Maquiavelo sigue vivo
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SE CUMPLEN QUINIENTOS AÑOS DE LA OBRA "EL PRÍNCIPE" Y LA POLÍTICA MANTIENE SUS REGLAS

Maquiavelo sigue vivo

“Y el príncipe que avance con su ejército y lo mantenga mediante el pillaje, el saqueo y la extorsión, quedándose con lo que pertenece a otros

Foto: Maquiavelo sigue vivo
Maquiavelo sigue vivo

“Y el príncipe que avance con su ejército y lo mantenga mediante el pillaje, el saqueo y la extorsión, quedándose con lo que pertenece a otros y con aquello que no es tuyo ni de tus súbditos puedes ser generoso porque derrochar lo ajeno no deteriora la reputación sino que la acrecienta. Lo único de perjudica es derrochar lo propio”. Lo escribió hace ahora quinientos años y podría seguir haciéndolo hoy. Nicolás Maquiavelo (1469-1527) no dirige ningún gabinete en sede ministerial, ni aconseja los pasos de monarcas o dictadores, pero su luz malévola permanece imperturbable en el ánimo de los malos de la película.

La misma película se titulaba hace cinco siglos El Príncipe –escrito por nuestro maestro en conspiraciones renacentistas para ganarse el favor de Lorenzo II de Médici, pero no tuvo suerte- y hoy podría llamarse El dictador. Mejor dicho, se titula El manual del dictador, escrito a la limón por Bruce Bueno de Mesquita y Alastair Smith, y publicado en España en Siruela. El texto es la culminación de casi dos décadas de investigación sobre las motivaciones y limitaciones de los dirigentes a lo largo de los siglos. El resultado es un soberbio análisis de la codicia humana. Dos décadas, quinientos años y la pregunta sigue en el aire: “¿Por qué la mala conducta es casi siempre buena política?”.

Los amistosos apretones de manos en público, los guiños que se intercambian los dirigentes democráticos y tiránicos ante las cámaras siguen perturbando la tranquilidad del votante y del sometido. Imágenes que no refuerzan la esperanza en la benevolencia y el altruismo de la humanidad, pero que tampoco destruyen la fe en tratar de entender el funcionamiento de la política.

La primera tarea del ciudadano, según los autores de El manual del dictador, es dejar en suspenso la fe en la sabiduría convencional y que la lógica y la evidencia guíen nuestros ojos a las razones por las que la política funciona como funciona. Es una historia sobre la política y no sobre la personalidad. Éste es el decálogo que la historia del hombre ha construido para servirse del poder, la mala conducta y la buena política:  

UNO. Algo muy obvio. “Quienes ocupan el poder son distintos de los demás”: pueden concebir normas en beneficio suyo y hacer que les sea más fácil conseguir lo que quieren. Tienen cualidades, pero por la que destacan es porque son personas que valoran el poder y reconocen cómo obtenerlo y conservarlo.

DOS. “En política lo que importa es conseguir y mantener el poder político”. Y no alcanzar el bienestar general de “nosotros, el pueblo”. Otra obviedad. El mejor modo de garantizar la supervivencia política es depender de pocas personas para alcanzar y conservar el cargo. Por ejemplo, los dictadores penden de pocos compinches, “están en una posición mucho mejor que los demócratas para seguir en su puesto durante décadas”. Muchos de ellos mueren en su cama.

TRES. Atiborrarse del pesebre público. Los dirigentes son quienes deciden con gran libertad cuánto gastar y cuánto recaudar. Es decir, cuánto entregar a sus compinches y cuánto pedir a sus vecinos. “Los ingresos fiscales abren la puerta a la cleptocracia de muchos dirigentes, y los programas de espíritu cívico a la de muy pocos”.

CUATRO. La recompensa. Como Maquiavelo dio a entender, les resulta más eficiente gobernar gastando una parte de las rentas públicas para comprar la lealtad de su coalición con beneficios privados, aunque estos beneficios se obtengan a costa de los contribuyentes o de millones de pequeños accionistas. Tan actual, tan cercano. “Puede que los motivos honorables parezcan importantes, pero son aplastados por la necesidad de tener contentos a los partidarios, y la manera de conseguirlo depende de a cuántos es preciso recompensar”.

