DARIO VILLANUEVA AVANZA EL FUTURO DEL ÓRGANO DE CONSULTA DE LA LENGUA ESPAÑOLA

La RAE anuncia el ocaso del diccionario en papel

El secretario de la Real Academia Española (RAE), Darío Villanueva, no pierde de vista el futuro. En estos días los académicos debaten en plena encrucijada digital

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La RAE anuncia el ocaso del diccionario en papel
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    El secretario de la Real Academia Española (RAE), Darío Villanueva, no pierde de vista el futuro. En estos días los académicos debaten en plena encrucijada digital cómo debe ser el diccionario que necesita nuestra sociedad digitalizada. Reconoce que el papel ha sido superado en el hábito de consulta: cada mes, 45 millones de visitas acuden a la web de la institución para aclarar las dudas. Es un dato definitivo. No hay vuelta atrás: el camino es digital, el papel se hace decoración y la muerte de la imprenta coincide con la celebración del tercer centenario de la creación de la academia. Reconoce que en su despacho está rodeado por diccionarios que no utiliza, porque tiene abierta en una ventana la web de la RAE para sus aclaraciones.   

    ¿Cuál es la posición de la RAE ante la edición de los nuevos diccionarios?

    La última edición es de 2001 y la nueva, la 23 edición, se presentará en octubre de 2014. Las cosas han cambiado mucho. Tradicionalmente, nos ponemos a trabajar en el siguiente diccionario en cuanto la nueva edición está en la calle, pero para la número 24 debemos resolver antes cuestiones que tienen que ver con la cultura digital en la que vivimos.

    ¿La actual edición ha sido superada por su versión digital?

    La edición de 2001 en papel se empezó a vender muy bien, en su versión grande y en la de bolsillo. En 2005 se percibió que el mundo digital había llegado. Así que se colocó esa versión en digital para los usuarios. Así hemos funcionado hasta el momento.

    Los tiempos han cambiado hasta para la Academia.

    El problema es que los términos deben invertirse, el diccionario nuevo debe ser digital y aprovechando todas las ventajas que lo digital tiene. Mediante la hipertextualidad se conectará con otras bases de datos y fuentes, como la Nueva Gramática de la Lengua Española de 2009, que tiene casi 4.000 páginas y describe el funcionamiento de la lengua española en todas sus variantes. Tiene que haber coherencia y conexiones entre el diccionario, la Gramática y la Ortografía, por ejemplo. Se podría conectar con informaciones más precisas.

    Habla como si se tratara del nacimiento de un nuevo diccionario.

    Claro, porque lo digital proporciona oportunidades magníficas para los diccionarios.

    ¿Eso quiere decir que será el final del papel?

    Nosotros en modo alguno suscribimos que la edición siguiente sea la última edición en papel. Seguimos pensando que habrá un tomo, pero estamos seguros de que el orden va a cambiar. De la versión gutemberiana pasaremos a una obra concebida como plataforma digital.

    ¿Para la siguiente edición ya se verán cambios o es pronto?

    En la 23 ya habrá un cambio considerable: potenciaremos las herramientas digitales. Es el último de la serie que se inició con la fundación de la Academia, porque sigue obedeciendo a la conceptualización de los primeros diccionarios. La planta o estructura del diccionario ha sido muy estable desde el primero, en 1726.

    Así que hay que esperar a la 24 para ver los avances.

    Para entonces las cosas cambiarán y la planta también cambiará notablemente.

    ¿Será el inicio de una nueva Academia en la imagen que tiene el ciudadano de ustedes?

    Creo que ese cambio se ha producido desde hace bastante tiempo con la aplicación de la informática de mano de la dirección de Fernando Lázaro Carreter. De todas maneras, es muy difícil luchar contra los tópicos y será difícil luchar contra la imagen de una Academia vetusta. Pero sólo podemos hacer lo que debemos hacer y esperar que cale. Nuestra adaptación al mundo digital no es una estrategia coyuntural, obedece a un proceso natural.

    ¿Y en la que se pondrá a la venta en octubre de 2014 qué avances tiene?

    Tendrá un formato distinto a las anteriores, porque uno de los problemas que tienen los diccionarios en papel es el espacio tipográfico: no están todas las palabras, hay que seleccionar. El diccionario actual tiene unas 80.000 entradas y el nuevo, con más matrices por página, incluirá casi 100.000 entradas.  

    De todas maneras, 300 años después es un buen momento para cambiar.

    Con la celebración del tercer aniversario homenajearemos asumiendo el reto de que hay que plantear un diccionario nuevo porque la sociedad de la comunicación es distinta a la del siglo XVIII. Muchos de los usuarios de los diccionarios son nativos digitales, que han nacido en la burbuja de internet.

    ¿Y qué tienen previsto hacer para celebrar ese cambio de paradigma?

    Realizaremos un simposio sobre el futuro de los diccionarios en octubre de 2014, cuando se presente la 23 edición del nuestro. Traeremos a los principales creadores de los diccionarios internacionales para que nos digan cómo lo están haciendo ellos. También a los lexicógrafos, y a los productores y distribuidores de los contenidos digitales. Microsoft, Amazon cuentan con nuestro diccionario, pero tienen decirnos algo para orientar la manera que debemos orientar la 24 edición.

    Será algo más que una fiesta.

    Sí dejará de ser un festejo para convertirse en un instrumento de planificación del futuro. Hemos llegado hasta aquí. Nos importa lo que va a venir. Es un momento delicado y sacamos un diccionario que será el último de una saga y el próximo septiembre inauguraremos la gran exposición en la Biblioteca Nacional dedicada a estos 300 años de RAE.

    ¿Cómo se sufraga un diccionario gratis en la web?

    No tiene gran coste. La Academia se dedica a hacer diccionarios desde su fundación. Tiene informáticos y lexicógrafos a cuenta del presupuesto de sus presupuestos. Además, el modelo desde 2005 lo ofrecemos de manera gratuita y eso continuará. Vivimos con esa dualidad del papel y el digital. Pero queremos plantear la pregunta sobre las vías de financiación que hay y que se pueden aplicar para rentabilizar el diccionario.

    Algo habrá que cambiar…

    Hay que cambiar la planta, el soporte, la distribución y el sistema de financiación para seguir haciendo el diccionario. Sobre todo en estos momentos en que los recortes del Estado han supuesto más de un 50% de rebaja en su aportación.

    ¿De qué otras maneras financian la Academia?

    Tenemos patrocinadores gracias a los que trae la Fundación Pro RAE, que cumple 20 años. También están los benefactores, que ayudan con cuota de 100 euros al año. Aportan a una causa en la que creen. Tenemos una situación menos angustiosa que otras instituciones que dependían más del erario público. El Estado aporta un 48% de nuestro presupuesto y el restante viene de la venta de las obras de la Academia y la aportación de la Fundación. Además, hay que contar con el recorte del gasto de la Academia. 

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