PUBLICA 'EL LUMINOSO REGALO', UNA NOVELA CON FUERTE CONTENIDO SEXUAL Y EXISTENCIAL

Manuel Vilas deja la Nocilla

Hace unas pocas novelas Manuel Vilas era el rey de la fiesta. Libertad, disparate, diversión. El escritor aragonés soñaba con entrevistas a Jesucristo, Lenin o Platón

Foto: Manuel Vilas deja la Nocilla
Manuel Vilas deja la Nocilla
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    Hace unas pocas novelas Manuel Vilas era el rey de la fiesta. Libertad, disparate, diversión. El escritor aragonés soñaba con entrevistas a Jesucristo, Lenin o Platón para que explicaran los ejercicios gimnásticos que favorecen la resurrección. La muerte en libros como España (2008) o Aire nuestro (2009) era el aburrimiento y la libertad la única posibilidad de escapar de él. Vilas, antes, era el Dj de la rave de la conocida como ‘generación Nocilla’, el escudero de Agustín Fernández Mallo. Pero todo eso acabó. La gasolina con la que incendiaba sus entrevistas se ha aguado. Está serio, dice que en estos últimos años la vida le ha dado algún golpe casi mortal que le ha cambiado y que eso se nota en El luminoso regalo (Alfaguara), su nueva novela.

    O quizá deberíamos empezar a decir su primera novela. Su currículo dice que esta es la sexta (además de cinco poemarios y un volumen de relatos), pero él insiste en el volantazo narrativo con el que ha transformado su carrera literaria. Es cierto que aquel narrador mutante, a caballo entre el relato y la novela, que derramaba su imaginación por cientos de piezas inconexas, que vivía angustiado por la infinitud de posibilidades que el texto literario permite, se ha convertido al noble arte del convencionalismo.

    “He cambiado mucho como escritor. No soy el mismo que ha escrito todo lo que ha escrito hasta el momento. No construyo las historias como lo hacía antes. He renunciado a la celebración, lo que veo ya no me hace tanta gracia. Mis libros anteriores eran una fiesta inacabable, llena de diversión y paganismo. Esta es una novela dura y devastadora”, aclara el autor. Quizá sus lectores más fieles no se sienten muy cómodos con el nuevo rumbo que ha tomado.

    Multiplicar lectores

    “Es probable que mis lectores anteriores se sientan traicionados”. ¿No le importa? “No. ¿Es una novela que aspira a un público mayor? “Sí, eso seguro. Es una de las cosas más importantes que me he planteado con ella: yo quiero que me lean y esta novela la pueden leer muchas más personas que las anteriores. Eso es una realidad que no me importa reconocerla”, añade.

    La popularidad es algo que le preocupa desde hace tiempo. No es la primera vez que nos asegura que quiere millones de lectores. Julio Llamazares explicaba hace unos días en este mismo periódico que cada escritor emite en una frecuencia y que por eso tienen los lectores que les corresponden, con los que sintonizan. Por eso un escritor no debe aspirar a tener más de los que le corresponden, porque corre el riesgo de perder la sintonía y la identidad.

    A pesar de todo, El luminoso regalo es un libro marca Manuel Vilas: la necesidad de afrontar cada libro como una provocación contra la indiferencia le ha llevado a montar una novela con un arranque pornográfico, para transformarse –como él mismo asegura- en una metafísica gracias al giro final. También dice que no es oportunista, en un momento en que entre los cinco libros más leídos tres recurren al sexo en su argumento.

    Lo deja clarito: “Ester es así: da todo el placer en la cama, se deja hacer de todo, traga semen, practica sexo anal, se pone de rodillas, mete su lengua en el culo del hombre, pide que su amante le diga obscenidades como ‘eres mi puta’ y ella le dice ‘soy tu puta’, ‘haré lo que me pidas’”, escribe al inicio del primer capítulo. Ya habrán entendido que esta es la historia de una relación especial, la de una ninfómana con un don Juan. “De alguna manera he escrito una nueva versión del mito de don Juan: una búsqueda del amor a través de muchas mujeres, cuyo resultado es la destrucción del personaje”, explica a este periódico. A renglón seguido aclara que es una novela sin humor porque la historia lo requería.

    La provocación no se olvida

    “A la provocación no podía renunciar”. Es provocación seca, sin chiste; provocación directa y evidente. “La provocación existe en la medida en que uno quiera ser provocado”. ¿Qué es lo que más le provoca a Manuel Vilas? “La actualidad económica, por supuesto. Me parece mucho más obsceno Montoro y Bárcenas que mi novela. Que una novela pueda ser provocada y que Bárcenas no…”

    El Vilas real, el irónico y sarcástico, siempre ha preferido el éxito en vida y el olvido en muerte. Y así lo ha reconocido. Sus últimos intentos no lo han logrado porque siempre termina traicionando al nuevo autor en el que quiere convertirse para atiborrarse de lectores. Ha pasado de la novela histórica a la novela de sexo, tocando todos los palos en busca del tesoro perdido: la fama. En su anterior novela, Los inmortales, una de caballerías en clave pop, Cervantes escuchaba a Joy Division y él, en su ansia por sumar lectores, era leído hasta por extraterrestres.

    Ahora ha aniquilado esos alocados giros tan especiales, pero no ha podido renunciar a su obcecación por las referencias culturales y la relación de la literatura con la música y el cine. La música de Bob Dylan, cuya banda sonora combina con Cumbres borrascosas, se combina con ‘2001: Una odisea en el espacio’, incluso podría parecer que se pregunta por el contenido del famoso monolito de la cinta de Stanley Kubrick.

    También se ha hartado del capitalismo. Bueno, sólo un poco, porque a fin de cuentas las relaciones sexuales que describe no son más que otra fórmula de intercambio capitalista. Efectivamente, España era una novela política y sobre el capitalismo. Justo ahora que se desploma el mundo, aunque no sabemos si el capitalista o el obrero, él decide escribir sobre sexo. “He agotado una forma literaria”, resume. “Además, escribir ahora sobre la crisis sería deshonesto. Agoté unos caminos literarios que ya estaban trabajados, es legítimo que un escritor busque otro sitio”.

    Si en sus escritos anteriores había más conflicto político-social, ahora “hay más conflictos humanos”. Así es el nuevo Manuel Vilas, con una novela más convencional a lo que estábamos acostumbrados, pero no una novela convencional. “He cambiado hacia mayor realismo. Hay menos imaginación y fantasía. Trato situaciones reales”, explica el autor. Dice haber pintado conflictos humanos gracias a sus protagonistas, que hoy en la calle todavía no están resueltos. Quizá esa sea la razón por la que sea más exhibicionista que íntima. 

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