PARAÍSOS FISCALES, EXTREMA DERECHA, EXPLOTACIÓN...

Los trapos sucios de Bono

Una publicación de Harry Browne cuestiona el estatus fiscal del cantante de U2 y sus relaciones con la política, la extrema derecha o la explotación laboral

Foto: Bono rodeado de fans de U2 en México D.F. en 2011. (EFE)
Bono rodeado de fans de U2 en México D.F. en 2011. (EFE)

Paul Hewson, carismático cantante de U2, es una de esas celebridades de las que cuelga la etiqueta "tan amado como odiado". En cada gira mundial, millones de personas le aclaman como a un ídolo, pero también saca de quicio a activistas políticos y compañeros de profesión. Hasta ahora, el rechazo hacia el líder de U2 ha sido visceral y poco argumentado, pero la situación cambia este año con la publicación de Bono: En el nombre del poder, un devastador retrato de su trayectoria política y filantrópica, mucho más reaccionaria de lo que sospechan la mayoría de sus seguidores. El texto lo firma Harry Browne, reconocido periodista afincado en Irlanda, autor de varios estudios sobre historia y cultura del país. La editorial Sexto Piso publica la traducción al castellano el próximo 14 de octubre.

Llamando a las puertas del paraíso (fiscal)

U2 son un símbolo nacional de Irlanda. Además de su estatus de estrellas globales, sus paisanos agradecieron durante años que el grupo mantuviera la sede social de sus negocios en el país, en vez de trasladarlos a un paraíso fiscal. ¿Actuaban U2 movidos por el patriotismo? La pregunta tiene truco, pues Irlanda es un paraíso fiscal extremo, especialmente para los artistas, donde una ley de 1969 les eximía por completo de pagar impuestos. La legislación era tan favorable que los rockeros Def Leppard o el escritor Frederick Forsyth se nacionalizaron irlandeses. Por supuesto, el estado perdía millones cada año. 

Tras mucha presión social, se puso un límite de 250.000 libras para este privilegio fiscal, momento en que U2 trasladaron sus cuentas a Holanda, refugio financiero de los Rolling Stones, donde sólo debes tributar un 5% de tus ingresos. La arrogancia de Bono empezó a ser irritante: mientras el grupo escondía gran parte de su dinero al fisco irlandés, el cantante lideraba campañas para que el gobierno destinara el 0,7% de su presupuesto a ayudas para el desarrollo. Los asesores fiscales del grupo son tan eficaces que lograron que U2 Ltd. pagara solamente 16.500 euros en la declaración de 2010, año en que el grupo estuvo embarcado en la gira 360º, que batió todos los récords de recaudación de la historia del rock.

En la cama con la derecha

Bono ha destacado por su implicación en las campañas contra la expansión del SIDA en África. Un causa urgente y legítima, donde ha hecho extraños compañeros de cama. A comienzos de siglo, convenció a George Bush Jr. y la extrema derecha religiosa estadounidense para financiar la compra masiva de retrovirales, según Harry Browne. El problema es que estas organizaciones impusieron su agenda moral al proyecto.

Bono y George W. Bush en 2006. (REUTERS)
Bono y George W. Bush en 2006. (REUTERS)

Así describía el New York Times la apropiación por parte de los republicanos: "Randall Tobias, el enviado de Bush, exigió que un tercio de los fondos se destinaran a programas para fomentar la abstinencia y fidelidad sexual, restringió el reparto de condones y exigió que los beneficiados mostrasen rechazo a la prostitución". Un editorial del periódico conservador The Economist describió la campaña como "mucha moralina, poco sentido común".

Las continuas referencias de Bono a "proteger víctimas inocentes" animaron a excluir de las ayudas a prostitutas y adultos promiscuos. Las organizaciones africanas implicadas dejaron de repartir condones por miedo a que les cortarán el envío de fondos. Mientras Nelson Mandela hacía campaña por los medicamentos génericos, la ONG de Bono pagaba el precio completo por los retrovirales, ayudando a sostener el sistema de patentes que pone los beneficios corporativos por encima de la salud de los afectados.

Otras amistades peligrosas

Bono ha sido el rostro visible de varios proyectos de caridad en favor de África, especialmente en los conciertos Live8 de 2005. La iniciativa apenas tuvo impacto real en el continente, pero sí enormes beneficios publicitarios para políticos asociados al proyecto como George Bush Jr. y Tony Blair.

Bono y Recep Tayyip Erdoğan en 2011. (EFE)
Bono y Recep Tayyip Erdoğan en 2011. (EFE)
Entre las empresas que financiaron los macroconciertos destaca Nestlé, acusada por organizaciones africanas de explotar la epidemia del SIDA para vender leche en polvo a madres seropositivas. También puso dinero la corporación minera Río Tinto, responsable de un largo historial de violación de derechos humanos en el sur global (empezando por su colaboración con el franquismo). Otro socio cuestionable de Live8 fue BAE Systems, el mayor fabricante de armas del Reino Unido, beneficiario directo de muchos conflictos armados en el continente. El economista senegalés Demba Moussa Dembélé explica su decepción con el cantante: "Los desafíos del milenio de George Bush Jr., públicamente apoyados por Bono y Bob Geldof, subordinaron de manera explícita la ayuda económica estadounidense a la cooperación en la llamada Guerra Contra el Terror".

