Gustavo Salmerón vuelve al teatro con 'Barcelona, mapa de sombras'

Diez años después de su última incursión teatral y de haber rodado filmes como Mensaka, Asflato, Fuera del cuerpo o Remake, Gustavo Salmerón regresa a las

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    Diez años después de su última incursión teatral y de haber rodado filmes como Mensaka, Asflato, Fuera del cuerpo o Remake, Gustavo Salmerón regresa a las tablas con Barcelona, mapa de sombras, "una buena oportunidad para volver al teatro e intentar no bajarme del carro, compaginándolo con el cine".

    Tras el respaldo de crítica y público la temporada pasada, el Centro Dramático Nacional repone este texto de Lluisa Cunillé, dirigido por Laila Ripoll, en la Sala Francisco Nieva del Teatro Valle Inclán del 19 de octubre a 3 de diciembre de 2006 con un reparto encabezado por María José Alfonso, Montserrat Carulla y Nicolás Dueñas.

    Son seis personajes en un piso del Ensanche barcelonés, propiedad de un anciano matrimonio que realquila habitaciones para mejorar sus condiciones económicas. En un momento determinado, el anciano reúne a todos para pedirles que se marchen, pues va a morir y quiere estar solo en el tramo final de su vida.

    Gustavo Salmerón sustituye a Roberto Enríquez en el papel de uno de esos realquilados, un joven vigilante de seguridad. "El personaje no tiene una dimensión dramática muy grande, pero a la vez es difícil, un reto. Voy a hacer mi trabajo lo mejor pueda. Esta es una pieza de relojería, como una carrera de relevos, en la que mi misión es no desentonar los minutos que salgo al escenario". "El texto me pareció bastante interesante, retrata una época de transición, entre lo que fue la España de los cincuenta y los tiempos modernos. El paso de los vestigios del franquismo a un país totalmente capitalista y volcado en el consumo. Lluisa te da gota a gota información hasta que completa un cuadro", explica el actor.

    También le sedujo el reparto, en el que figuran "actores míticos", y, sobre todo, el hecho de que "no es una obra pretenciosa" y que la directora le permite experimentar. "Me apetece experimentar y los nuevos retos, pero no me apetece el teatro 'clichetero', anclado en el pasado, ni el innovador pero vacío, ni el institucional", adelanta Gustavo Salmerón sobre sus expectativas en el panorama teatral, del que afirma: "es flojo. Es triste que en España se haga teatro convencional, y cuando se quiera innovar se haga una especie de revival".

    A pesar de su larga ausencia de los escenarios, no teme el regreso porque afirma que en estos diez años "no ha parado de entrenar de puertas hacia adentro. No me siento desentrenado en absoluto". No obstante, siempre impone ponerse delante del público: "es un reto, aunque sea para subirse a un escenario para decir dos palabras. Lo importante es que lo que vea el espectador sea creíble. Crear un ser humano con el que el público pueda identificarse, pero sin que se note el trabajo de construcción que hay detrás", aclara.

    Dirección

    Salmerón, que se adentró en la dirección con el cortometraje Desaliñadas, premio Goya y con un reparto de lujo formado por Candela Peña, Guillermo Toledo y Ernesto Alterio, comenta que este regreso supone para él una curiosa coincidencia: su última incursión teatral tuvo lugar hace diez años, precisamente en el penúltimo montaje que se representó en la desaparecida Sala Olimpia, en cuyo solar se asienta el Teatro Valle Inclán.

    Barcelona, mapa de sombras se programa en la sala pequeña del teatro, donde la cercanía entre el público y los actores se palpa. "Me impone más tener al público lejos, me gusta más tenerlo cerca", afirma el actor, quien reconoce que el "teatro es muy sacrificado", aunque es "gran placer repetir lo mismo todos los días, pero con frescura".

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