Eso no es un político, es un 'poltergeist'
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christian salmon publica 'la ceremonia canibal'

Eso no es un político, es un 'poltergeist'

Apocalipsis del político: nunca ha sido tan visible, nunca tan expuesto mediáticamente, nunca tan telepresente y nunca tan al borde de la extinción

Foto: Mariano Rajoy durante su comparecencia en pantalla de plasma, el pasado mes de abril.
Mariano Rajoy durante su comparecencia en pantalla de plasma, el pasado mes de abril.

La evolución democrática nacional de los últimos meses podría resumirse en el viaje que nuestro Presidente ha hecho de la carne al plasma. Pero podemos rebobinar hasta el inicio de esta novela de política-ficción, justo en el momento en que Ronald Reagan y Margaret Thatcher se encargan de fulminar el Estado como fuerza común y decretar el final del modelo keynesiano, que vivía en su edad dorada gracias a los gobiernos occidentales de posguerra. Lo demás ya lo conocemos: revolución neoliberal más revolución tecnológica de los medios de telecomunicación y debilitamiento de las estructuras públicas.

El nuevo capítulo de la caída del Estado lo escribe Christian Salmon (Marsella, 1951) en La ceremonia caníbal. Sobre la performance política (Editorial Península), una nueva vuelta a su tema favorito: el final de la soberanía popular. En este caso, se centra en la representación pública de la autoridad de nuestros políticos. Si en su gran éxito Storytelling descubría cómo las emociones se han convertido en el recurso político para movilizar a la opinión, ahora analiza cómo actúan los narradores de ese cuento. Perdón, cómo desaparecen. El cuento de la democracia, mejor dicho, de la telecracia.

El look “contable con gafas”: presupuesto equilibrado. Presidente equilibrado. Monti en Italia. Rajoy en España. Hollande en Francia

Bienvenidos. Es la nueva era en la que el homo politicus se ha convertido en el personaje de una serie o un programa televisivo. Bienvenidos, el soberano es un producto de consumo, su poder, su autoridad, su potestad, todo bien troceadito, purita “subcultura de masas”, como cualquier otra pieza selecta del supermercado. Envasado al vacío, con su etiqueta y su precio. Apariencia deliciosa. Salmon apunta irónico y certero que ya no es alguien a quien obedecer, es algo que consumir.

No a la papada

¿Ejemplos? Clinton, Bush, Blair, Sarkozy, Berlusconi, Aznar, Zapatero… con “personalidades tan distintas que no permiten emparentar ni su orientación ideológica, ni su programa político”. El destino común de todos ellos es la crisis general de la confianza y de la representación, fruto de la pérdida de soberanía del Estado. La era neoliberal que creó esta subespecie política es la misma que acabará con ellos, porque “no tienen remedio”: el personal político se verá abocado a una “autoextinción histórica”.

Ya no se puede predicar el rigor con papada. Los cuerpos de los nuevos gobernantes también cambian, evolucionan hacia las recetas maniquíes, en las que ya no se necesita un uniforme que legitime la autoridad. El cuerpo expuesto es otra de las espacialidades del escritor. En este caso, hablamos del desnudo, de la falsa naturalidad, la encargada de habilitar los poderes.

“Cuerpo esbelto y elegante de un Obama. Pecho al desnudo de un Putin. Cuerpo sudoroso, agitado, sacudido de tics de Sarkozy. Cuerpo bronceado, con sus legendarios implantes de un Berlusconi, que se ha vuelto espectral a fuerza de cirugía estética”. Salmon destaca la obsesión por la delgadez en la imagen de la neopolítica. La dieta manda en todo; Merkel debe tener otros atributos.

El autor francés no deja escapar ni un entrecomillado, crezca donde crezca, en su interpretación de los hechos y las costumbres sociales, mucho menos si se trata de una voz que construye opinión pública. Es el caso del diseñador de moda Karl Lagerfeld, que en 2009 instauraba la hegemonía de lo que él mismo dio en llamar “la nueva modestia”, para definir una línea de “gran limpieza, tanto moral como física”. Era el fruto del ánimo de la crisis democrática sobre la industria del lujo.

El contable con gafas

Aquella interpretación gráfica, lineal, limpia y sobria al extremo, acabó con los bordados del exceso y los brindis por la gula. “Tras los excesos barrocos del berlusconismo, la fiesta zapaterista en España, el hipersarkozismo en Francia, la nueva tendencia es el look “contable con gafas”. Presupuesto equilibrado. Presidente equilibrado. Monti en Italia. Rajoy en España. Hollande en Francia”.

El resultado de la teleinterpretación es que la actividad antes conocida como política ha perdido contenido y capacidad para tomar decisiones. Sólo resta perfeccionar las técnicas de persuasión. Sin combate ideológico, el ciudadano elector se ha convertido en un espectador que elige su serie favorita, es decir, su partido preferido. “Cuando no podemos cambiar la sociedad, cambiamos de serie”, así de crudo y agudo se muestra Salmon cuando hemos hablado con él por algún libro anterior.

El político desaparece a la vista de todos, en el colmo de su exposición, en una sobre exposición mediática, por una suerte de devoración

Este es el panorama con el que nos quedamos: el hombre de Estado se ha convertido en un pelele al desregular las finanzas y desprogramar el Estado. El espacio político ha sido absorbido por la revolución neoliberal, condenando al político a simular serlo y a “reprogramarse incesantemente”. La agenda política cede paso a la agenda mediática y a los nuevos espacios de legitimación: la televisión, medios de comunicación e Internet. La deliberación ha sido sustituida por la comunicación.

Lo que Salmon trata de decirnos es que la crisis de representación política no ha dejado de agravarse desde hace treinta años, que el éxito de Beppe Grillo en las últimas elecciones italianas es prueba de ello, prueba de que los partidos tradicionales están bajo amenaza de desaparición. Y con ellos el hombre político, que se empeña en resistir asumiendo conductas envenenadas que le hagan presentarse ante todos como un individuo preocupado y ocupado. Su derrocamiento está programado, puede leerse en La ceremonia caníbal, porque ese combate suyo por la supervivencia “se desarrolla en el propio seno del sistema que lo está engullendo”.

Esa es la paradoja que destaca el autor en este intenso recorrido por la fagocitación de los sirvientes del sistema: el político, que nunca ha sido tan visible, que nunca ha estado tan expuesto mediáticamente, tan telepresente, está desapareciendo. No es una extinción al uso. No hablamos de los dinosaurios. Ni del lince ibérico. Es otra cosa, es una transformación espectral. “Desaparece a la vista de todos, en el colmo de su exposición, en una sobre exposición mediática, por una suerte de devoración. El escenario de esta devoración es la televisión”. Atentos a sus pantallas: eso no es un presidente, es un poltergeist. O un pantallazo.

PD. En recuerdo a Manuel Fernández-Cuesta. Christian Salmon tenía una relación especial con Manuel. Mientras ultimaba el libro su editor y amigo falleció, por eso La ceremonia caníbal es un homenaje a Manuel. El francés cuenta en el prólogo que el responsable de esta performance política es el ex editor de Península, quien se lo encargó y animó. El autor le recuerda por su “fuerza tan vital y estimulante como la que ningún libro podrá tener jamás”. Además, Salmon asegura que a Manuel le importaba “un pimiento” ser un gran editor, que lo que le importaba de la edición era el compromiso político como “empresa de transformación activa”. “Manuel no publicaba libros, creaba mundos posibles y los poblaba a su antojo como buen gigante. Nuestros libros son ese pueblo”.

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