“La cultura no es una industria”
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EL DIRECTOR DEL REINA SOFÍA RECONOCE QUE ESTE AÑO SERÁ EL MÁS DIFÍCIL PARA EL MUSEO

“La cultura no es una industria”

“El año complicado para el Museo Reina Sofía es este”. Manuel Borja-Villel es realista,

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“La cultura no es una industria”

“El año complicado para el Museo Reina Sofía es este”. Manuel Borja-Villel es realista, asume la falta de dinero, los recortes, las estrecheces y a pesar de ello firma por cinco años más. Por delante tiene hacer que la financiación propia se multiplique y suba más allá del 40% de su presupuesto. Para conseguirlo ha inventado una herramienta: la Fundación con la que gestionará la ley propia que, en principio, debería agilizar la reproducción de recursos propios. Además de las cuentas tiene que rematar la exhibición de la colección del museo. Y es la parte más importante, la contemporánea, la de los ochenta a nuestros días. Tiene por delante un lustro muy difícil para mantener su modelo de institución al margen del espectáculo.  

¿Cómo saldrán parados los museos de esta situación económica?

Pasamos por una crisis de los modelos, donde la hegemonía de los mercados es absoluta. Los museos han reaccionado hacia una espectacularización de las ideas, con un marcado perfil mediático. La TATE es la más mediática de todas. La obra se ha convertido en un bien de intercambio. Su uso consiste exclusivamente en el consumo y si contribuye a algo es quizás a que seamos mejores consumidores, pero no mejores ciudadanos. Este es el riesgo que corremos los museos en la actualidad. Pasamos por un momento en el que hemos de elegir qué queremos hacer y qué no queremos hacer. No podemos olvidar que un museo es importante por su colección porque la historia es ahora más importante que nunca. Aquella idea de la posmodernidad en la que todo flotaba y existía una amnesia del mundo presente hay que contrastarla con la historia. También es fundamental entender que el arte y la cultura son un conocimiento que nos afecta diría que a nivel de piel, capaz de generar afectos y comunidades.

¿Cuál es la función de los museos?

Su función ha cambiado respecto a la que tuvieron cuando surgieron en el siglo XVIII. La función del museo, en un momento en que el mercado y las industrias de la comunicación son tan poderosos es generar espacios de resistencia, libertad y conocimiento. Para ello encuentro importante que sepamos articular tres elementos que a menudo han permanecido en ámbitos separados: la obra, la documentación (información) y la comunidad.

¿Por qué es importante la Ley de Mecenazgo?

Si hay menos dinero público debe haber incentivos para que el dinero privado fluya. Pero, hemos de asegurar la pervivencia de aquellos proyectos que no sean necesariamente rentables a nivel mediático, de lo contrario caemos en una trampa. Cuando lo privado le pide a lo público que haga cosas de gran retorno popular, lo público se comporta como lo privado. Y sea cual sea el tipo de financiación hemos de garantizar que las instituciones culturales continúen funcionando como un servicio público. 

Salen perdiendo los proyectos menos populares.

Hay que respetar a las minorías. Lo interesante de la cultura no es el consenso, sino el antagonismo. Una sociedad que no fomente la innovación, el desarrollo, la investigación y la creatividad hipoteca su futuro. Si no respetas las minorías también hipotecas el futuro de la democracia. La cultura no es una industria, por eso hay que favorecer cosas que no sean rentables en términos economicistas. Nuestra "rentabilidad" se mide por otros baremos y es a largo plazo.

¿Recortará en exposiciones?

Este año pasaremos de 30 a 11. Pero el ritmo de actividades, si combinamos exposiciones temporales, proyectos, colección, programas públicos, etc. sigue siendo muy intenso. Trabajamos para que la crisis afecte lo mínimo posible a la actividad propia del museo. En este sentido, hemos aumentado la autofinanciación, a través de patrocinios, itinerancias, coproducciones, etc. De hecho, podemos decir que en el año 2013 la mayor parte de nuestras actividades son financiadas por nosotros mismos.  

¿Hay conflicto de intereses en el caso de Patricia Phelps de Cisneros, que tiene su colección en estos momentos expuesta en el museo y es fundadora de la Fundación?

En absoluto. En primer lugar porque es una colección cerrada, no se venden sus obras no hay especulación alrededor suyo. El destino final de éstas son las colecciones públicas. La presentación de la colección de Patricia Phelps de Cisneros es un primer paso en nuestra colaboración. Cuando se acabe la exposición, una serie de obras se cederán al museo en comodato. Ahora trabajamos justamente en ello. La idea es mostrar que no sólo hay una modernidad sino muchas, y que los parámetros conceptuales y cronológicos son distintos en cada caso. Por otro lado, los patronos de la Fundación aportan una cantidad anual a la misma, nos ayudan a generar recursos para el museo y ponen sus colecciones a disposición. En la Fundación hay 14 miembros coleccionistas latinoamericanos y españoles (Helga de Alvear y Juan Abelló), que colaboran y aportan.

¿Barceló está maldito en la colección que reordena?