Varias declaraciones públicas de Bono son claramente probélicas y proimperialistas: "George Bush Jr. tiene todo el derecho del mundo a asustar a Saddam Husseim", dijo sobre la segunda invasión de Iraq, donde murieron miles de civiles. "La seguridad de los marines es prioritaria", comentó para justificar la ejecución extralegal de Osama bin Laden. Browne acusa al cantante de "complemento de moda de los poderosos" y "lavar la cara del imperialismo internacional".

Protesta menos y compra más

El último gran proyecto social de Bono se llama Red, un paraguas empresarial que anima a las grandes marcas a donar parte de sus beneficios a Global Fund, organización caritativa de Bill y Melinda Gates.

François hollande, bono y bill gates en octubre de 2012. (efe)
François hollande, bono y bill gates en octubre de 2012. (efe)
El principal problema es la opacidad, tal y como explica la abogada Sarah Dadush, del Instituto Internacional por la Paz y la Justicia: "¿Qué cantidad de cada producto Red se destina a la a Global Fund? No sabemos, aunque alguna vez lo dicen, por ejemplo con los auriculares Beats del rapero Dr Dre (solo donan cinco dólares de los doscientos que cuesta cada pieza). ¿Cuánto dinero pagan las empresas para usar el logo de Red? ¿Cuánto cobran los directivos de Red? ¿Qué controles se establecen sobre respeto a los derechos laborales de las marcas implicadas?".

Uno de los pocos datos conocidos es que Apple aporta el 25% del dinero que recauda Red para el Global Fund. Precisamente esta marca ha sido cuestionada en los últimos años por trabajar con el contratista Foxconn, que impone condiciones de semiesclavitud en sus fábricas de la ciudad china de Shenzhen, donde pagan sus sueldos miserables, se impide a las obreras quedarse embarazadas por contrato y se registran altos índices de suicido por depresión. Como era de esperar, Red tiene sede social en Delaware, un famoso paraíso fiscal estadounidense, donde se han instalado la mitad de las 500 empresas más ricas del país, según el índice Fortune. 

La caridad empieza por uno mismo

En enero de 2010, justo en pleno crack global, Bono escribió un editorial en el New York Times que contenía esta frase: "Confía en nosotros: el capitalismo encontrará el camino".

Más que apoyar este sistema económico, parece identificarse con él de manera mesiánica. Con un patrimonio estimado en 500 millones de dólares, Bono es un miembro de la élite financiera, habitual de los aviones privados y del foro de Davos. Dicho de otra forma: es un miembro destacado del 1% más rico del planeta, que no despierta recelos entre sus compañeros de clase alta. De hecho, en el año 2005 fue considerado para el puesto de director del Banco Mundial.

Dmitry medvédev y bono durante su reunión en la residencia de verano del primero en 2010. (efe)
Dmitry medvédev y bono durante su reunión en la residencia de verano del primero en 2010. (efe)

Otro detalle revelador: a Bono no le gusta donar su propio dinero, prefiere usar su celebridad para recaudar. Los principales mecenas de sus iniciativas son Bill y Melinda Gates, colaboradores habituales de la multinacional Monsanto, que sostiene que se puede acabar con el hambre en los países pobres usando semillas transgénicas patentadas. El prestigioso periodista indio Palagummi Sainath ha demostrado que el modelo de desarrollo de Monsanto ha llevado al endeudamiento extremo a los agricultores pobres de su país. En uno de sus trabajos documenta 270.940 suicidios entre 1995 y 2011. En vez de fomentar políticas contra la desigualdad, Bono sigue apoyando estos "nuevos descubrimientos científicos que incrementan la productividad".

Doble rasero

El libro termina con dos ejemplos elocuentes. Bono se niega a prestar apoyo a cualquier campaña que suponga un mínimo de conflicto político, por ejemplo la de los activistas de la región County Mayo (al oeste de Irlanda), que luchan contra la instalación de una planta de Shell. Estos grupos han logrado establecer lazos con los ogoni, comunidad nigeriana combativa contra la extrema avaricia de la petrolera en su país. El cantante de U2 se vende como campeón de las causas africanas, pero es más selectivo de lo que parece.

Tampoco se ha implicado en la lucha por los derechos de los migrantes africanos en Irlanda. Lo explica crudamente Chinedu Onyejelem, activista nigeriano y editor de un periódico multicultural: "Bono nunca ha sido empático con nuestros problemas. He intentado hablar con él numerosas veces y no he logrado pasar de su agente". ¿Qué otros asuntos mantenían ocupado al rockero? Browne señala que la estrella sí atiende el teléfono cuando llaman los productores de la versión panafricana de Gran Hermano, donde patrocina el huerto de la casa y aparece en pantalla para animar a los concursantes. ¿Implicación social o autobombo mediático? El líder de U2 contesta la pregunta en cada aparición pública. 

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