trescientos años de la rae en la biblioteca nacional

“En Latinoamérica se habla mejor español porque no acceden a las redes sociales”

La Real Academia Española (RAE) ha bajado del desván sus mejores joyas para honrar sus trescientos años de vida

Foto: Exposición para conmemorar los 300 años de la RAE (EFE)
Exposición para conmemorar los 300 años de la RAE (EFE)
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La Real Academia Española (RAE) ha bajado del desván sus mejores joyas para honrar sus trescientos años de vida, en una exposición organizada junto a la Acción Cultural Española (AC/E), en la Biblioteca Nacional de España. La lengua y la palabra. Trescientos años de la Real Academia Española es un recorrido histórico por más de 300 piezas, entre bibliografía, cuadros, artes decorativas y objetos curiosos como el sillón “B” o el perchero paragüero de los académicos, así como las fichas que utilizan para el ingreso de las nuevas palabras en el diccionario.

Los académicos y comisarios Carmen Iglesias y José Manuel Sánchez Ron han dividido en 7 grandes apartados el relato, con cuadros de Goya, Sorolla y Zuloaga, entre otros, “un recorrido precioso y sentimental”, resumía Iglesias. La exposición recorre la historia de los objetos de la Academia y rinde homenaje a los ocho hombres “decididos”, “valientes”, que en julio de 1713 comenzaron a hacer un diccionario de la lengua española, constituyendo una Academia “que compusiese de sujetos condecorados y capaces de especular y discernir los errores con que se hallan viciado el idioma español con la introducción de muchas voces bárbaras e impropias para el uso de la gente discreta”.

Trescientos años más tarde, la gente discreta se expresa en la calle, en su trabajo, en su casa y en las redes sociales y, sobre todo, en 140 caracteres del demonio. Según afirmaba Carmen Iglesias a un grupo de periodistas en una de las partes del trayecto académico, “la lengua se empobrece en la calle y el español en Latinoamérica es mucho mejor que el que se habla en España”. Réplica de su compañero Sánchez Ron: “Probablemente porque no acceden a las redes sociales, que son un obstáculo para hablar bien. En 140 caracteres no se puede hablar bien”. Lo dicho, como el primer día. En América no se usa internet, el nuevo instrumento que vicia el idioma español con las voces bárbaras. La historia se repite a ojos del académico, que resume la aparición de la cultura española en América hace más de cinco siglos de la siguiente manera: “A veces, la leyenda negra predomina, pero les dejamos una herramienta de unidad como es el español”.

Una lengua con buena salud

También cuestiona Sánchez Ron la salud de nuestra lengua en el mundo digital: “Ahora, en el mundo, la cultura no está en el primer lugar de importancia y lo que domina son las tecnologías y en ese mundo España no está en condiciones. Se confunde en ese mundo información y comunicación. El español tiene buena salud pero no está en las mejores condiciones”. Es un mundo propiedad de la lengua inglesa, la que carece de academias.

No todos los académicos son de la misma opinión. Precisamente, en el día en el que la web de la RAE () estrenaba su reforma (recibe 45 millones de visitas al día), demostrando su apuesta decidida por las redes sociales, Darío Villanueva, secretario de la RAE, hace meses anunciaba el ocaso del diccionario de papel en este periódico y adelantaba los planes de hipertextualidad y conexión entre el diccionario, la gramática y la ortografía, las tres patas de la institución.

Villanueva no fue tan crítico con las nuevas tecnologías y lo dejó en un suave y diplomático “implica algunos riesgos”. Pero el empobrecimiento de la lengua para el académico no viene tanto por la gramática como por la relación rota entre lo enunciado y la realidad: “En la red hay una avalancha de opiniones arbitrarias y ofensivas”. ¿Es propio y exclusivo de internet? No. “Eso se percibe, sobre todo, en el lenguaje de la política: el discurso no compromete a la realidad. El discurso político pervierte el lenguaje al negar la realidad de manera impune. La lengua debe utilizarse para referirse a la realidad de las cosas”. No para lo contrario, para traicionar a la realidad. Algunos lo llaman mentir. 

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