ASÍ SON LOS 'PHILOSOPHY CLUBS'

La filosofía sale de la Universidad y vuelve al bar

“La gente quiere reflexionar sobre su vida y vivir plenamente. En ocasiones, el trabajo mecánico del día a día de un profesor o un médico le

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La filosofía sale de la Universidad y vuelve al bar

“La gente quiere reflexionar sobre su vida y vivir plenamente. En ocasiones, el trabajo mecánico del día a día de un profesor o un médico le puede llevar a olvidar la razón última por la que realiza su trabajo. Así que estos profesionales vienen a nuestras reuniones para reflexionar sobre su papel en la sociedad, poner en valor lo que hacen día a día y recordar sus metas. Ofrecemos la oportunidad de plantear ese tipo de preguntas que nos surgen en la vida cotidiana”. Son declaraciones exclusivas a El Confidencial de Jules Evans, uno de los organizadores del London Philosophy Club que tras más de ochenta reuniones ha conseguido tejer una red de dos mil asiduos que se congregan regularmente con el objeto principal de discutir sobre filosofía mientras toman un café.  

Es el nuevo auge de los clubes filosóficos, que comienzan a aflorar a lo largo y ancho del planeta como respuesta a una sociedad en crisis, un porvenir incierto y la sensación de que el mundo contemporáneo nos engulle con su complejidad. Uno puede divagar sobre lo divino y lo humano en los encuentros de la organización del británico Skeptics in the Pub, tomarse un vino en el Café Philosophique de París o echar pestes sobre los sofistas en las reuniones del Socrates Café que organiza por todo el mundo el escritor Christopher Phillips. Y aunque Evans eche de menos una mayor interacción entre los distintos clubes, piensa que dentro de poco conseguirá coordinarlos gracias a una nueva página web que se encuentra en preparación.

“Entre nuestro público hay un alto número de académicos, pero también una gran cantidad de gente que no tiene formación académica, profesionales de todo tipo”, señala sobre los asiduos a los encuentros londinenses. “En lo que coinciden todos nuestros compañeros es en su curiosidad, apertura mental y ganas de aprender cosas nuevas“.

Este tipo de clubes no habrían sido posibles sin la utilización de las redes socialesEvans no es uno de los fundadores del grupo, pero se unió a él después de ser invitado a dar una charla, donde quedó sorprendido por el clima de compañerismo e interés que en él se respiraba, muy diferente del academicismo propio de las discusiones entre filósofos. A pesar de ello, reconoce que “muchas veces estos clubs surgen de los propios Departamentos de Filosofía de las diferentes universidades, como ocurrió en Sheffield o en Australia”, recuerda Evans. “Creo que es muy positivo, ya que es una buena oportunidad de que los académicos se den cuenta de la importancia de su trabajo, que debe trascender los límites de la Universidad, y ello les anima a seguir adelante”.

Reuniones físicas, convocatorias virtuales

“La filosofía sigue siendo necesaria para cada persona a nivel individual, pero también para generar comunidades. Nuestro objetivo es reunir a la gente, discutir tus ideas en público, hacer amigos o conocer otras personas con inquietudes semejantes”, prosigue Evans. “Es igual que en la Antigua Grecia, donde la filosofía era una actividad comunal. La palabra ‘estoico’ proviene del término griego ‘stoa’, que significaba ‘portal’, ya que era en los pórticos de la ciudad donde se reunían. Los epicúreos también vivían juntos, y la Academia de Atenas era el lugar que Platón fundó para discutir asuntos filosóficos. Los griegos entendieron acertadamente que la filosofía era una actividad comunal, no solitaria”

Isaac Newton diseccionaba delfines en las reuniones de su club de amigos durante el siglo XVII, y la Cafetería de Hoxton Square servía de tribunal inquisitorial que juzgaba la cordura o locura de sus acusados en un clima de camaradería y distensión. “Durante el siglo XVII y XVIII, muchos de estos clubes de filosofía tenían lugar en las cafeterías y pubs, y tuvieron una gran importancia en la época de la Ilustración”, señala Evans, reconociendo la relevancia de la interacción pública en la creación del conocimiento filosófico.

