico y por la mala baba que destila. Máximo respeto ante el trabajo del escritor alemán Timur Vermes (Núremberg, 1967), que estará este domingo en el HAY Festival de Segovia.

La clave de la novela es el ácido mecanismo cómico instalado por Vermes desde su premisa. Resulta que todo el mundo se toma al Adolf Hitler resucitado como un imitador cómico de Adolf Hitler. Una situación verosímil dentro de la lógica de la historia. 1) Por más que Hitler intenta convencer a la gente de que es Hitler, nadie le cree, como por otra parte es lógico (el líder del nacionalsocialismo se suicidó en 1945). 2) Por tanto, el señor-que-dice-ser-Hitler no puede ser más que un imitador. 3) Dado su escalofriante parecido con Hitler, su alucinante capacidad para reproducir su retórica racial y sus diatribas vociferantes, el señor que-dice-ser-Hitler acaba convertido en un cómico televisivo de culto. O Hitler atrapado en el cuerpo del mayor payaso de todos los tiempos. En efecto, la monda.

Hitler, por su parte, no le hace ascos a su nueva popularidad: está decidido a convertirse otra vez en la persona más popular del país como vía para recuperar el poder. "Ya muy pronto le expliqué a Goebbels que, si fuese necesario, estaría dispuesto a hacer el payaso con tal de atraer la atención de la gente", dice en el libro. Todos contentos, pues. El delirio está servido.

Las situaciones cómicas se suceden impulsadas por el hombre (Hitler) que no puede parar de imitar a Hitler. El genial improvisador capaz de pronunciar un discurso tras otro del Führer sin desfallecer. El humorista kamikaze que siempre lleva la broma hasta el final.

Una productora televisiva ficha a Hitler. Los ejecutivos se quedan pasmados con el actor por su alucinante capacidad para no salirse del personaje (¿cómo podría?) ni un segundo. Interpretando a Adolf Hitler 24 horas al día/7 días a la semana. Salvo que el Hitler de Ha vuelto no es un actor, sino el mismísimo Führer, metiendo voces y subiéndose por las paredes.  

Glorioso es el primer encuentro entre Hitler y su secretaria en la productora. La mujer se queda tan pasmada ante su capacidad para imitar a Hitler non-stop que le toma por un enloquecido seguidor de De Niro, Al Pacino y otros maestros de la intensidad actoral. Entonces mantienen el siguiente diálogo:

-¿Cuáles son sus planes, jefe?

-En primer lugar -dije- no hay que decir 'jefe' sino 'Führer'. Es decir, 'mi Führer', si usted quiere. Y deseo que salude como es debido cuando entre aquí.

-¿Que salude?

-¡Con el saludo alemán, como es natural. ¡Levantando el brazo derecho!

-¡¿Qué le decía yo?! ¡Eso es, sí, eso exactamente! ¡Mezod Actin! ¿Quiere que se lo haga ahora mismo?

Asentí. Salió por la puerta, la cerró, llamó con los nudillos, y cuando dije '¡Adelante! entró, levantó el brazo en vertical y gritó: '¡BUENOS DÍAS, MI FÜHRER!' Y luego añadió: 'Esto hay que decirlo a gritos, ¿verdad? Lo vi una vez en una peli'. Luego hizo una pausa, asustada, y vociferó: '¿O HAY QUE DECIRLO TODO A GRITOS? CON ESE HITLER GRITABAN TODOS COMO LOCOS, ¿NO?'

Explosivo es también el momento en que Hitler visita la pequeña sede de lo que queda del partido nacionalsocialista alemán y abronca a sus componentes por ser demasiado tibios. Todo grabado por una cámara de televisión, como si aquello fuera un sketch punk de un tipo disfrazado de Hitler que entra en tromba en la boca del lobo. "He ocupado Francia, he ocupado Polonia. He ocupado Holanda y Bélgica. He cercado a centenares de miles de rusos antes de que pudieran decir esta boca es mía. Y ahora estoy en lo que usted llama su secretaría. Y si posee un ápice de verdadero sentimiento nacional venga aquí y deme explicaciones sobre la manera como dilapida el legado étnico", abronca Hitler a sus correligionarios. Clamor en las redes sociales. 

