LA LECTORA COMO 'CHEERLEADER' DEL INTELECTUAL

"Las mujeres llevamos más de tres siglos convertidas en simples pornolectoras"

Francesca Serra es una reconocida crítica literaria y una importante estudiosa de la literatura de los siglos XVII-XIX. Ha publicado ensayos sesudos sobre Calvino y Casanova,

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"Las mujeres llevamos más de tres siglos convertidas en simples pornolectoras"
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    Francesca Serra es una reconocida crítica literaria y una importante estudiosa de la literatura de los siglos XVII-XIX. Ha publicado ensayos sesudos sobre Calvino y Casanova, pero se hizo famosa en su país, Italia, con Las buenas chicas no leen novelas (Península), un ensayo afilado y provocador sobre la relación que mantienen las mujeres con la lectura. En el libro mezcla argumentos extraídos de la filosofía posmoderna, la sociología de la cultura y la literatura clásica, junto a una buena dosis de provocación que ha sorprendido gratamente en los círculos literarios. Serra ha atendido a El Confidencial con motivo de la publicación del ensayo en España. 

    Su libro comienza con la afirmación de que toda mujer es una pornolectora. ¿A qué se refiere?

    Todas las lectoras están dentro de un sistema de consumo, que las supera, un sistema sexualizado de la cultura del libro. Este sistema comenzó hace tres siglos, aproximadamente, hacia la segunda mitad del siglo XVIII, cuando el libro se convirtió en mercancía y era necesaria la figura de una lectora numerosa, pasional, que consumiera masivamente estos productos. 

    Los hombres no pierden el tiempo leyendo, sus mujeres e hijas sí. Ellas tienen tiempo libre para perderlo. Los hombres nos dedicamos a crear. ¿Ese es el discurso dominante que quiere denunciar?

    Sí, por supuesto. El tiempo de los hombres tiene más valor de mercado, mayor valor de uso y de cambio que el tiempo de las mujeres. Por esta razón el mercado las ha elegido como su público prioritario y las campañas de marketing están destinadas a satisfacerlas. Los hombres se dedican a crear, a la actividad de la autoría, mientras que las mujeres, acostumbradas históricamente al anonimato, siguen siendo consumidoras pasivas.

    Afirma que el intelectual varón que cautiva e instruye a un público femenino no es sólo la fantasía de nuestros intelectuales sino parte de nuestra misma historia.

    Es las dos cosas. Es fantasía ya que forma parte del imaginario masculino de dominación/seducción y al tiempo satisface todas las fantasías masculinas de dominación. La fuerza de esta fantasía es tal que, inevitablemente, se traduce en la realidad. Llevamos tres siglos siendo pornolectoras: al final nos convertimos, aunque no queramos, en ello.

    Da a entender que la literatura está pensada para que los hombres exhiban su ego ante un montón de cheerleaders lectoras.

    En efecto, la vanidad masculina es uno de los motores del sistema-mundo de la lectura. Esta vanidad estimula la creación en sí misma, la ambición de escribir masculina. Las mujeres tienen una función de espectadoras de esta vanidad, de consumidoras de esta vanidad, de receptoras de esta misma vanidad. Sin las mujeres del otro lado, pasivas, sería muy difícil imaginar la vanidad masculina ante la escritura.

    ¿La literatura en manos de las mujeres se asemeja a un vicio inconfesable?

    Esta es la imagen estereotipada de la lectora, pero hoy en día ha cambiado. La lectura no es un vicio, es una actividad que las mujeres llevan a cabo desde un sitio diferente del de los hombres. Los hombres leen con la cabeza, haciendo uso, en esencia, de la razón, mientras que las pornolectoras lo hacen desde la pasión y el consumo voraz, desde el útero, por decirlo de una forma drástica y rápida.  

    ¿Se dice que sólo leen las mujeres cuando en realidad se quiere decir que se están publicando novelas muy malas porque el público que las lee, que es femenino, es bastante corto intelectualmente?

    Aunque nos duela reconocerlo —a todos, a hombres y mujeres— el sistema-mundo editorial está organizado de esa forma. Mientras más bajo es el nivel de las novelas mayor público puede atrapar. Y no olvidemos que esto se trata, desde hace ya mucho tiempo, de tratar al libro como mercancía, como objeto de consumo, no como instrumento crítico para la comprensión del mundo.

    Lo que ocurre en la literatura, ¿no es más que otra señal de que el papel de las mujeres en la sociedad ha de ser completamente pasivo? 

    Evidentemente sí. La literatura es un espejo de la realidad social y cultural, política y económica. Este libro pretende que, al menos, seamos conscientes, las mujeres, de qué está ocurriendo y por qué. Por qué leemos lo que leemos y por qué nos gusta lo que nos gusta. Partimos del arquetipo creado, pero este arquetipo creado para la venta nos ha dominado. 

    Si las buenas chicas no leen novelas, ¿a qué se dedican?

    A cualquier actividad humana que compartan con lo hombres. Es decir, a las mismas cosas que ellos. Por ejemplo, ¿a qué se dedican los hombres cuando no ejercen el poder o ven el fútbol por televisión? A sus cosas, a lo que quieren o pueden. Cada uno a lo que le venga en gana. 

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