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La Tate Modern explora los años oscuros de Mark Rothko

Una exposición en la Tate Modern londinense explora desde este viernes los últimos años de la obra de Mark Rothko, en los que su paleta fue

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La Tate Modern explora los años oscuros de Mark Rothko
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    Una exposición en la Tate Modern londinense explora desde este viernes los últimos años de la obra de Mark Rothko, en los que su paleta fue oscureciéndose hacia marrones, granates y negros y el artista abordó hasta lo obsesivo las distintas posibilidades de una idea en sus famosas series.

     

    Es precisamente una serie de murales, los que el artista estadounidense pintó para el restaurante Las cuatro estaciones del edificio Seagram de Nueva York, la joya de la exposición, que reúne cincuenta trabajos que Rothko hizo entre 1958 y 1970, año en que se suicidó. Una fase creativa que, en opinión de su hijo, Christopher Rothko, que asistió a la presentación a la prensa, representa lo mejor del trabajo de su padre.

    Una impresionante y espaciosa sala central reúne, por primera vez desde que los pintó entre 1958 y 1959 el célebre artista expresionista abstracto, catorce de esas obras, en la actualidad repartidas por distintos museos del mundo.

     

    Aunque el selecto restaurante sólo podría haber albergado siete murales, Rothko -nacido Marcus Rothkowithz en la entonces ciudad rusa de Dvinsk (ahora Letonia) en 1903- acogió con tanto entusiasmo el encargo que llegó a hacer treinta. En ellos, el artista ahonda en sus campos de color, esas franjas de tonos intensos, interpretadas por algunos como puertas o ventanas, que parecen flotar sobre el fondo del cuadro, creando atmósferas de gran fuerza que cautivan siempre al espectador.

     

    Pero los tonos se han oscurecido. Ya no hay amarillos, ni verdes, ni blancos, sino marrones, granates y negros que brillan incluso en su monocromía. Los murales parecen explorar las múltiples posibilidades de una obra, como si Rothko quisiera decir que ésta podría ser de una forma, pero también de otra, explicó el comisario de la exposición, Achim Borchardt-Hume, en la presentación a la prensa. Porque Rothko estaba convencido de que "si merecía la pena hacer una cosa una vez, merecía la pena hacerla más veces, explorándola, probándola, demandando por su repetición que el público la mirara".

     

    Entendía su obra como "un todo"

     

    Pese al entusiasmo inicial, los murales jamás ocuparon el lugar para el que habían sido concebidos. Horrorizado por la ostentación del restaurante, el pintor decidió que ése no era el contexto apropiado para los mismos y durante mucho tiempo buscó preocupado una nueva ubicación. "Mi padre estaba muy preocupado con la cuestión del espacio", porque entendía su obra como "un todo", recordaba su hijo.

     

    Tras años de deliberaciones, finalmente en 1969 el pintor decidió donar a la Tate Gallery de Londres nueve de los murales -que se han expuesto desde entonces de forma casi ininterrumpida- por su afecto al Reino Unido y a la colección de ese museo, especialmente las obras de Turner. Los murales no llegaron a Londres hasta el 25 de febrero de 1970, el mismo día en que se conocía la noticia del suicidio de Rothko en su estudio de Nueva York a los 66 años de edad.

     

    La exposición, abierta hasta el próximo 1 de febrero, reúne por primera vez los murales Seagram de la Tate con otros procedentes de la colección del Kawamura Memorial Museum of Art, de Japón, y la National Gallery of Art, de Washington. Junto a ellos, otras series famosas, entre ellas varias pinturas Black-Form, hechas en 1964 y que suponen un corte con su trabajo anterior.

     

    Los campos suspendidos de color y los suaves bordes que se habían convertido en su seña de identidad desaparecen para dar paso a unas pinturas que, aunque en apariencia son negras, ocultan múltiples capas y gradaciones de tonos y texturas. En esas obras, la paleta de Rothko lleva un paso más allá los colores crepusculares de los murales Seagram, quizá influido por las tendencias pictóricas en EEUU en esos años, pero también por el deseo del pintor de rebatir la percepción de que su obra era decorativa, explicó el comisario de la exposición. Porque tras años buscando el reconocimiento a su obra, cuando finalmente llegó y se convirtió en un cotizado artista, Rothko se rebeló contra su aceptación por el sistema.

     

    La Tate Modern expone también algunos ejemplos de su última serie, Black on Gray (1969-70), donde el color se ha reducido a una

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