Es noticia
Menú
Perro sí come perro: el hombre que más sabe sobre guerras mediáticas tiene algo que contarte
  1. Comunicación
Entrevista a J. F. Lamata

Perro sí come perro: el hombre que más sabe sobre guerras mediáticas tiene algo que contarte

El creador de la Hemeroteca el Buitre, nuevo colaborador de El Confidencial, analiza las claves de las luchas de medios en España. Cuando los periodistas se tiran los trastos a la cabeza por motivos políticos o empresariales

Foto: Entrevista a Juan Francisco Lamata. (S. B.)
Entrevista a Juan Francisco Lamata. (S. B.)

Perro devora perro. Guau.

El gremio periodístico tiende a los arrebatos corporativos y la industria de la comunicación suele verse (desde fuera) como un todo perverso y monolítico (el "¡Esto no lo leerás en los medios!"). Por todo ello, la sentencia "perro no come perro" (léase: los medios no se critican entre sí porque se protegen entre ellos) es ya un lugar común de la democracia. Aunque el dicho tiene parte de verdad —los periodistas se lo piensan dos veces antes de criticar a un medio de su grupo (o afín al mismo)—, no es menos cierto que las peleas de perros son un clásico del periodismo español.

Si 1888 es el turrón más caro del mundo, el hombre que más sabe de trifulcas mediáticas de España es J. F. Lamata, creador de la Hemeroteca del Buitre y autor de la tesis 'Enfrentamientos entre empresas de comunicación a través de sus medios' (1977-2018). Lamata ha empezado a publicar la Hemeroteca del Buitre en El Confidencial. Vídeos sobre la actualidad mediática en contexto histórico.

Foto: hemeroteca-buitre-periodista-cloacas-villarejo

A caballo entre la historia y el periodismo, Lamata analiza en esta entrevista las causas y límites de las guerras mediáticas en España.

PREGUNTA. Al contrario que el español medio, usted sí cree que perro coma perro…

RESPUESTA. Periodismo y canibalismo son sinónimos. No conozco ningún periodo de la prensa en España sin desafíos o peleas entre perros rivales. En todo caso, sería más preciso decir: perro sí come perro; perro no come perro cuando trabaja para su misma empresa. De hecho, estos días estamos viendo a muchos periodistas cambiando de relato tras cambiar de empresa…

P. ¿Se refiere al caso Villarejo/Ferreras/Iglesias?

R. Sí.

P. Siga…

R. Javier Ayuso [experiodista de 'El País' que trabajó en Casa Real] publicó el otro día un tuit denunciando que Villarejo había sido fuente de periodistas de 'El País' y Prisa. Según Ayuso, José Antonio Hernández, José Manuel Romero y Ana Terradillos fueron fuentes de Villarejo. ¿Qué pasa? Que cuando Ayuso publicaba en 'El País' reportajes sobre los periodistas afines a Villarejo nunca mencionó que algunos trabajaban con él en 'El País'. Perro come carne de perro… a la carta.

P. Gran parte de lo que ocurre en los medios suele leerse en clave política, pero los intereses empresariales a veces pesan más que los ideológicos, o al menos están entrelazados. Por bajar el asunto a tierra: lo que usted llama la segunda guerra de medios en España, la ocurrida durante el tardofranquismo entre la prensa falangista y la prensa tecnócrata, suele explicarse estrictamente en clave ideológica o de luchas de poder, pero ¿había también intereses comerciales en juego?

R. Las batallas entre medios de comunicación tienen siempre vasos comunicantes: son luchas por el poder, por la influencia y por los recursos económicos. No siempre hay conspiraciones políticas raras detrás: a veces son medios peleando por el mismo nicho de mercado.

En la primera gran guerra de medios, hace un siglo, ocurrida por una regulación gubernamental del precio de la prensa, la batalla fue más económica que política, con periódicos de ideologías diferentes en el mismo bando.

Pero la segunda guerra de medios fue un poco diferente. Los periódicos chocaron al calor de la nueva libertad de prensa (entre comillas) de la ley Fraga. Como entonces no había partidos políticos, los periódicos jugaban el rol de partidos de las diversas corrientes del régimen, de las familias de la derecha.

Por una parte, fue una batalla por posicionarse en la sucesión al trono, con los medios falangistas ('Arriba', 'Pueblo') apostando por el hijo (Juan Carlos) y los del Opus ('Madrid', 'Nuevo Diario') por el padre (Don Juan).

