próximo CEntenario con oleada de novedades

Y la Gran Guerra hizo BOOM

Un centenario único para revisar y recuperar escritores que participaron en la contienda, para leer las claves históricas del conflicto que lo cambió todo

Foto: Una de las páginas de la obra de Joe Sacco, que publicará en febrero Mondadori.
Una de las páginas de la obra de Joe Sacco, que publicará en febrero Mondadori.

La efeméride es la gran baza que tiene el sentido común para aunar sentido. Gracias a ella, por ejemplo, las editoriales aparcan algo su competencia y llegan a una entente, comparten la agenda de intenciones y colaboran para que en las librerías se hable el mismo idioma. La tendencia no es casualidad: el año que viene se hablará de una celebración redonda, centenario de la Primera Guerra Mundial, la batalla que cambió el sentido de Europa, el conflicto más sangriento y violento del siglo XX, la disculpa perfecta que perfeccionó la maquinaria de la muerte y los movimientos de los ejércitos. Para unos, una oportunidad de sacar adelante un boom editorial en los años que menos libros se venden, para otros, una estupenda ocasión de dar a conocer un conflicto minimizado en España.   

Los testimonios y la literatura que se hizo sobre el enfrentamiento favorecen la oleada de títulos que se avecina en los próximos meses, a  los que hay que sumar los aparecidos este año. Uno de los más importantes es Diario de guerra (1914-1918) de Ernst Jünger (1895-1998), donde el escritor, filósofo, historiador y novelista alemán hace un relato templado y distante de sus días en medio del horror.

José María Ventoso, editor de Tusquets y responsable de este volumen, le define como “un esteta en la trinchera”. “El diario aporta una visión muy realista de la guerra, de un soldado que se encuentra pronto con la barbarie mientras recoge los restos de su compañero. Está en pleno infierno”, cuenta Ventoso a este periódico.

El caldo de cadáver

La visión radical de la guerra contrasta con elementos cotidianos como el café. Las alusiones a la normalidad entre las tinieblas son dramáticas: “Knigge me ha preparado hoy un café con agua sacada de los cráteres de granadas. Hay tanto barro en él que parece café con leche. Yo llamo a ese refrigerio “caldo de cadáver”.

“Realmente, apenas acababan de sacarme del sueño a la mañana siguiente los que habían ido a buscar café, cuando, en las profundidades de nuestro habitáculo, se oyó el grito, ya no completamente nuevo para nosotros. “¡Ataque de gas!”. Primero hube de pasar por el tormento de meterme en las botas, que, imprudentemente, había dejado colgadas junto al fuego, luego salí corriendo”.

Ha preparado hoy un café con agua sacada de los cráteres de granadas. Hay tanto barro en él que parece café con leche. Yo llamo a ese refrigerio caldo de cadáverEl jefe de compañía tuvo que conformarse con nabos, patatas semipodridas, pan blanco lleno de humedad y café… de “cadáver”. La ración de reserva en caso de emergencia no varió en el ejército alemán desde 1912, consistía en 276 gramos de bizcochos de huevo, 333 gramos de conserva de carne y 175 gramos de conserva de verduras, y 52 gramos de café. “A la hora del café los Englishmen nos agraciaron con granadas de 12 cm, pero nosotros ni nos inmutamos”.

Más: “El café se congelaba en las cantimploras y la comida en las gamellas”. “A las 4:15 llega el café, un tránsfuga inglés ha declarado que a las 5 habrá un ataque. ¡Qué cerdo canalla! Pasarse al enemigo es algo que no le tomo a mal a nadie, pero traicionar a los camaradas de esa manera debería pagarse con la muerte”. Nadie se libra del bárbaro.  

¿Dónde está el lector?

Tusquets volverá a Jünger en 2014, con la publicación de El teniente Sturm, la novelización de esos recuerdos y vivencias de la guerra mundial durante los cuatro largos años de combate. Si la novela es la mitad de temeraria de como se muestra el joven soldado en proyecto de escritor, que se apunta a patrullas nocturnas, que se acerca a las trincheras enemigas, que escribe en cuadernillos mientras bombardean, que cuenta y describe el número de cadáveres, la incompetencia de sus responsables…  

La memoria del conflicto quedó asfixiada en España por nuestros propios problemas internos. Aquellos años tan agitados dejaron poco espacio para consolidar un debate sobre esta guerraEl lector español de la I Guerra Mundial todavía está por descubrir y la próxima batería de novedades sale a buscarlo. Los editores consultados por este periódico coinciden en que esta batalla nunca ha sido del atractivo del público español porque no se participó en ella, no hay debate sobre ella y se le ha restado importancia. Quizás el centenario y la avalancha sea el trance para alcanzar una nueva perspectiva con buenas lecturas de un tema cuyo interés comercial aquí es nulo, a pesar de que dejó Europa pendiente de un hilo al borde del precipicio. No tuvo nazis, pero hubo romanticismo bélico.   

La directora editorial de Alianza, Valeria Ciompi, explica que en España tenemos la sensación de estar desvinculados de la Gran Guerra. “Los que hemos vivido los años del franquismo, hasta la Transición se ha vivido de espaldas a la tradición europea. Necesitamos sentirnos formar parte de Europa”, explica. La editora tiene esta visión por su origen italiano, su tío abuelo murió en la I Guerra Mundial y formaba parte muy íntima de la cultura popular y familiar. El editor de Debate, Miguel Aguilar, añade que la memoria del conflicto quedó "asfixiada.nuestros propios problemas internos; aquellos años tan agitados dejaron poco espacio para consolidar un debate sobre esta guerra".

