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Pedro Sánchez se ha empeñado en que pienses que es buena gente
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Rubén Arranz

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Pedro Sánchez se ha empeñado en que pienses que es buena gente

Se trata de construir a un Sánchez paralelo a Sánchez que resulte intachable; y que ayude a transmitir a la opinión pública que la crispación no es cosa suya.

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (TikTok)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (TikTok)
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No suele ser recomendable enseñar la decoración de tu despacho a partir de los 50 si no quieres que te pregunten si te acabas de divorciar, pero la comunicación política española avanza por esos derroteros y ha obligado al presidente del Gobierno a asumir ese tipo de riesgos. Tal es así que ahora le graban mientras ejerce de cicerone en Moncloa e incluso le impulsan a anunciar el récord de afiliados a la Seguridad Social como lo haría un influencer. ¿Estas cosas funcionan? He aquí la duda. Las sociedades democráticas se articulan a partir de la concepción de los individuos como 'libres e iguales', pero cuesta pensar que alguien que pica esos anzuelos a estas alturas se encuentra en condiciones de ejercer con plenas garantías alguna de esas dos facetas.

Parece improbable, pero a lo mejor hay quien está dispuesto a cambiar el sentido de su voto porque Pedro Sánchez tiene sus mismos gustos musicales o porque guarda la botella que le regaló un refugiado para no olvidar el sufrimiento del pueblo palestino. Es de suponer que quien ha orquestado esta campaña de imagen confía en que estos gestos van a funcionar, al revelar la faceta más humana del presidente, que es la que se esconde detrás de la política; desgastada tras ocho años en el cargo, pero la cual representa tan sólo una pequeña parte de la totalidad de esa gran persona. De alguien que es capaz de calzarse el lunes la camiseta de la selección española, de presentarse el martes como la antítesis de Trump, de aleccionar el miércoles a Núñez Feijóo sobre etnografía iraní y de recomendar el sábado un disco de Rosalía y un libro de Cercas. ¿Qué necesita usted que sea su presidente? ¿Anfitrión, lector, ciclista...?

Este intento de construir un Sánchez polifacético y blindado contra la concupiscencia funcionaría mejor en 2016, pero ahora, con todo lo recorrido, puede llegar a sonrojar y, desde luego, parece bastante fácil de desmontar. No hace falta recurrir a sus grandes escándalos institucionales para conseguirlo: basta con observar lo pedestre, donde se halla la propaganda más machacona, en la que invierte una cantidad enorme de tiempo y recursos; y la cual distribuye en espacios que no debería controlar si no se hubiera dejado llevar por los peores vicios del gobernante, que no son precisamente propios de personas de la altura que intenta aparentar.

Sánchez, contra la realidad

Puede parecer un ejemplo menor, pero diría que resulta representativo. Fue el pasado octubre cuando Sánchez se prestó a enviar un mensaje a la profesora de la hija de Jorge Ponce, uno de los compañeros de tareas de David Broncano. Decía lo siguiente: “Querida Sonia, soy Pedro Sánchez. Deja a las niñas hacer lo que quieran”. Dos meses después, la televisión pública aprobó su renovación para las próximas dos temporadas, a razón de 30 millones de euros, con los que pueden pagarse muchos bienes y servicios, incluso el mejor colegio privado de Madrid, donde hay profesoras mucho mejores que Sonia.

Foto: pedro-nunca-va-a-tratar-por-igual-a-la-prensa-facha

En la planta noble de la corporación siempre han negado que este programa se contratara por una cuestión política. A lo mejor mienten o a lo mejor dicen la verdad, pero lo que resulta innegable es que han participado en la última estrategia mediática de Moncloa, consistente en construir a un Sánchez paralelo a Sánchez que resulte intachable y bondadoso; y que ayude a transmitir a la opinión pública que, por si cabía alguna duda, la crispación es responsabilidad exclusiva de la derecha. Nunca de una buena persona a la que atacan por el mero hecho de alinearse en contra de los intereses "de los lobbies oscuros" que intentan secuestrar al país.

Ningún dirigente podría realizar ese tipo de ejercicios en medios de comunicación que no controle, pero resulta que en este caso tiene alfombra roja sobre una empresa que es pública y que debería emplearse de forma totalmente independiente. Le ha costado lo suyo: toleró conspiraciones contra dos presidentes e impulsó una reforma legal para situar a uno nuevo y rodearlo de una mayoría de consejeros afines. Acciones similares ha impulsado en distintas instituciones. Donde tocaba y donde no. Donde podía y donde lo hizo posible, pese a que no era recomendable. De ahí la dificultad de intentar aislar de su pasado al personaje y, por supuesto, de considerarle como una mera víctima de la polarización. ¿Acaso no la ha fomentado su Gobierno?