Pero todo ello con trasfondo de intereses empresariales, y no solo porque los ministerios económicos estuvieran en la órbita del Opus Dei. Muchos periódicos estaban vinculados a la banca privada, el accionista de referencia del diario 'Madrid' era el Banco Popular, y los directivos del grupo PESA, dueños de 'Nuevo Diario' y 'El Alcázar', eran también directivos del Banco Atlántico. Los medios falangistas, por el contrario, eran defensores de la banca pública.

En resumen, batalla política con clara deriva financiera.

"No hay batalla mediática, por política que sea, sin batalla económica detrás"

P. Llegada la democracia, se produjo el alineamiento de los periódicos con los partidos políticos, pero no siempre por motivos ideológicos, también empresariales, ¿verdad?

R. ¿Por qué montó Luis del Olmo una campaña contra Alfonso Guerra? ¿No le gustaban sus políticas? ¿O fue porque, en 1989, Del Olmo salió mal parado de un concurso de licencias radiofónicas y culpó de ello a Guerra? ¿Por qué hizo Federico Jiménez Losantos campaña por Esperanza Aguirre? ¿Porque le gustaban sus políticas o porque se benefició del reparto de licencias de Aguirre? 'El País' y la SER cargaron contra el Gobierno del PP en la guerra del fútbol. ¿No les gustaba Aznar o no les gustaba que Prisa perdiera el monopolio de los descodificadores? ¿Las dos a la vez? Siempre planea la duda.

No hay batalla mediática, por política que sea, sin batalla económica detrás. Los medios son también un negocio.

"El fuego mediático está siempre en Madrid"

P. ¿Cuándo un medio critica a otro es porque quiere algo?

R. Hay muchos motivos. Puede ser un: "No te fíes de este medio, fíate del mío". O tratar de que el consumidor salte del nicho de tu competidor al tuyo.

Cuando lanzó 'El Mundo', el discurso de Pedro J. Ramírez era: no consuma usted 'El País', que está sometido a los negocios de Polanco, compre usted mi periódico, que es libre y no tiene cargas políticas.

Es una estrategia habitual.

Àngels Barceló ha llamado esta semana a la "catarsis" periodística como respuesta al escándalo Villarejo. Según Barceló, la profesión necesita una catarsis para regenerarse. Pero yo no veo autocrítica ahí, sino crítica a la competencia. A mí las palabras de Barceló me sonaron a: "Yo nunca he estado con Villarejo, usted debe consumirme a mí, que estoy limpia, no a la empresa rival, donde trabajan señores que no están limpios".

P. ¿Queda alguien que pueda sostener sin ruborizarse el discurso "¡Qué escándalo! ¡En este bar se juega!"?

R. El pasado (la hemeroteca) acaba atrapando a casi todo el mundo en este caso.

Un Pablo Iglesias más habilidoso hubiera debido sorprenderse más por el audio de Villarejo y Ferreras. Lo digo porque, al admitir Iglesias que Ferreras le informó, en 2016, de su conversación con Villarejo, se le podría acusar de no haberlo denunciado entonces. ¿Por qué no lo hizo? Porque antes tocaba llevarse bien con La Sexta y ahora no. Podemos no empezó a criticar a La Sexta por hacer mal periodismo hasta 2019. Fue también cuando Jaume Roures, fundador de Mediapro y 'Público', empezó a criticar duramente a Ferreras. Habían cambiado las alianzas y la alineación de los astros [Roures dejó de controlar la Sexta en 2011, tras la fusión con Atresmedia, pero siguió siendo accionista influyente del grupo hasta 2019, cuando vendió el 4,2% que le quedaba en Atresmedia].

Por otro lado, no deja de ser gracioso que La Sexta denuncie ahora una campaña de acoso de sus competidores, cuando creció como cadena con una serie de programas ('Sé lo que hicisteis…', 'El Intermedio') que se dedicaban casi en exclusividad a burlarse de sus competidores, como bien recordará Paolo Vasile.

P. Cuando uno pasa a formar parte de un gran grupo mediático es más difícil seguir haciendo el gamberro contra la competencia, ¿no?

R. Sí. Cuando empezó, 'El Mundo' tenía una sección potente de crítica de medios; donde trabajaba, por cierto, Javier Bardají, ahora consejero delegado de Atresmedia. La sección desapareció cuando 'El Mundo' se convirtió en un gran grupo.

