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La Gran Guerra y la Vanguardia, protagonistas de la nueva temporada del Thyssen

Madrid, gran capital del arte gracias a sus tres grandes museos, ha comenzado su temporada de exposiciones. A la espera de que el Prado inaugure la

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La Gran Guerra y la Vanguardia, protagonistas de la nueva temporada del Thyssen
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    Madrid, gran capital del arte gracias a sus tres grandes museos, ha comenzado su temporada de exposiciones. A la espera de que el Prado inaugure la que seguramente sea la más visitada: Rembrandt, pintor de historias –la semana que viene les hablaremos de ella-, y el Reina Sofía traiga en noviembre una muestra sobre el trabajo de Alberto García-Alix, el Thyssen ha abierto la veda gracias a una muestra dedicada a la Gran Guerra.

     

    Bajo el título de ¡1914! La Vanguardia y la Gran Guerra, el Museo colabora por undécima vez con la Fundación Caja Madrid para ofrecer el fruto de cuatro años de trabajo dirigido por su comisario, Javier Arnaldo, uno de sus conservadores. Gracias a un total de 80 prestadores así como a unas cuantas obras de la propia institución (que sabemos que de grandes ejemplos de las vanguardias históricas está más que surtido), se ha conformado un recorrido en el que se exponen las 222 obras que, en palabras de Guillermo Solana, Conservador Jefe del Thyssen, “ponen de manifiesto que movimientos como el cubismo francés, el futurismo italiano o el expresionismo alemán son aspectos del mismo movimiento creativo”.

     

    Klee, Kandinsky, Marc, Schiele, Brancusi, Chagall, Nolde, Balla, Goncharova, Léger o Grosz son algunos de los 68 artistas representados a lo largo del recorrido que comienza en el Thyssen, donde se hace “énfasis en los aspectos más románticos” de este conjunto de obras, según Arnaldo, y continúa en el gran espacio de la Fundación Caja Madrid, donde “prima la conciencia de la realidad”.

     

    Trayendo a colación las, nunca tan acertadas, palabras de Walter Benjamin afirmando que “No  hay un documento de cultura que no sea documento de barbarie”, Solana hace especial hincapié en que no ha habido guerra como la I Guerra Mundial “que haya transformado tanto a la humanidad”. Y es que la contienda que iba poner fin a tres imperios, que iba a ser una gran maquinaria transformadora de la vieja Europa se convirtió en un monstruo devorador de vidas humanas: las de multitud de jóvenes que acudieron con entusiasmo a la llamada de sus respectivos países.

     

    Magistrales creaciones con un marcado aire apocalíptico

     

    El dolor y el pesimismo está presente en las pinturas de comienzos de la década de los años 10 y así se muestra en los primeros pasos de la muestra bajo la máxima de El oscurecimiento del mundo, pero no en la siguiente parada, La segunda visión, en la que se anticipa “un futuro liberado de los lastres” y se recogen una serie de obras de marcada abstracción y primitivismo con obras de Brancusi, Kupka o Marc. Más adelante, llega el turno de una serie de magistrales creaciones con un marcado aire apocalíptico –es el caso de obras como Reyerta en la galería (1910) de Boccioni-, o ejemplos de la “nueva espiritualidad que ha de imponerse”, que se condensa en la identificación del artista de vanguardia con la figura del caballo.

     

    Llegará después  el desarrollo del cubismo y del futurismo, muy influenciados por una época en que la máquina está poniendo “al descubierto su fuerza destructora”. El movimiento, la tensión y el desplazamiento son energías presentes en las obras creadas en torno al comienzo de la guerra, entre las que diversos artistas son el germen de la abstracción pictórica; Giacomo Balla, Franz Marc, o Kandinsky. Tras todo esto el impacto de la contienda queda grabado en los trazos de muchos artistas que participan en la contienda: dibujos hechos en hospitales de heridos, escenas militares, autorretratos uniformados –como el de Max Beckman como enfermero (1915)- y todo el drama que se vive en las metrópolis entre los civiles que allí intentan sobrevivir..

     

    Con este pistoletazo de salida, el Thyssen pone en un gran nivel la temporada de exposiciones, logrando una muestra con una temática muy potente nunca utilizada con esta profusión de medios. Un valor seguro que no debe obviarse a la hora de planear la agenda cultural.

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