'Letras libres' celebra su V aniversario con un encuentro trasatlántico
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'Letras libres' celebra su V aniversario con un encuentro trasatlántico

Con motivo del V aniversario de Letras libres, el director de la publicación, Enrique Krauze, reunió anoche en la Casa de América de Madrid lo que

Con motivo del V aniversario de Letras libres, el director de la publicación, Enrique Krauze, reunió anoche en la Casa de América de Madrid lo que denominó un dream team de historiadores; el quinteto estaba compuesto por los británicos Lord Hugh Thomas y Sir John. H. Elliott, el español Antonio Elorza y el también mexicano –como el propio Krauze- Miguel León Portilla. Estos cinco gigantes de la intelectualidad expusieron, durante una hora y media, cinco puntos de vista sobre las relaciones de ida y vuelta entre España y el país azteca.

A lo largo de estos cinco años esta publicación hispano-mexicana se ha consolidado en el elenco de revistas culturales de nuestro país. Su primer número salió en octubre de 2001 dedicado a la reflexión acerca de los ‘Fanatismos de la identidad’, preparado proféticamente un mes antes. Desde ese momento, Letras libres “ha querido ser una voz liberal y democrática en un mundo plagado por fanatismos mucho más insidiosos y letales que los ideológicos, fanatismos de la raza, la religión, la nación, la clase”.

Abrió la ponencia el propio organizador con un breve recuerdo de los motivos que le llevaron a fundar en España una revista que ya existía en México . De algún modo, la revista fue desde su fundación un homenaje a las recuperadas relaciones entre ambas naciones, pues “todos los hombres de la cultura en México somos hijos, nietos o bisnietos de la España cultural, la España del 98, la del 27, la España de la guerra y la España peregrina”. Este mismo motivo fue reforzado por León Portilla, al recordar con orgullo la inyección intelectual que supuso para México la llegada de los exiliados españoles durante y tras la Guerra Civil.

La presencia en la sala de dos grandes conocedores del pasado hispánico animó el cuadro con el relato imperial de la Nueva España; un representante de Cambridge, Thomas, y un representante de Oxford, Elliott, complementaron quizá sin proponérselo la historia de ida de la vieja y la nueva España, al explicar el primero las difíciles relaciones de la península con la tierra que Cortés acababa de añadir a la hacienda del Rey Católico, y el segundo los motivos que condujeron a la ruptura entre peninsulares y criollos, a lo largo del siglo XVIII.

Si los participantes anglosajones dejaron las relaciones entre ambas naciones en estado de quiebra, la narración de su vuelta había de corresponder a los ponentes hispánicos. Antonio Elorza parte de la situación de divorcio entre una metrópoli que no lamenta demasiado la pérdida de las colonias y unos territorios que exhiben con orgullo su libertad recién cobrada. Lenta y concienzudamente, y pese a las interferencias de los Estados Unidos –que retrasa el proceso de modernización tanto de México, arrebatándole la mitad del territorio, como de España, haciendo lo propio con los restos del imperio-, los puentes entre ambas naciones se van reconstruyendo hasta que el desembarco de la ‘España peregrina’ durante los años 30 y 40 supuso la reconciliación esperemos que definitiva.