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Nick Cave toma el dinero y corre
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EL ROQUERO ENAMORA Y CABREA AL PRIMAVERA SOUND CON UN SHOW CORTO; LOS PLANETAS K.O.

Nick Cave toma el dinero y corre

Apenas llegó a una hora. Nick Cave, estrella del sábado en el festival barcelonés, dejó a sus seguidores tan embelesados como frustrados. Tirando de repertorio y

Foto: Nick Cave toma el dinero y corre
Nick Cave toma el dinero y corre

Sonó siempre apabullante, tanto en sus piezas clásicas como en las del reciente  Push The Sky Away (2012). Escogió un repertorio especialmente turbulento, metiéndose en la mente de asesinos (Stager Lee, Jack The Ripper) o de condenados a la pena capital (The Mercy Seat). Máxima intensidad en The Weeping Song y, sobre todo, en From Her To Eternity.

Calentó su aparición con incursiones entre el público donde cantó a chicas de las primeras filas y se dejó tocar el culo. Con el show en ebullición, a punto de caramelo, dejó a todos con la miel en los labios. Ni siquiera un mísero bis. Once canciones peladas. Toma el dinero y corre. Algunos se vengaron con comentarios maliciosos: "Ha estado bien, pero se le va la mano con el tinte".

Moët a morro

Poco antes, el eterno problema de la nostalgia, esta vez de mano de Los Planetas. Repescaron su disco clásico Una semana en el motor de un autobús. Sobre las tablas, máxima desconexión o desgana, con un J. cortito de voz y de energía. El problema de centrarse en ese disco es que ha envejecido regular.

El grupo granadino ha crecido con los años en habilidad compositora y su antiguo repertorio queda en evidencia. Por cada canción buena de ese disco hay tres regulares y una mala. No sabemos qué impresión se llevaría el público extranjero de que un disco tan simple musicalmente sea considerado un clásico en España.

Tampoco acabaron de matar los míticos hip hoperos Wu Tang Clan, palabras mayores en la historia del género. Primero, porque ya no tienen el hambre de antes; segundo, porque las bases sonaron demasiado bajitas. Con las voces en primer plano lo único que nos quedó claro es que tienen un flow imperial, especialmente RZA, cerebro de la formación y autor de la banda sonora de Kill Bill. Estuvo macarra a más no poder bebiendo Moët a morro.

Ruido bajito

My Bloody Valentine, maestros del ruido con melodías ensoñadoras, ofrecieron un concierto correcto, aunque muy lejos de la intensidad que alcanzan en salas cerradas, donde el sonido rebota en las paredes creando un microclima que te lleva a otra dimensión. En algún momento habrá que admitir que no son un grupo para programar en escenarios grandes de festivales. 

Mucho peor fue lo de Dead Can Dance, banda de largo recorrido que mezcla folk europeo con lógica New Age. "Si este grupo no estuviera en un sello cool como 4AD no sabríamos de su existencia, ni falta que nos haría", comentaba un asistente decepcionado. La voz de Lisa Gerrad tiene un vibrato impresionante, pero el grupo duerme cualquier pieza que toca. El mejor ejemplo es la versión de Song to the siren de Tim Buckley, un himno extremo y experimental que ellos convierten en murmullo inofensivo.

Siria y Benin

¿Algún concierto memorable? Pues la Orchestre Polyrhytmo de Cotonou, curtida formación de Benin en plena forma. Combinan afrobeat, soukous y otras especias rítmicas con máxima eficacia. Suenan sutiles sin dejar de invitar al baile (animan al más parado). Buen humor y movimiento de caderas en los mejores minutos del festival. Otro subidón muy serio fue Omar Souleyman, superventas sirio colaborador de Björk, que convence con su voz hipnótica y trepidantes bases de teclado. No es una broma posmoderna: simplemente una máquina de hacer bailar. Diez o doce críticos que cubren el festival escogieron verle en vez de My Bloody Valentine o los furiosos Crystal Castles. Y eso que sus detractores le comparan con Camela.

Después de ese huracán, no hubo más chicha en el festival. Hot Chip suenan cada año más sosos con su pop ochentero tipo Communards, Yazoo o Erasure. Su aportación es dar al género un toque curil lamentable.

Cierre en falso

Otro fracaso tradicional del Primavera Sound es su incapacidad para programar cierres contundentes. Tanto que los fiesteros maliciosos sospechan que programan malos DJs a propósito para echar a la gente cuanto antes, sin tener que aguantar hordas con euforia de after hours. DJ Koze ofreció un techno fino más previsible que los guiones del Equipo A, mientras que a DJ Coco apenas se le puede dar ese nombre. Sus mezclas son tan mediocres que parece que estás escuchando un recopilatorio en vez de una sesión. Su lógica es la misma de M80 serie Oro: éxito tras éxito sin margen para el riesgo o la sorpresa. Eso y confeti de colores.

A las cifras, el festival informó de que ha batido récord de asistencia: 170.000 espectadores en las tres jornadas (según este particular recuento, si una persona acude tres días cuenta como tres espectadores). También se anunció el primer artista para la edición 2014: el grupo de indie melancólico Neutral Milk Hotel.

Sonó siempre apabullante, tanto en sus piezas clásicas como en las del reciente  Push The Sky Away (2012). Escogió un repertorio especialmente turbulento, metiéndose en la mente de asesinos (Stager Lee, Jack The Ripper) o de condenados a la pena capital (The Mercy Seat). Máxima intensidad en The Weeping Song y, sobre todo, en From Her To Eternity.