Sólo una epidemia de amnesia haría olvidar la forma en la que defendió a “Santos Cerdán y a su familia” o a José Luis Ábalos tras su cese, que contrastan con la hostilidad que su Gobierno empleó con varios de quienes se han interpuesto en sus intereses, tanto en lo político como en lo público-empresarial y en lo mediático. Unos han sido 'contratados', mientras que otros han sufrido la furia del poder en su modalidad más cruel.

placeholder El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (Europa Press)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (Europa Press)

¿Cómo tragarse, entonces, este intento de venderse ante los ciudadanos como un luchador contra la hostilidad en la esfera pública? El propio Sánchez fue quien sacó de los tugurios periodísticos el término “fachosferapara definir a la prensa que “polariza, insulta y genera desconfianza”, a la que, por cierto, recurre alguna vez desde el Congreso de los Diputados para atacar a un portavoz de la oposición cuando sus noticias le convienen.

Fue también él quien importó la expresión “máquina del fango” para denunciar a quienes intoxican la esfera pública con noticias falsas, que, por supuesto, siempre son los que escriben contra él; nunca los que atribuyen dos DNI al juez que instruye la cuestión de su mujer o quienes mienten sobre el desempeño profesional de la esposa del jefe de la oposición.

Un gran ser humano

Digamos que aquel plan no salió del todo bien porque la corrupción cada vez afectó a más personas de su entorno y eso hizo imposible silenciar las críticas con exhibiciones de dignidad y pureza democrático. ¿Cómo alguien se lo iba a creer mientras la UCO visitaba Ferraz? A la vista de ese fracaso, parece que ahora el plan es menos ambicioso, aunque no más difícil. Consiste en transmitir que el presidente es un buen tipo cuando se quita el traje de faena; y que si alguna vez se mancha las manos no es por afán de polarizar, sino porque en política es muy difícil regresar a casa sin las botas manchadas de barro, como sucede con la pocería... o con la fontanería.

Foto: caballos-troya-sanchez-redefinir-mapa-mediatico

La estrategia de camuflar el desgaste bajo una especie de desdoblamiento, a lo ciudadano Kane o Don Draper, resulta peliculera hasta el extremo; e incluso artificiosa o populachera. ¿A quién se le ocurrió calzarle una camiseta de la selección para vender un 'dato macro'? Es como si el espíritu de Iván Redondo se hubiera manifestado en alguna habitación de Moncloa y susurrara al oído del presidente consejos para llegar al corazón del ciudadano. Para transformarse en el político al que elegirían los españoles para irse de cañas, al margen de minucias como el caso mascarillas, los rescates de la pandemia, el Plan de Acción por la Democracia o las presiones sobre el Ibex, los medios públicos y privados, la oposición y los jueces.

Quizás no calibraron bien los asesores el penúltimo vídeo de sus usos y costumbres: mostraba al presidente encendiendo una barrita de incienso en su despacho. Sin pretenderlo, resumieron el problema de toda la estrategia. Hay olores que ningún ambientador neutraliza, porque no vienen del despacho sino de quien lo ocupa. Las barritas orientales perfuman el aire, pero no limpian el historial. Aun así, estas apelaciones infantiloides a las emociones más básicas de los ciudadanos son un buen medidor sobre si la misantropía está o no justificada. A veces, permiten descubrir que el principal problema no está en las alturas. A lo mejor esta estrategia mediática es brillante, aunque revele algo trágico.

No suele ser recomendable enseñar la decoración de tu despacho a partir de los 50 si no quieres que te pregunten si te acabas de divorciar, pero la comunicación política española avanza por esos derroteros y ha obligado al presidente del Gobierno a asumir ese tipo de riesgos. Tal es así que ahora le graban mientras ejerce de cicerone en Moncloa e incluso le impulsan a anunciar el récord de afiliados a la Seguridad Social como lo haría un influencer. ¿Estas cosas funcionan? He aquí la duda. Las sociedades democráticas se articulan a partir de la concepción de los individuos como 'libres e iguales', pero cuesta pensar que alguien que pica esos anzuelos a estas alturas se encuentra en condiciones de ejercer con plenas garantías alguna de esas dos facetas.

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