WEINSTEIN SE CONVIERTE EN EL SEGUNDO ESTUDIO MÁS LUCRATIVO SUPERANDO A LAS 'MAJORS'

El monstruo 'indie' que se merendó a Hollywood

Esta podría ser una historia de David contra Goliat, de cómo el pez chico se comió al grande, del triunfo del arte sobre los intereses comerciales. Y en parte lo

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    Esta podría ser una historia de David contra Goliat, de cómo el pez chico se comió al grande, del triunfo del arte sobre los intereses comerciales. Y en parte lo es, pero solo en parte porque lo importante aquí también es la pasta, la lechuga, los dólares. El estudio independiente dirigido por Harvey Weinstein ha humillado a las majors en el arranque de 2013 gracias a los taquillazos de Tarantino (Django desencadenado) y David O. Russell (El lado bueno de las cosas). 

    Las películas de The Weinstein Company han recaudado 282 millones de dólares en el primer trimestre del año. Un exagerado 273 % más que en el mismo periodo del año anterior. Las majors se han quedado temblando. Disney, Warner y Fox han sido superadas por Weinstein. Solo Universal aguantó el tirón con 306,5 millones. Hasta el 25 de abril Weinstein llevaba recaudados 313 millones de dólares; pulverizando así su mejor dato anual de siempre, los 296 millones de todo el 2011. Cuando indie es sinónimo de multimillonario.

    No es que Harvey Weinstein (Nueva York, 1952) haya derrotado a Hollywood con sus mismas armas, no, es que hay ido más allá: está considerado como el gran tiburón de la industria. Para llegar hasta la cima se ha hartado de pisar cabezas. Es ya todo un tópico hollywodiense asegurar que si uno quiere ganar el Oscar a la mejor película lo mejor es ponerse en manos de Harvey Weinstein. Ni los grandes estudios están dispuestos a llegar tan lejos. Nadie maneja tan bien los resortes necesarios (una agresiva mezcla de relaciones públicas, presiones y marketing) para llevarse la estatuilla dorada. 

    Puñados de dinero y puños al rival

    Un dato: este año, justo cuando bate récords de taquilla, Weinstein no se ha llevado el Oscar más importante. Es noticia: lo había ganado los dos anteriores con The Artist y El discurso del rey. ¿Su truco? Gastar mucho dinero… y, dicen, difamar al rival. La prensa estadounidense ha acusado en varias ocasiones a los publicistas de Weinstein de montar campañas negativas contra películas como Slumdog millionaire, a la que una mano negra acusó de explotación laboral infantil justo antes de las votaciones de 2008. La película de Danny Boyle, que se llevó finalmente el Oscar, competía entonces contra cintas de Weinstein como El lector Vicky Cristina Barcelona, que le valió a Penélope Cruz su primera estatuilla.Weinstein logró que la comedia musical 'Shakespeare in Love' le birlara el Oscar a 'Salvar al soldado Ryan', de Spielberg

    Si ya resultó meritorio que Weinstein ganara el Oscar a la mejor película en 2011 con una cinta ¡francesa y muda! (The Artist), no lo fue menos su jugada de 1999, cuando aún estaba al frente de Miramax. Logró que la comedia musical Shakespeare in Love le birlara el Oscar a Salvar al soldado Ryan (decisión que dejó estupefacto a Steven Spielberg). Hasta entonces los grandes estudios gastaban una media de 8 veces más dinero que las indies en la campaña de los Oscar. Ese año Weinstein se gastó el doble que las majors. Toda una metáfora. Las fronteras entre el indie y el mainstream se habían difuminado hasta hacerse irreconocibles según avanzaban los noventa. Algunos creen que el mérito (o la culpa, según se mire) fue de Weinstein.