“El filósofo Jürgen Habermas afirmaba que algo cambió cuando se inventó la televisión. De buenas a primeras, el hombre era un consumidor pasivo, aislado en su hogar, encerrado en su casa. Esto aparece bien reflejado en el libro de Robert D. Putnam Bowling Alone: The Collaspe and Revival of American Community (Simon & Schuster), que contaba cómo la evolución de la sociedad estadounidense había provocado la desaparición de las comunidades de vecinos durante los setenta y los ochenta, momento en el que la gente deja de sentir la necesidad de salir a la calle para encontrarse con los demás”.

Evans considera que, por muy paradójico que parezca, este tipo de clubes no habrían sido posibles sin el tipo de relación que la red fomenta. “Internet es un medio que, a diferencia de la televisión, favorece la actividad, permite establecer lazos de unión y grupos con intereses comunes. Una página como Meetup fue una herramienta esencial para la difusión de nuestra organización”.

Hacia un conocimiento práctico

La reaparición de este tipo de reuniones se relaciona de manera estrecha con una nueva percepción de la filosofía en la sociedad occidental que, según Evans, ha recuperado su papel práctico y cotidiano frente al más abstracto y erudito que la caracterizó durante gran parte del siglo XX. “Lo que ocurrió es que a comienzos del siglo XX la psicología se separó de la filosofía, que comenzó a ser mucho más analítica y menos práctica. Empezó a preguntarse por cuestiones más áridas y complejas y se convirtió en una disciplina hecha por académicos para académicos. Incluso la filosofía existencialista de Jean-Paul Sartre, que parece relacionarse de forma más estrecha con nuestra vida diaria, resulta muy oscura. No digamos ya la de otros pensadores continentales como Martin Heidegger”.

Los filósofos están saliendo de las Universidades y dirigiéndose a una audiencia generalLa filosofía contemporánea parece estar reconquistando un terreno que había perdido en manos de los libros de autoayuda. Para Evans, ha llegado el momento de que el pensamiento filosófico recupere el terreno y reputación perdidos y vuelva a jugar un papel decisivo en nuestra vida cotidiana. “Creo que en los últimos veinte años ha habido un revival de la filosofía como forma de vida, accesible para un gran público fuera de la Academia”, señala el escritor aludiendo a obras como las de Alain de Botton, que han ayudado a la difusión de la filosofía como guía para desenvolvernos en nuestra cotidianeidad. “Es algo que se remonta a la Grecia clásica, en la que el conocimiento filosófico proporcionaba estrategias y consejos para vivir mejor. Los filósofos están saliendo de las Universidades y dirigiéndose a una audiencia general”.

El propio Evans se ha atrevido a ofrecer su propia contribución con Philosophy for Life and Other Dangerous Situations (Rider & Co.), ensayo editado esta semana en Reino Unido que pronto será traducido al castellano. En él, el escritor detalla cómo consiguió recuperarse de un colapso nervioso gracias a la terapia cognitivo-conductual que, descubrió, se encontraba directamente inspirada por la filosofía griega. “Sócrates decía que la filosofía debe servir para curar el alma del hombre. Justo lo que significa el término ‘psicoterapia’, que se compone de la palabra ‘psico’, ‘alma’, y de ‘terapia’”.

Esta misma noche, en Conway Hall, Evans y sus amigos discutirán sobre el tema en una charla que han denominado precisamente “Filosofía y psicología, ¿una nueva síntesis?”, y que contará con las opiniones de reputados pensadores como el islandés Kristjan Kristjansson, Donald Robertson o Tim Le Bon, que introducirán el tema planteado antes de dividir a la audiencia en pequeños grupos de discusión. El precio de la entrada, una libra, lo suficiente para costear el alquiler del local. ¿Te animas?

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