Ha vuelto es también un estudio de la jerga hitleriana. Una sucesión de reflexiones del político nazi, entre la retórica inflamada y la perversión dialéctica, en las que Timur Vernes trabaja un lenguaje que bascula entre la recreación y la parodia. Ejemplo: "Había que frenar el resentimiento, había que separar estrictamente la justa ira de la furia ciega. Así como el pueblo ha de ser fiel a su Führer, también ha de ser fiel el Führer a su pueblo. El soldado de tropa siempre ha dado lo mejor de sí a las órdenes del oficial adecuado, no hay que hacerle reproches si no puede marchar fielmente al campo enemigo porque unos bellacos generales, cobardes y desleales, pisoteándole con la capitulación, le privaron de morir la muerte del glorioso soldado".

Adolf Hitler y Eva Braun paseando a los perros
Adolf Hitler y Eva Braun paseando a los perros

El autor también juega la baza del estupor de Hitler, un señor como de otro siglo, ante los avances contemporáneos. Aunque esta parte sea la menos lograda del libro, Vermes expulsa no poca mala leche cómica. Como cuando describe el shock del político al tratar de seguir el flujo informativo actual a través de un telediario con ventanas simultáneas: "Mientras el hombre estaba sentado a una mesa escritorio y daba una serie de noticas, pasaban constantemente por la pantalla bandas escritas: algunas llevaban números, otras, textos, como si lo que decía el locutor fuese en definitiva tan poco importante que se pudieran al mismo tiempo leer las bandas y al revés. El hecho indiscutible era que a quién quisiera abarcarlo todo le daba irremisiblemente un ataque de apoplejía".

O cuando entra por primera vez en YouTube a ver uno de sus exitosos gags televisivos. O el poder subversivo de las redes sociales según Hitler: "Había pasado lo siguiente: mediante un dispositivo técnico alguien había grabado mi actuación y la había metido en interred, en un lugar en el que todo el mundo podía presentar sus pequeñas películas. Y todo el mundo podía ver lo que quisiera, sin seguir instrucciones de la chusma periodística judía. Claro, los judíos también podían meter allí sus mamarrachadas, pero sin tutelas se veía enseguida en lo que acababa todo: el pueblo veía y veía mi actuación".

Por no hablar de la capacidad del líder nazi como potencial usuario de Twitter, dada la contundencia de sus opiniones sobre los políticos de hoy, que podrían convertirle en el gran linchador de la era digital: "He leído, por cierto, que hace poco un ministro de la Guerra alemán hasta se dejó fotografiar en una piscina con una mujer. Mientras que la tropa estaba en el frente o a punto de marchar a él. Conmigo, ese hombre no habría seguido un solo día en el cargo. No le habría dado margen para que presentara su dimisión: se le pone una pistola sobre la mesa del despacho, una bala en el cañón, sale uno del cuarto, y si a ese hijo de puta aún le queda un mínimo de decoro sabe lo que ha de hacer. Y, si no, uno encuentra al día siguiente la bala en su cabeza y la cabeza con la cara hacia abajo en esa misma piscina. Y entonces el resto del personal se entera de lo que ocurre cuando, en traje de baño, se traiciona a la tropa". Resumiendo: Rigor, rigor, inflexible rigor.

No menos ácidos son los comentarios del libro sobre el diario sensacionalista Bild, líder de la prensa alemana con varios millones de ejemplares despachados al día. Atentos a las reflexiones del Führer mientras lee el tabloide: "En una columna burlesca, entre chistes de suegras y de maridos cornudos, se intercala el siguiente chiste: 'Un portugués, un griego y un español van a un burdel. ¿Quién paga? Alemania'. Estaba muy conseguido", celebra el estadista.

Hay un momento de la novela en que alguien compara la actuación de Hitler con la de Bruno Ganz en El hundimiento (2004) por su verosimilitud. La clave aquí es que El hundimiento se convirtió hace unos años en una de las cintas más parodiadas de la historia de YouTube. Existen cientos de vídeos tuneados en los que Hitler mete unas broncas terroríficas a sus subordinados a causa de los motivos más peregrinos. Como si la tradición de reírse de Hitler, que arrancó el pionero Charles Chaplin en El gran dictador (1940) y continuaron cómicos como John Cleese, hubiera llegado ahora a su punto culminante.  

Ha vuelto, por tanto, vendría a ser el glorioso colofón a toda una era de chuflas sobre Hitler, convertido en insuperable objeto de mofa y befa.

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