EL PINTOR PIDE LA DIMISIÓN DE GUILLERMO SOLANA

El director del Thyssen veta un cuadro del autor del retrato de Bono por "español" y "polémico"

Es una tabla de dos metros de altura. En ella aparece una mujer desnuda, tendida sobre unas rocas de playa con alguna mancha de chapapote. Luz

Foto: El director del Thyssen veta un cuadro del autor del retrato de Bono por español y polémico
El director del Thyssen veta un cuadro del autor del retrato de Bono por "español" y "polémico"

Es una tabla de dos metros de altura. En ella aparece una mujer desnuda, tendida sobre unas rocas de playa con alguna mancha de chapapote. Luz de atardecer sobre una postura sensual. Parece una foto, pero es una pintura acrílica. Su autor es Bernardo Torrens, el representante más destacado del movimiento hiperrealista o fotorrealista de la pintura española. Esa es la obra que ha sido seleccionada por la gran exposición que arrancó el pasado diciembre en el Museo de Tübingen (Alemania) y que recorrerá en los próximos meses Europa, mostrando a los principales artistas de esta tendencia.

Hoy y mañana arranca el montaje de los cuadros en la siguiente parada: el Museo Thyssen-Bornemisza, con el título Hiperrealismo 1967-2012, donde se inaugura el próximo jueves. Pero entre la selección de pinturas, la de Torrens, bautizada por el artista como The last sun ray, ha sido apartada por decisión de Guillermo Solana (director artístico del museo).

El pintor madrileño de 56 años trabaja con galerías estadounidenses desde hace años y su nombre se popularizó en los medios de comunicación hace meses, cuando se dio a conocer que el Estado le había encargado un retrato de José Bono para la galería de los presidentes del Congreso de los diputados, por el que pagaría casi 83.000 euros. Aquella polémica sobre el derroche del Congreso es uno de los motivos de la censura aplicada por Solana.

La supervivencia del museo

Tal y como ha podido saber El Confidencial, a finales del pasado mes de marzo Blanca Uría, del Museo Thyssen, escribe a Torrens para informarle de varios problemas, como el inesperado cambio de fechas de la inauguración, de la que Torrens se enteró por un comentario en un tuit de la cuenta de Solana. Uría le pide disculpas y le ruega que entienda “la necesidad de este cambio debido a la nueva situación económica que obliga al museo a garantizar su supervivencia a través de un programa más amplio de exposiciones”. Hay que recordar que el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte subvenciona a fondo perdido a la Fundación Thyssen, aportando el dinero que esta no ha sido capaz de generar en el ejercicio presupuestario anual. 

Además, aprovecha la comunicación para advertirle de un cambio más drástico: “El reducido tamaño de nuestras salas nos ha obligado a reducir el número de obras y a repensar el recorrido. Por este motivo sus obras, junto a las de otros artistas, no van a poder exponerse en esta sede”. A pesar de ello, Uría señala que la presencia del artista no será eliminada del catálogo, “que es uno de los elementos más importantes de la exposición”, en el que habrá una genealogía del hiperrealismo desde sus orígenes a la actualidad y de la que Torrens forma parte.

El pintor español inmediatamente escribió al Papa de la pintura hiperrealista, Lou Meisel,  creador del término a finales de los años sesenta, que a su vez es el mayor coleccionista de obras del movimiento (más de cuarenta años comprando obra) y la figura esencial de esta exposición, a la que contribuye con más de la mitad de pinturas del total expuestas. Meisel tampoco tenía noticias de tales decisiones. El Confidencial ha tenido acceso a la correspondencia entre Solana y Meisel, quien tras conocer la noticia se pone en contacto con el español para pedirle que reconsidere la decisión que altera el programa editorial de la muestra, diseñado por el comisario Otto Letze.

El “más importante” es Torrens

Meisel recomienda a Solana que si ha decidido eliminar obras y artistas de la exposición en el Thyssen por problemas de espacio, reconsidere la idea: “Hay 33 artistas con 66 obras. Si tiene que reducir a 50 el total de obras expuestas, asegúrese de que al menos haya incluida una de todos los artistas representados”. Continúa el email con la lista de los que no pueden quedarse en el camino y pone el dedo en la llaga: “El más importante, por supuesto, es Bernardo Torrens, cuya ciudad natal es Madrid. Él es el más importante pintor figurativo posmoderno del fotorrealismo y será portada del cuarto volumen de mi colección de fotorrealismo este otoño”.

