LOS VECINOS DE UN BARRIO DE LONDRES RECLAMAN LA PROPIEDAD MORAL DE LA OBRA

Londres se levanta en armas contra la venta de su 'banksy'

¿A quién pertenece el arte urbano? ¿Es ético enriquecerse a costa de un ayuntamiento con mínimos recursos? ¿Se puede permitir la venta al mejor postor del

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Londres se levanta en armas contra la venta de su 'banksy'
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    ¿A quién pertenece el arte urbano? ¿Es ético enriquecerse a costa de un ayuntamiento con mínimos recursos? ¿Se puede permitir la venta al mejor postor del regalo de un artista a una comunidad? La inminente subasta en Londres de una obra de Banksy, con un precio de salida estimado en medio millón de euros, ha desatado la polémica y abierto una campaña en varios frentes para rescatar el preciado legado y devolverlo al barrio que reclama su propiedad moral. Pero salvo una intervención de última hora, Slave Labour, título del stencil del más cotizado grafitero del mundo, encontrará una rica morada privada la noche del domingo.

    El dibujo de un chaval hilando banderas británicas en una vieja máquina de coser apareció en una fachada de la calle principal de Wood Green, en el noroeste de Londres, el 14 de mayo de 2012. Esta escena de esclavitud laboral infantil se interpretó como la contribución de Banksy a los festejos del Jubileo de la reina Isabel, que calentaron el ambiente hasta el estallido de los Juegos Olímpicos apenas tres meses después.

    Slave labour activó un continuo peregrinaje de londinenses y extranjeros a Wood Green, uno de los barrios más pobres de Inglaterra. Forma parte del distrito de Haringey que ardió en llamas y furia colectiva durante los disturbios de 2011. El ayuntamiento se encontró, de pronto y por primera vez, con un reclamo positivo e incluso colocó letreros a la salida del metro indicando el camino hacia el mural. La dicha duró poco.

    El grafiti desapareció de la pared una noche del pasado febrero. Una semana después reapareció en Estados Unidos. La casa de subastas de Miami Fine Art Auctions incluyó Slave Labour en su último catálogo, con una estimación entre 532.000 y 850.000 euros. La comunidad y los concejales de Haringey se movilizaron, tirando de hilos a ambos lados del Atlántico, para recuperar el “muy querido mural que se arrancó sin miramientos de la fachada de un edificio privado”. En sucesivos escritos exponen su “furia e indignación de que alguien intente hacer dinero con una singular pieza de arte comunitario” y denuncian que su “venta por un beneficio enorme sería moralmente erróneo”.

    La campaña popular ganó la primera ronda, aunque aún disputa la batalla final. La subasta de Miami se canceló pero la obra retorna al mercado el domingo. Esta vez la venta será en secreto (con sobres sellados) en una operación que parece amañada. Pero el organizador del evento, Tony Baxter, director de la elitista agencia de servicios The Sincura Group, justifica su estrategia como “la única posibilidad de retener el mural en Londres”.

    De acuerdo con Baxter, tanto el FBI como Scotland Yard aceptan que el dibujo se retiró legalmente de la fachada de Wood Green y que su actual propietario no ha cometido ninguno acto delictivo. El dueño de la pared, la firma Wood Green Investments, mantiene un hermético silencio sobre la polémica. Baxter, mientras tanto, defiende la postura de su agencia y reclama su inocencia: “Somos amantes de arte y creemos que las piezas urbanas de Banksy son un regalo a la comunidad y así debería permanecer”. 

    Los clientes millonarios de Sinacura tienen la oportunidad el domingo de admirar el mural sustraído a la comunidad de Wood Green. El grafiti colgará de una pared más elegante, en la sede de Covent Garden del Museo del Cine, durante una recepción envuelta en misterio y burbujas de champagne. Los asistentes podrán pujar por el disputado banksy en sobres cerrados con la esperanza de batir una cifra que alguien ya ha garantizado a su anónimo propietario. “Los dueños han encontrado un comprador privado en América que adquirirá la pieza inmediatamente después de nuestro evento si no conseguimos venderla en Londres”, explica Baxter.

    El fundador de Sincura no da pistas sobre la identidad de los coleccionistas, marchantes, especuladores o admiradores del arte urbano que ha invitado a su subasta. Simplemente dice que entre ellos hay gente que “podría comprar la pieza y cederla a un museo o donarla de vuelta a la comunidad” de Haringey. “Se me percibe como el tipo malo, pero estoy luchando por la misma causa”, protesta Baxter. 

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