    El cine alternativo explotó comercialmente durante la última década del siglo XX de la mano de directores como Quentin Tarantino. Un fenómeno capitalizado por Miramax. Harvey y su hermano Bob fundaron la empresa en 1979. Al principio se dedicaban a la distribución de cine europeo. Su gran salto se produjo en 1989 tras los éxitos de la angloirlandesa Mi pie izquierdo y la italiana. Entonces saltaron a la producción del nuevo cine joven estadounidense. Películas como las óperas primas de Steven Soderbergh (Sexo, mentiras y cintas de vídeo, 1989), Tarantino (Reservoir Dogs, 1992 ) y Kevin Smith (Clerks, 1994). 

     

    Y el cine indie hizo boom. Disney compró Miramax en 1993 por 70 millones de dólares. Los Weinstein, que acababan de dar el gran pelotazo, mantuvieron el control creativo. Pero en 2005 abandonaron Miramax tras una larga disputa con Disney sobre el destino de Fahrenheit 9/11. Disney intentó enterrar el documental de Michael Moore contra Bush y la guerra de Irak. Los Weinstein llegaron al rescate, lo distribuyeron por su cuenta y lo convirtieron en el documental más visto de todos los tiempos.

    No se puede decir que los Weinstein se fueran de Disney/Miramax con una mano delante y otra detrás: el director Quentin Tarantino se fue con ellos. Los hermanos fundaron The Weinstein Company y volvieron a sacudir los Oscar y las taquillas. Disney, por su parte, vendió Miramax en enero de 2010 tras despedir al 70% de la plantilla.  

    Ordena, manda y corta a su gusto

    Harvey Weinstein es, por tanto, uno de esos titanes estadounidenses que se crece en la dinámica ascenso y caída. Un superviviente que lo aguanta todo. Desde salir de mala manera de su propia empresa hasta ver como el escritor cinematográfico más popular del país le somete a un linchamiento en toda regla. Peter Biskind, autor del célebre ensayo Moteros tranquilos, toros salvajes (Anagrama), ajustó cuentas con los noventa y el indie en Sexo, mentiras y Hollywood (Anagrama). Un repaso inmisericorde a los niños mimados del indie y sus empresarios en el que Harvey Weinstein y Robert Redford (fundador del festival de Sundance) quedaban fatal parados. El libro contaba cómo la vanguardia asaltó el mainstream regando el camino de cadáveres. ¿El culpable de que el dólar pervirtiera los principios del movimiento? Harvey Weinstein.

     

    Sexo, mentiras y Hollywood se publicó en 2004, el annus horribilis deWeinstein tras su enfrentamiento con Disney. Basado en decenas de entrevistas de personas relevantes de la industria, contenía suficientes cotilleos maliciosos como para derribar a un elefante en estampida, pero no a Weinstein. Biskind contaba que Weinstein, al contrario de lo que dicta el tópico sobre las bondades de las compañías indies en oposición a las malvadas majors, no respetaba el montaje final de los directores. Ponía y quitaba lo que le daba la gana. Una anécdota: en 1997, Weinstein se encargó de la distribución en EEUU de La princesa Mononoke, de Hayao Miyazaki. El maestro de la animación japonesa no sólo se resistió a los intentos de Disney de lanzar juguetes del filme, sino que su entorno envío a Weinstein una espada de samurai por correo con el siguiente mensaje: “Sin cortes”.

    La mala fama de Weinstein había cruzado ya el océano. Miyakazi se salió con la suya (así cualquiera, claro). En defensa de Weinstein hay que decir que él ni siquiera niega su gusto por el ordeno y mando: alega que los filmes mejoran gracias a sus recomendaciones (léase amenazas a los directores si no obedecen sus órdenes en la sala de montaje).  

    Dicen que el personaje de la serie Entourage (HBO, 2004/2011) llamado Harvey Weingard está basado en Harvey Weinstein. Se trata de un productor extremadamente agresivo, intimidante y enloquecido al que le encanta pasar por encima de los directores de sus filmes. Parece que al bueno de Harvey le chifla el personaje.

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