LA ROYAL ACADEMY DE LONDRES REVISA LA INFLUENCIA DE LA REVOLUCIÓN MEJICANA EN EL ARTE

La revolución que cambió el sentido del arte para siempre

El arte fue protagonista en la radical transformación que experimentó México tras la caída del presidente Porfirio Díaz y el estallido de la revolución en 1910.

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La revolución que cambió el sentido del arte para siempre
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    El arte fue protagonista en la radical transformación que experimentó México tras la caída del presidente Porfirio Díaz y el estallido de la revolución en 1910. Una década de cruenta violencia alimentó una macabra iconografía y forjó la búsqueda de una nueva identidad asentada en valores precolombinos. El país se convirtió en reclamo de artistas, nacionales e internacionales, que se sumaron a la campaña gubernamental para educar a las masas con representaciones pictóricas. 

    Edificios públicos pasaron a ser grandes lienzos para los cuatro más célebres muralistas: Diego Rivera, Roberto Montenegro, David Alfaro Siqueiros y José Clemente Orozco. Esta explosión artística y el tráfico creativo en doble dirección que se generó con el extranjero se revisan en la exposición México una revolución en arte, 1910-1940, que estará en la Royal Academy de Londres entre el 6 de julio y el 29 de septiembre. 

    La revolución estalla en la primera sala con crudeza y humor macabro. Francisco Goitia, pintor oficial del ejército de Pancho Villa, representa una escena que se repetiría a lo largo de diez años de combate en el lienzo Paisajes de Zacatecas con ahorcados II

    De la única rama frondosa de un árbol mustio cuelga un esqueleto en una iconografía que, según explica el comisario de la muestra Adrian Locke, “adoptarán generaciones posteriores de artistas y aún resuena profundamente en la sociedad mejicana”. 

    Los esqueletos reaparecen en irónicos grabados de José Guadalupe Posada sobre las hazañas de Zapata y sus correligionarios. A Posada se debe además la típica imagen del combatiente mejicano con bigote, sombrero, fusil y cinturón de balas cruzado sobre el pecho. 

    Arte con la correspondencia

    La fotografía jugó un papel vital en la transición hacia el nuevo orden, además de generar un lucrativo negocio a ambas riberas de Río Grande. Muchas imágenes se editaron en postales que los soldados, incluidos los estadounidenses apostados en la frontera, enviaban a sus familias. El norteamericano Walter H. Horne obtuvo una pila de oro con una serie titulada Tres fusilamientos. Impactantes ejemplos de su colección se exhiben junto a tomas del mejicano Agustín Víctor Casasola de un inestable periodo en que México tuvo diez presidentes en diez años.

     

    El renacimiento artístico de los años 20 vino de la mano del ministro liberal de Educación José Vasconcuelos, promotor y patrocinador de los murales. Rivera, que triunfaba entonces en París, regresó a casa al tiempo que comenzó el peregrinaje al país de artistas estadounidenses y europeos. La Royal Academy reúne unas muy sugerentes fotografías de Edward Weston y Tina Todotti, acuarelas de Edward Burra y pinturas de Philip Guston, entre otros.  

    En un recorrido cronológico por cuatro décadas de producción creativa, presenta reproducciones de Henri Cartier-Bresson y de Robert Capa, quien cubrió la campaña presidencial de 1940 y la cremación de Trostky tras su asesinato en México en agosto del mismo año. Sorprende la ausencia de artistas españoles, que Rafael Tovar y de Teresa, presidente del Consejo Nacional mejicano para la Cultura y el Arte, achaca a que “nadie vino de España”. La emigración de la Península comenzaría a partir de la Guerra Civil.

    Para el representante del Gobierno mejicano, la exposición ilumina el “diálogo sobre la visión que México comienza a tener a partir de la Revolución”. “Es un país en busca de una identidad que está recuperando sus raíces indígenas”, añade. Esa visión incluye una perspectiva externa y, a nivel nacional, representa una ruptura con el arte academicista, pintoresco  y elitista de la era de Porfirio. “Se acaba con la censura y surge un interés por el gran abanico de culturas y gentes que nunca antes estaban representadas en el arte. Los artistas se siente orgullosos de ser mejicanos”, explica Locke. 

    Y remata: “Los extranjeros viajan al país para participar en este renacimiento cultural que a su vez se exporta al extranjero”. Prueba de esta dual influencia es la exposición Veinte siglos de arte mejicano que se celebró en el Museo de Arte Moderno de Nueva York en 1940 y la IV Muestra Internacional de Surrealismo que André Breton organizó ese mismo año en la capital de Méjico. 

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