LOS RESTOS ÓSEOS EN EL MONUMENTO PERTENECIERON A 63 PERSONAS DE HACE 5.000 AÑOS

Stonehenge, cementerio de elite y 'santuario de Lourdes' de la antigüedad

Dependiendo de a quién se pregunte es un monumento político, un observatorio astronómico o incluso el templo de un antiguo y oscuro culto druídico

Foto: Stonehenge, cementerio de elite y 'santuario de Lourdes' de la antigüedad
Stonehenge, cementerio de elite y 'santuario de Lourdes' de la antigüedad

Dependiendo de a quién se pregunte es un monumento político, un observatorio astronómico o incluso el templo de un antiguo y oscuro culto druídico. La verdad, sin embargo, podría ser más sencilla y estar hoy más cerca gracias al Stonehenge Riverside Project y su director, el arqueólogo Mike Parker Pearson, que asegura que las ruinas de Stonehenge no fueron otra cosa que un cementerio de elite de la antigüedad.

Es una conjetura que el equipo de Parker mantiene desde hace tiempo, aunque ahora lo hace con pruebas en la mano. Tras diez años de investigación y 800.000 libras del Tesoro británico invertidas en la faena –cerca de 915.000 euros–, los especialistas han analizado más de 50.000 fragmentos de huesos humanos enterrados en el suelo del monumento megalítico y han anunciado ante la prensa británica que pertenecen a 63 personas distintas enterradas allí hace 5.000 años que además no son solo de varones, como se esperaba, sino de mujeres y hombres en igual proporción e incluso de niños, incluyendo un recién nacido.

De esta manera los restos podrían confirmar que se trata de familias completas cuyos cuerpos habrían sido incinerados y enterrados juntos, aunque un grave error arqueológico complica las investigaciones. Los huesos fueron encontrados en 1920 en los denominados Aubrey holes –los agujeros de Aubrey, unos hoyos excavados en el suelo que dibujan un anillo interior respecto al que forman los grandes monolitos de Stonehenge–, aunque el arqueólogo que los descubrió, William Hawley, no les concedió importancia y los volvió a enterrar todos juntos en un único agujero, el número 7, en 1935. Creyó que los agujeros eran los cimientos de antiguos postes.

Por eso desconocemos hoy quién estaba enterrado con quién y "la respuesta reside ahora en la extracción de ADN, que podría dar a conocer mejor a estos individuos y decirnos más sobre cuáles eran las relaciones que los unían", explicó este lunes Parker ante la prensa de su país. "Lo que está claro es que estamos hablando de gente que fue especial en su día".

Tan especial que podría tratarse no solo de familias, sino de varias generaciones de parientes, ante lo cual Stonehenge se revelaría como el posible panteón familiar de una dinastía de reyes. Parker, sin embargo, no se inclina por esa opción. "Habíamos pensado originalmente que era un lugar donde fue enterrada una dinastía, pero parece haber sido una comunidad con una estructura de poder diferente".

Lo que sí confirma el estudio, según sus autores, es que los enterramientos ocurrieron antes del alzamiento del Stonehenge que hoy conocemos. Hasta aproximadamente el 2.500 a.C. el monumento constaba de un único círculo de 56 gigantescos menhires alzados sobre los 56 agujeros de Aubrey. Después de eso fueron movidos ligeramente hasta sus posiciones actuales –dejando los agujeros al descubierto– y se les sumó un segundo círculo interior construido con las 24 piedras de Bluestonehenge, un complejo similar que se alzaba entonces a 1,5 kilómetros del original y del que hoy solo quedan las huellas –en la imagen–.

Todas las pistas convergen... en Gales

El equipo de Parker cree también haber encontrado las primeras pruebas arqueológicas que confirman la consagración solar de Stonehenge. En este caso estarían en los huesos de ganado –fundamentalmente vacas y cerdos– encontrados en Durrington Walls, a unos kilómetros de Stonehenge. Datan precisamente de algún momento entre el 2.000 y el 2.500 a.C. y Parker cree que fueron sacrificados para su ingesta a principios de invierno, lo que apuntaría inequívocamente al solsticio de entre el 20 y el 23 de diciembre. Las características de otras pruebas coetáneas, como vegetales y cerámicas, sugiere además que fueron transportados allí desde el Este de Gales, precisamente de donde se sabe a ciencia cierta que proceden las grandes piedras del este crómlech.

Su tesis es que el cementerio de Stonehenge dejó de serlo por aquella época, hace 4.500 años, cuando se reconstruyó con la forma que hoy conocemos y empezó a acoger unas festividades solares que Parker califica de multitudinarias.

Según sus cálculos, en Stonehenge podrían haberse citado a partir de entonces hasta 4.000 personas cada solsticio de invierno, lo que en efecto era una multitud en una época, la Edad del Bronce, en que toda la población británica ascendía a unos decenas de miles de individuos. Los restos de asentamientos en la zona sugieren que incluso podrían acoger a personas procedentes de las Highlands escocesas y que el lugar no estaba habitado todo el año, sino solo en invierno. Sería, citando la comparación del propio Parker, "como el festival de Glastonbury y un festival motero, solo que a la vez".

Un 'santuario de Lourdes' de la antigüedad

Hay quien no está de acuerdo. En 2010, los arqueólogos Timothy Darvill y Geoffrey Wainwright anunciaron que los ocupantes de algunas antiguas tumbas excavadas en las inmediaciones de Stonehenge provenían de fuera –e incluso de muy lejos– de las Islas Británicas.

El análisis isotópico acometido por su equipo demostró que el Joven del collar de ámbar –un adolescente de 15 años descubierto en 2005 y enterrado aproximadamente en el 1500 a.C.– creció en alguna región costera del Mediterráneo y que el ámbar de las cuentas de su collar proviene de la zona del Báltico. También que el conocido como Arquero de Amesbury –un varón que murió en el 2.300 a.C– nació en la actual Alemania y que los Arqueros de Bomscombe podrían ser de Bretaña, en Francia.

La abundancia de deformidades en los restos llevó a los especialistas a proponer además la tesis de que Stonehenge fuera o llegase a ser el destino de peregrinos enfermos de toda Europa que acudirían al lugar buscando la sanación –quizá como un santuario de Lourdes del neolítico–, aunque ambos admiten que se trataría en todo caso de un enclave religioso, pero posiblemente multidisciplinar.

Aunque teorías hay para todos los gustos, los recientes descubrimientos de Parker y su equipo contribuyen a consolidar una serie de certezas vagas sobre el enigmático enclave prehistórico a la que poco a poco apuntan todas las grandes líneas de investigación. Una de ellas, sobre su función, dice que de un modo u otro Stonehenge fue destino de peregrinos durante al menos un milenio. La otra habla de su origen –normalmente atribuido a la cultura Beaker, que llegó a Gran Bretaña en el 2.500 a.C– y Parker podría contribuir a su refutación si, como propone, el primer Stonehenge se remonta varios siglos más atrás de lo que se creía.

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