De momento, Alianza tiene tres balas preparadas: Nido de espías. La Primera Guerra Mundial en España, del profesor de la Universidad Carlos III de Madrid, Eduardo González Calleja, un ensayo para enero en el que analiza por primera vez el papel español en el conflicto. Espías, documentos, sucesos, acontecimientos, etc. Del historiador Ricardo Artola publicará un libro de divulgación, que examina la guerra desde todos los puntos de un manual: operaciones militares, armamento, retaguardia, economía, propaganda, ilustrado y comentado, con breves biografías de los protagonistas.

Las efemérides nos ayudan a las editoriales a centrarnos sobre temas concretos en el momento en que vivimos una dispersión enorme de contenidosY para rematar la jugada, reeditan una novela que “pasó sin pena ni gloria en 2012” y toca el lado humano más sensible: Vidas rotas, de Benedicte des Mazery. Está basada en la correspondencia real entre un joven soldado francés herido y su pareja, pasada por el filtro de la censura de correos que elimina todos los escritos que ofrecen una visión negativa de la debacle.  

La oportunidad comercial

“Vamos a vivir la recuperación de escritores importantes y olvidados. Con el centenario nos reencontraremos con escritores que habíamos abandonado”, cuenta Diego Moreno, director editorial de Nórdica, que en estos momentos se encuentra en plena búsqueda, aunque prefiere no adelantar la propuesta interesante sobre la mesa. Este año ya han avanzado el cruel y maravilloso Uno de los nuestros, de la escritora norteamericana Willa Cather, que recibió el Pulitzer en 1923 por esta novela de un joven granjero del Medio Oeste estadounidense que se alista a la batalla en busca de libertad.

Es una efeméride que hay que explotar porque hay mucha literatura buena. Fue una guerra que generó mucha literatura, porque muchos escritores lucharon en ella y marcó la temática de la época. Por eso tiene tanto interés”, explica Moreno que vaticina una recuperación de libros clásicos y olvidados más que novedades literarias sobre la guerra (con alguna excepción como 14, de Jean Echenoz, en Anagrama). La mayoría de ellos, además, están libres de derechos en Europa. 

Ciompi reconoce que desde el punto de vista editorial “nos aferramos cada vez más a las efemérides para tener un lugar común, pero en este caso es un hecho trascendental”. “Las efemérides nos ayudan a todos a centrarnos sobre temas concretos en el momento en que vivimos una dispersión enorme de contenidos. No creo que sea una oportunidad comercial, pero es verdad que los libros disfrutarán de más atención y mejor colocación en librerías”, añade la editora.

Cien años de guerra

El hito ya está aquí, la memoria se vuelve centenaria. El lector se acercará con más confianza a los títulos. Leerá y se comunicará con el resto. Porque para eso leemos, para tener temas comunes, para compartir experiencias que nos faciliten la comunicación. Miguel Aguilar, editor de Debate, habla de ese momento especial en el que la atención se centra sobre un tema, la prensa se hace eco y las editoriales ven su oportunidad. Legítima coyuntura.

La Gran Guerra también marcó la separación entre el historiador y el literato, y en muchos casos invitó a que unos se acercaran a los otros“Cada generación interroga la historia desde una perspectiva distinta (a la luz de su realidad). Por eso siguen apareciendo biografías de Julio César, de Napoleón, o historias de la Primera Guerra Mundial”, dice Aguilar. Su apuesta es 1914-1918. Historia de la Primera Guerra Mundial, de David Stevenson y al que ya han calificado el mejor estudio del conflicto. “Es una revisión amplia y completa, que no se centra en ningún apartado. Lo cuenta con claridad y una amenidad impresionante, como buena escuela anglosajona”. 

En esa misma línea historiográfica, la editorial Crítica lanzará La Gran Guerra (1914-1918). Historia militar de la Primera Guerra Mundial, de Peter Hart; y 1914. El año de la catástrofe, de Max Hastings. Ariel competirá con un manual de Norman Stone, Breve historia de la Primera Guerra Mundial. Y Península ya tiene en liza Para acabar con todas las guerras, de Adam Hochschild.

La propuesta más original de todas es, desde luego, el proyecto del dibujante norteamericano Joe Sacco. “Es el mejor en su género, el periodismo gráfico”, dice la editora de Mondadori Mónica Carmona. La Gran Guerra se publicará en España en febrero, pero ya nos avanza Carmona que sólo es imagen, que no hay bocadillo, que tiene poco más de 50 páginas, pero que son desplegables y el nivel de detalle al que se entrega es alucinante. “Recrea la batalla más sangrienta de todas, la del Somme. Es una visión documentalista, muy interior, de una batalla de la que se ha hablado todo- Insuperable a nivel técnico”. 

La Gran Guerra también marcó la separación entre el historiador y el literato, y en muchos casos invitó a que unos se acercaran a los otros. El interés de la narración en primera persona es incomparable con cualquier estudio histórico, que es inmejorable en rigor y tratamiento de los acontecimientos. La pelea por la verosimilitud se decantó del lado de la calidad literaria gracias a los disparates bárbaros que sucedieron en aquellos cuatro años. Nadie sospecha de haber cargado las tintas, nadie acusa al novelista que vivió en las trincheras y sobrevivió para contarlo, que ha ido demasiado lejos. 

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