CINCO. Los impuestos. Para tener contentos a os partidarios hace falta dinero. “Cualquiera que aspire a gobernar tiene que preguntar primero cuánto puede extraer de sus electores, ya sean ciudadanos de una nación o accionistas de una compañía”. Quienes gobiernan sobre la base de una coalición amplia, como una democracia, no pueden sostenerse en el poder centrándose en la recompensa de los beneficios privados. Hacen más hincapié en los bienes públicos y mantienen bajos los tipos impositivos.

Pero cuando la coalición de partidarios esenciales es pequeña y para mantenerse en el poder debe atender a los bienes privados, “el bienestar de la población se queda por el camino”. En este escenario, los dirigentes imponen tributos más elevados: “Redistribuyen la riqueza por la vía de tomar todo lo que puedan de los pobres y de quienes no gozan del derecho a voto y entregar esa riqueza a los miembros de la coalición ganadora, a los cuales engordan, enriquecen y hacen leales”.

Por ejemplo: en EEUU un matrimonio no paga impuesto sobre la renta por los primeros 17.000 dólares que gana. Con esa misma renta, una pareja en China es gravada con el 45%.

SEIS. “Controla el flujo de ingresos”. Esta es una regla crucial para cualquier gobernante, porque siempre es mejor para él determinar quién come que tener que una tarta mayor de la cual la gente pueda comer por sí misma. El flujo de caja más eficaz es el que empobrece a gran cantidad de gente y redistribuye dinero de modo que sólo unos pocos acaban siendo ricos.

SIETE. Si el gobernante es bueno con su coalición de leales no tendrá problemas. Pero si el gobernante saca el dinero del bolsillo de sus compinches para mejorar la vida de la gente está acabado, no pasará mucho tiempo sin que sus amigos se cobren el gesto. “Una política eficaz para las masas no necesariamente granjea la lealtad de los esenciales y por si fuera poco es carísima. Es poco probable que los hambrientos tengan bastante energía como para derrocarte, de modo que no te preocupes por ellos”.

OCHO. “Las promesas políticas hechas a los que cuentan es lo que suministra la base para ostentar un cargo en situación ventajosa”. El apoyo de los que cuentan se consigue ofreciendo más beneficios de los que podrían esperar obtener bajo ora dirección o gobierno. La deserción depende de la mejora económica. Lenin diseñó precisamente un sistema d este tipo en Rusia tras la Revolución.

“Eso explica por qué, desde la Revolución de Octubre de 1917 hasta las reformas de Gorbachov a finales de la década de 1980, sólo un líder soviético, Nikita Jruschov, fue depuesto en un Golpe de Estado. Todos los demás líderes de la URSS murieron de viejos o de sus achaques. Jruschov no dio a sus compinches lo que les había prometido”, escriben Bruce Bueno de Mesquita y Alastair Smith.

NUEVE. La ambición de los leales. Maquiavelo, en los Discursos, observa que todo aquel que pretenda establecer un gobierno de libertad e igualdad fracasará. “A menos que aparte de esa igualdad general a un número de los espíritus más osados y ambiciosos y los haga caballeros, no solo de nombre sino de hecho, dándoles castillos y posesiones, así como dinero y súbditos, para que, rodeado de ellos, pueda mantener su poder y ellos, con su apoyo, puedan satisfacer su ambición”. Así que averiguar qué es lo que lleva a la gente a hacer lo que hace en el ámbito de la política es fundamental para averiguar cómo conseguir que haga cosas mejores en interés suyo. “Los Estados no tienen intereses. Las personas sí” y lo primero y principal es su bienestar político particular.

DIEZ. “Debemos recordar que etiquetas como democracia y dictadura se usan por comodidad, pero sólo por comodidad”. Este manual pretende que aprendamos a ver la política con los ojos de Maquiavelo y evitar los males consumados desde hace quinientos años. Por eso, con toda la ironía, asegura que hay una increíble variedad entre sistemas políticos, “sobre todo porque la gente es asombrosamente imaginativa a la hora de manipular la política para que obre en su beneficio”.

De ahí que los autores adviertan que a un lado están los tiranos y al otro los demócratas, pero que los gobiernos “no difieren cualitativamente”. “Estas dimensiones imponen límites o dan libertad en cuanto a lo que los líderes pueden y deben hacer para conservar su puesto”.