Muere el filósofo Julián Marías a los 91 años
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Muere el filósofo Julián Marías a los 91 años

El filosofo y escritor Julián Marías Aguilera murió el jueves en Madrid en su domicilio familiar, a los 91 años, tras una larga enfermedad, según fuentes

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Muere el filósofo Julián Marías a los 91 años

El filosofo y escritor Julián Marías Aguilera murió el jueves en Madrid en su domicilio familiar, a los 91 años, tras una larga enfermedad, según fuentes familiares. Sociólogo, ensayista, discípulo de José Ortega y Gasset, autor de 60 libros, académico de la Lengua y Bellas Artes y Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, Marías dedicó su vida al estudio y la filosofía "siempre con independencia", como le gustaba subrayar. Nacido en Valladolid en 1914, entre sus obras destacan Historia de la Filosofía, Idea de la metafísica, La escuela de Madrid, Antropología filosófica y España inteligible.

"He ido dejando pasar las vigencias, las modas, lo que se lleva: escolásticas, existencialismo, estructuralismo, filosofía analítica, marxismo", decía Marías, para quien su maestro, Ortega, era "la gran figura intelectual del siglo XX en filosofía, y no sólo en España".

El pensador mantuvo con él una relación de 23 años -lo conoció en 1932-, y no dejó de remitirse a su obra y en la que tuvo siempre su raíz y su fuente, según declaraba.

"Ortega murió a los 72 años, y yo he vivido unos cuantos más", decía Marías no hace tanto tiempo, como dando por bueno y por cerrado un ejercicio de profecía, "ese cálculo y esa diferencia de vidas vividas".

El escritor, que tras la Guerra Civil pasó tres meses en la cárcel, delatado por alguien cuya identidad nunca desveló, sólo accedió a la universidad española, como profesor, en 1980 -se jubilaría cuatro años después- y solía decir que la cultura oficial no le había admitido nunca, ni siquiera después de muerto Franco, lo que tal vez contribuyó a que su sentimiento de independencia arraigara aún más.

Idéntica actitud demostró cuando, en 1976, fue nombrado senador por designación real y durante los sucesivos gobiernos democráticos, entre los que, decía, sólo se había sentido a gusto -de 1976 a 1981- con Adolfo Suárez.

Le gustaba destacar que la misión de los intelectuales es "ver las cosas y decir lo que ha visto, pase lo que pase", y, con ocasión del Premio Príncipe de Asturias, ganado "ex aequo" con el periodista italiano Indro Montanello, expresó su esperanza en que el siglo XXI, superada la desorientación que él detectaba en el tiempo presente, sería el del renacer de la filosofía.

Por encima de ésta, sin embargo, y como "lo más importante" de su vida, colocaba Marías el amor que sintió siempre por su mujer, Dolores Franco Manera, a quien conoció en la Universidad, donde ambos cursaron Filosofía y Letras, y después de cuya muerte, en 1977, se sintió sólo "un superviviente".

Se declaraba a menudo contra el igualitarismo del hombre y la mujer, "porque no somos iguales", argumentaba, y porque, recurriendo a la terminología orteguiana, veía una razón vital masculina y una razón vital femenina, "dos formas de razonar distintas".

"Tengo entusiasmo por la mujer, que por lo menos es tan persona como el hombre", pero "ve la realidad de otro modo. Esa es la gracia, lo valioso de la humanidad", afirmó en alguna entrevista el pensador, que abordó el tema en Antropología metafísica y para quien el único problema estaba "en que hay mujeres que no quieren ser mujeres".

Las tres plagas

El terrorismo organizado, la droga y la aceptación social del aborto eran las tres plagas de las que en los últimos años hablaba el filósofo, que era cristiano y tuvo siempre fe religiosa, aunque con momentos de dudas, y que decía de Unamuno que "tuvo unas intuiciones trascendentales, pero no creía en la razón".