Bobby McFerrin: "Escuchar es un arte desaparecido"
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Bobby McFerrin: "Escuchar es un arte desaparecido"

Bobby McFerrin, una de las estrellas de la tercera jornada del Festival de Jazz, ha hablado de la importancia de la música, de oirla con atención,

Bobby McFerrin, una de las estrellas de la tercera jornada del Festival de Jazz, ha hablado de la importancia de la música, de oirla con atención, en una época en la que cree que "escuchar es un arte desaparecido".

McFerrin actuó el jueves por la noche en la playa de la Zurriola junto al Orfeón Donostiarra, con cuyos componentes se reunió apenas media hora porque por lo visto no hay demasiadas cosas que preparar, ya que la improvisación será el hilo conductor del concierto. Ha explicado que no está nada decidido de antemano, pero que la sesión sonará jazz y clásica, y probablemente tendrá también ritmos africanos e hispanos.

Este cantante neoyorquino, de cualidades vocales sorprendentes, conocido en todo el mundo por su Don't worry, be happy, ha dicho en rueda de prensa que las posibilidades de acceso inmediato a todo tipo de música están "sobrepasando" a casi todos, incluido a él, aunque lo que más le preocupa es su efecto sobre los jóvenes. "Hay tal variedad, que los jóvenes pueden quedar atontados para apreciar la música. Lo que me preocupa es que la juventud olvide la necesidad espiritual de la música y sólo la consideren como un entretenimiento más", ha destacado.

McFerrin entiende "cada vez mejor" a Keith Jarrett, el genial pianista que abrió el martes el Jazzaldia, cuando decide abandonar el escenario si no siente que el público presta atención a lo que él hace. "Escuchando la música nos escuchamos también a nosotros mismos. Escuchar es un arte desaparecido", ha asegurado. Ha señalado que, "en cierta medida", en Europa la audiencia le da más opciones de "experimentar" y "hacer cosas nuevas" que en Estados Unidos, donde le suelen recibir más como "una figura del espectáculo" para proporcionar "entretenimiento".

La voces búlgaras y su "increible vibrato"

Fue en Europa también, en Alemania, donde comprobó que incluso a él hay cosas que se le resisten cuando se encontró con las componentes de un coro búlgaro, cuyo "increíble 'vibrato'" fue incapaz de reproducir. Ha dicho que en ocasiones trata de hacer suya la forma de cantar de otras personas, aunque a veces comprueba, como en el caso de esas voces búlgaras, que necesitaría cuatro o cinco meses" para aprender.

McFerrin ha afirmado que sigue disfrutando del trabajo de dirección de orquestas, su otra faceta a la que llegó "por accidente", cuando como regalo de cumpleaños dirigió a la de San Francisco. "Gustó y empezaron a llamar a mi mánager para seguir haciéndolo. Me empezó a divertir y sigo dedicado a esa tarea", ha asegurado el músico, que además de sus incursiones más experimentales, ha puesto su voz a capella a composiciones de los grandes clásicos, como Mozart, Bach, Tchaikovsky, Fauré o Boquerini.

McFerrin no siente como un peso su gran éxito de Don't worry, be happy, una canción que afirma no "odiar". "No la canto en directo desde hace veinte años. A veces, justo el estribillo. Yo no hice nada para promocionar esa canción, no salió de gira y ella sola se ganó la vida. No, no la odio", ha recalcado.

A este músico le precedieron en el cartel del Festival dos voces femeninas, las "potente" de Dianne Reeves y la "suave" de Diana Krall, dos intérpretes "maravillosas", a las que McFerrin recomienda escuchar.

Palau de la Música Jazz Festival de San Sebastián