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La íntima relación entre el hombre y su coche

Una exposición de fotografías en el Museo de la Técnica de Alemania en Berlín estudia la estrecha relación que el hombre moderno ha establecido con el

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La íntima relación entre el hombre y su coche
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    Una exposición de fotografías en el Museo de la Técnica de Alemania en Berlín estudia la estrecha relación que el hombre moderno ha establecido con el coche, con el que comparte una complicidad no siempre entendida por las mujeres. Desde hace años, la fotógrafa alemana Brigitte Kraemer se ha dedicado a espiar con su cámara la íntima relación creada entre el hombre y su vehículo, para lo cual ha presenciando decenas de carreras de coches y ferias automovilísticas, y ha recorrido algunos de los desguaces más importantes de Europa.

    En la exposición, que reúne una treintena de fotografías con el título ‘Mann und Auto’, la autora se aproxima a ese mito de la modernidad en el que el hombre reivindica el amor libre a la máquina. Kraemer se adentra intrusa en un mundo dominado por los varones para mostrar que el coche es mucho más que un hobby masculino o un objeto caro y de gran utilidad.

    En sus fotografías, la autora inmortaliza el cariño del hombre por su vehículo, a quien dedica su tiempo libre para limpiarlo y cuidarlo con mimo, como si se tratara de un hijo. Ese 'orgullo de padre' se ve reflejado en los rostros retratados de unos dueños que se apoyan satisfechos en la carrocería de sus bólidos. En ocasiones, este 'parentesco' creado llega hasta límites caprichosos, ya que, en ciertas tomas, auto y hombre se parecen.

    Sentados al volante, ellos se sienten seguros de sí mismos y disfrutan de la conducción veloz, orgullosos de tener bajo control a una máquina tan poderosa; muy al contrario de lo que ocurre en la vida real, donde las relaciones familiares o laborales le resultan mucho más complicadas que la 'amistad' con su coche.

    Pero el concepto moderno de automóvil va más allá del puro músculo: algunas fotografías muestran cómo el coche puede ser un lugar habitable e íntimo, con cocina y bar y decorado con chapas policromadas y calendarios de chicas exuberantes. En otras instantáneas, tomadas en el mayor desguace de Europa, el de la ciudad alemana de Hamburgo, el hombre se mete en las entrañas de la máquina, como el cirujano que opera a un paciente desahuciado.

    En los talleres entra en juego el entusiasmo del hombre por la técnica, una afición muchas veces incomprendida por su pareja, que no entiende la pasión masculina por este medio de transporte.

    La muestra, que permanecerá abierta al público hasta noviembre, supone una reflexión sobre cómo el automóvil se ha convertido en un objeto de culto de hoy, una máquina ansiada y alcanzable para la mayoría de los hombres.

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