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Diez maneras de matar a tu marido
  1. Cultura
un cómic mudo recupera el género del terror

Diez maneras de matar a tu marido

El dibujante Thomas Ott publica algunas de las peores pesadillas más comunes, en la novela gráfica muda 'Hellville'. Un grito oscuro, silencioso y muy real

Podrías hacerlo de muchas maneras, pero con diez bastaría para acabar con una de tus peores pesadillas, quizás la peor. El único problema -al margen de los jaleos con la Justicia- es que se reproducen, como la cabeza de la Hidra, y por cada pesadilla que elimines aparecen dos nuevas. El dibujante suizo Thomas Ott escribe sobre algunas de las peores y más comunes, en Hellville (La Cúpula), una narración gráfica muda que describe una ciudad infernal en la que reina la codicia, la apariencia, la ambición, la obsesión, la amenaza, la injusticia, la angustia… Sí, demasiado real para ser un mal sueño.

El libro reúne diez cuentos cortos de terror basado en hechos reales, con clara inspiración en el cine mudo, ya sabes: del expresionismo a la ironía para descubrir la fragilidad del ser humano y las consecuencias de la inmoralidad en sus vidas privadas. Dedicado a su padre y a su madre, Ott aclara que la mayor amenaza de todas, de la que más debemos desconfiar, es la vida misma. Traicionera y silenciosa. De ahí que no necesite recurrir a la fantasía, que sea crudo y rotundo, haciendo del libro una cuestión de manifiesto: si la fantasía existe es para temerla, porque no hay escapatoria. Mucho menos para los que fantasean. No hay héroes, ni discretos ni insensatos.

Con una cuchilla levanta el color negro de la cartulina. Raspa, raya, deja el gesto del trazo a la vista, desgarrado, en blanco. La técnica se llama scratch (rayar) y se hace sobre una cartulina especial imprimada con gesso (una fina capa de yeso) cubierta con pintura negra. Así, Ott deja a la vista el blanco con mucha paciencia y un resultado descarnado que se ahoga en la oscuridad. Como una radiografía, una radiografía miserable. Los personajes gritan, temen y se asfixian gracias al pálpito de la línea rota. Tan mudos, tan expresivos.

Primeros planos incisivos que subrayan el desasosiego en los ojos de los protagonistas, manchas de luz fuertemente contrastadas con la oscuridad, perspectivas que se inclinan y hacen peligrar la estabilidad de los seres grises y frágiles que pasan por las viñetas. Es inevitable estrechar lazos formales con El gabinete del doctor Caligari, El extraño de H.P. Lovecraft o Berenice de Edgar Allan Poe. El dibujante Shaun Tan (Emigrantes, en Editorial Barbara Fiore) también prescinde de las palabras, y aunque su universo es igualmente inquietante, el australiano es mucho más dulce en sus formas que el suizo. Pero ambos demuestran su interés por el trabajo preciso y delicado del guion, aunque creamos no verlo.

No es Ott el clásico autor de miedo. En sus disparos es demasiado real hasta -justo- la última viñeta, en la que vence por KO siempre con un giro absurdo y grotesco. En ese sentido, hay que reconocerle uno de los instintos narrativos más dotados para montar escenas cinematográficas bajo un estricto sentido literario. Es decir, uso y montaje del cine con consistente base literaria que evita mencionar, señalar, apuntar al monstruo que yace en silencio, una ciudad desalmada en la que sólo sobreviven los más bárbaros. En la última historia de ellas, Adiós, rompe el sueño a su protagonista, una y otra vez, con varios intentos de suicidio sin consumar. Hasta que finalmente despierta de la cadena de pesadillas y…

Podrías hacerlo de muchas maneras, pero con diez bastaría para acabar con una de tus peores pesadillas, quizás la peor. El único problema -al margen de los jaleos con la Justicia- es que se reproducen, como la cabeza de la Hidra, y por cada pesadilla que elimines aparecen dos nuevas. El dibujante suizo Thomas Ott escribe sobre algunas de las peores y más comunes, en Hellville (La Cúpula), una narración gráfica muda que describe una ciudad infernal en la que reina la codicia, la apariencia, la ambición, la obsesión, la amenaza, la injusticia, la angustia… Sí, demasiado real para ser un mal sueño.