El tono de Meisel es grave y tajante. No entiende cómo es posible que se caiga Torrens de la exposición que trata el movimiento del que el pintor español es una importante pieza. Lo suficiente como para ser portada de una obra bibliográfica de referencia.  

Las “razones” de Solana

La respuesta de Guillermo Solana al email de Meisel no deja lugar a dudas: “No es una cuestión de espacio, no es que yo quiera excluir a VARIOS artistas, sólo es sobre el señor Torrens”. Pasa a explicar los motivos por los que no incluirá a Bernardo Torrens: “Respeto a Torrens como artista, pero 1) no quiero a NINGÚN español en la exposición porque numerosos artistas rivales se sentirían ofendidos, o lo que es peor, podrían querer exponer en el Thyssen; 2) Torrens fue, hace tiempo, el centro de una polémica en los medios de comunicación españoles relacionada con su retrato de un exministro del Gobierno español [José Bono]; 3) aunque respeto mucho el lugar que le atribuye a Torrens en su propia visión del fotorrealismo, muy humildemente me atrevo a pensar que el señor Torrens no es exactamente lo que el público español espera de un espectáculo fotorrealista (ya sabe, post-pop, eso tan americano con coches y bicis, souvenires kitsch, arquitectura art-decó, panoramas urbanos, etc). Por todas estas razones soy firme en mi decisión de no incluir ninguna pintura de Torrens en la exposición”.

Según escribe el comisario Otto Letze en el catálogo de la exposición, el motivo de Torrens es la mujer desnuda, un tema tradicional en la historia del arte. “Las obras de Torrens destacan por las posturas de las figuras representadas, por la tranquilidad y la armonía que de ellas emanan, a la vez que despiertan un sentimiento de nostalgia en el espectador”, explica. El catálogo añade otras virtudes plásticas en el apartado dedicado al artista, como es el dominio de escenas “en absoluto espontáneas”, “parecen fotografías de estudio”. “Las obras de este artista destacan por su equilibro y sosiego; estas impresiones obedecen a la composición, pero también al comedido uso del color”.

Solana define el hiperrealismo como “el arte popular de nuestro tiempo”; de hecho, es una de las apuestas fuertes por hacer saltar la caja de la taquilla del Museo Thyssen-Bornemisza. Curiosamente, en el catálogo de la muestra, Solana destaca la rica variedad y la amplia repercusión mundial del movimiento, que él mismo parece amputar: “La exposición comisariada por Otto Letze que ahora llega al Museo Thyssen-Bornemisza nos revela a la vez la variedad del hiperrealismo y su continuidad a lo largo de medio siglo, reuniendo a los pioneros y a los más jóvenes, a los artistas norteamericanos y europeos en una magnífica visión de conjunto”.

Dimisión inmediata

Este periódico se ha puesto en contacto con el artista, quien reconoce haber pasado del enfado a la tristeza. Todavía no da crédito a los motivos de la eliminación. Señala la expresión “ningún español”, porque le parece una razón casi racista. “No puedo admitir que me quiten mi sitio por ser español, en España. El resto de pintores no dan crédito. Las explicaciones son tan ridículas, que no se sostienen por ninguna parte. En cualquier país del mundo un director como este debería presentar su dimisión al día siguiente. Actúa como si fuera su museo y su ego parece no tener límites”.

Reconoce que los escándalos no le van, que a pesar de que Solana le señale como “el centro de la polémica” del retrato de Bono, la polémica no es el mensajero. Añade que sus galeristas no iban a mandar la obra porque ya tenían la orden del Thyssen que confirmaba que no tenían intención de colgarla. A pesar de ello, él se empeñó en que la enviaran. Así que a estas horas, en medio de la jornada de montaje, la pintura de Torrens está en el Thyssen. Quién sabe si además del catálogo aparecerá a última hora en las paredes de este museo, que con cada exposición trastorna las rigurosas aguas del arte. 

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