No creo que esté maldito. No hay ningún artista maldito en la colección. Más bien todo lo contrario. Y aún diría más: hay una serie de artistas que sí han sido injustamente marginados o insuficientemente valorados en determinados momentos de la historia y que estamos recuperando, como José Val del Omar, Elena Asins, María Blanchard que ahora se revalorizan a un modo correcto. Hay otra serie de autores, sin entrar a juzgar españoles, como Damien Hirst o Jeff Koons que son valores de mercado y que la historia será cruel con ellos. Damien Hirst es un ejemplo perfecto de carrera programada.

¿Cómo afecta la subida del IVA al museo?

El 21% del IVA afecta a las compras que hacemos, pero también repercute en los montajes, el transporte de obras, etc. Además, hay pocos artistas que están en una sola galería y en ARCO se vio que un mismo artista tenía una pieza en una galería española y en otra extranjera y que comprarla en esta última salía más barato. Nosotros, siempre que podemos, adquirimos las obras a través de galerías españolas, pero un coleccionista privado no tiene por qué hacerlo.

¿Puede comprar obra como antes?

Compraremos menos, pero gracias a la Fundación se facilitarán las donaciones de obra. Hacemos un esfuerzo por trabajar con galerías españolas y gente joven. Todavía se pueden encontrar algunas obras a precios asequibles. Si sabes cómo moverte todavía puedes conseguir cosas. En la parte de vanguardias históricas hemos ralentizado bastante las compras, obviamente. El año pasado se compró en ARCO un Esteban Francés baratísimo. Somos el mejor cliente de Arco, a pesar de que hayamos recortado la mitad del presupuesto de compra. En las subastas internacionales aparecen piezas importantes, pero los precios no bajan. La idea es volver a ir porque necesitamos estas obras importantes sin olvidar el arte joven. Por eso estamos buscando otras vías para que la colección siga creciendo. Y lo haga con sentido, claro. Seguimos apoyando al arte joven a través de adquisiciones o de la producción de obra nueva, que sea acaba incorporando a la colección del museo. Ya no podemos comprar Miró o Dalí.

¿Cómo padecerán la crisis este año los centros más pequeños?

Seguramente lo van a pasar muy mal y hemos de ser muy solidarios con ellos. Los grandes museos vamos a sufrir, pero para nosotros es menos complicado generar recursos propios. Los museos más pequeños tienen presupuestos muy limitados y es fundamental para la higiene cultural y democrática de un país que haya centros grandes, pero sobre todo pequeños, centros de otra escala y con otras dinámicas. No se les puede pedir lo que se nos pide a nosotros, porque no todos podemos ni debemos ser iguales. No se les puede exigir que alcancen el mismo número de visitantes o que reciban la misma atención mediática. Sería un grave error. Con 40.000 debería ser suficiente para ellos.

Al calor de la especulación muchos han crecido sin sentido, ¿por qué es importante mantenerlos?

Es importante que cualquier ciudad tenga un centro de arte, un lugar en el que se apoye la creación y el debate. Los centros más pequeños aportan otras dinámicas de trabajo, en las que son relevantes los aspectos más procesuales de la práctica artística, a la vez de cierta especialización e incluso inmediatez. Me temo que en los próximos años estos centros lo tendrán muy difícil porque no tienen facilidad para acceder a los grandes patrocinios. Por eso creo que es fundamental sacar adelante la ley de mecenazgo. Y que esta introduzca mecanismos de reparto solidario de los patrocinios. 

¿El número de visitantes es la dictadura de los museos?

Puede llegar a serlo. En el caso específico del Reina y por lo que he hablado con José María [Lassalle] y con Ángeles [González-Sinde] nunca he entendido que el número de visitantes fuera un elemento de presión. Lo importante no es saber cuántos visitantes entran al museo, sino qué les aporta la visita, cómo les ayuda el museo a entender mejor el mundo que les rodea. A veces tendemos a justificar el valor de la cultura, meramente con criterios económicos. Se habla de que la cultura es un porcentaje alto en el PIB, pero ¿qué pasa cuando la cultura no es rentable? Hemos de aprender a defender la cultura por la cultura, porque, no nos olvidemos, hay economía porque hay cultura. Esta no es un lujo sino una necesidad, algo esencial a nuestra propia existencia. 

¿Sería muy fácil duplicar visitantes?

Y casi triplicarlos también, haciendo exposiciones de corte, no diría popular, sino populista que atraigan a las masas y a grandes patrocinadores. Pero esto tiene muy poco que ver con el museo como lugar de reflexión, de educación, de pensamiento crítico, de reunión. Para eso te dedicas a otra cosa, a las telenovelas o a los 'reality shows'. Hay que ser muy serios, si no queremos caer en nuestras propias trampas.

¿Cómo no debería ser un museo?

No puede ser un mausoleo ni un centro comercial. No puede poner una camisa de fuerza a lo que la intenta romper, ni todo lo contrario.

¿Y los tiempos le permiten no traicionar esos ideales?

Son tiempos muy complicados por las presiones de lo espectacular. Vivimos una de las épocas más complicadas en todos los órdenes de la vida, y la cultura no se escapa. La cultura se mueve en la actualidad con una enorme ambigüedad, entre la absorción y la crítica, depende de nosotros que se decante hacia esta última.

¿Se pasará el presidente del Gobierno por el Reina Sofía como hizo con El Prado?

Me consta que se busca un hueco en la agenda del Presidente para asistir a una de las inauguraciones previstas para este año.