Lo del "yo soy el único medio independiente y los demás una panda de vendidos" es un buen trampolín para ciertos medios. A eso jugaron muchos años Antonio Herrero o Jiménez Losantos en la radio, en contraste con la todopoderosa y malvada Prisa. Es una estrategia divertida, pero con límites: cuando se descubre que has recogido sobres en Génova 13 para cubrir la ampliación de capital de 'Libertad Digital', tu discurso antisistema mediático se tambalea un poco…

"Periodismo y canibalismo son sinónimos"

P. Las guerras mediáticas en España tocaron techo con los choques entre 'El País' y 'El Mundo', o sea, entre Pedro J. y Cebrián. Aquí se mezcló lo periodístico, lo ideológico y lo económico (con las concesiones televisivas de fondo) en un todo difícil de separar, pero, además, estaba el factor personal: la lucha por ser el editor macho alfa de la prensa española, ¿verdad?

R. Además de todo ello, Pedro J. y Cebrián acabaron en fuera de juego casi al mismo tiempo (o sea, ambos siguen operativos, pero lejos de sus mejores tiempos de influencia).

La etapa más salvaje de la guerra de medios, en la que participaron activamente 'El País' y 'El Mundo', se desarrolló durante la primera legislatura de José María Aznar. Y no por casualidad.

Esos años, hubo un proceso en la Audiencia Nacional contra Jesús Polanco, dueño de Prisa, y Cebrián. Se filtró el vídeo sexual de Pedro J. Ramírez. Hubo un polémico cambio de propiedad en Antena 3. Se abrió un proceso contra directivos de Telecinco. En definitiva, se volvieron todos un poco locos.

La culpa fue colectiva, pero, por voluntad propia o por incapacidad, Aznar fue corresponsable de la guerra mediática por sus excesos intervencionistas. Del uso de Telefónica para montar (con bastante dinero público) un grupo mediático afín al Gobierno a la aprobación de un decreto ley para perjudicar a Prisa en la guerra de los descodificadores; decreto que, por cierto, tumbó luego Europa, obligando al erario público a pagar una multa a Prisa.

Es verdad que veníamos de años de mayorías absolutas del PSOE y que, al cambiar los reguladores, el reordenamiento de los medios era inevitable, pero generó una guerra salvaje.

En cualquier caso, las batallas casi nunca son personales. Cebrián y Pedro J. parecen tener ahora una relación cordial: a Cebrián le han entrevistado en 'El Español', algo impensable hace años. La guerra era entre directivos de empresas; cuando Cebrián y Pedro J. dejaron sus puestos en Prisa y Unidad Editorial, no tenía sentido que siguieran atizándose entre ellos, más allá de rifirrafes esporádicos sobre quién hizo qué el 23-F.

Es algo parecido a lo que pasó en la guerra García versus De la Morena. Ahora se llevan bien. No era nada personal: solo negocios.

P. El curso pasado hubo un gran pique político y empresarial entre tertulias televisivas rivales: 'Al rojo vivo' de Ferreras contra 'Las cosas claras' de Jesús Cintora. ¿Cuáles fueron las claves del duelo?

R. Siempre ha habido batallas televisivas de ese tipo: Javier Sardá contra Pepe Navarro o María Teresa Campos contra Ana Rosa Quintana. Lo llamativo del Ferreras versus Cintora es que fue en dos 'rounds'.

Fue la lucha de dos programas que competían por el mismo nicho: consumidor de política con enfoque progresista, pero hubo muchas más cosas, fueron dos asaltos con contextos bien diferentes.

El primer asalto (2013/2015) fue una batalla por ver quién atacaba mejor al Gobierno Rajoy, si Ferreras o Cintora. Ataques, ojo, desde las dos patas (Cuatro y La Sexta) del duopolio televisivo (Mediaset y Atresmedia), en un momento en que el duopolio estaba enfadado con el Gobierno por permitir que el Supremo se cargara algunos de sus canales. Tanto 'Al rojo vivo' como 'Las mañanas de Cuatro' funcionaron muy bien esos años gracias a que el PP les 'hacía' la escaleta diaria con sus numerosos escándalos (Granados, Púnica, etc.). El fin del primer asalto coincidió, y quizá no por casualidad, con el fin del contencioso del duopolio con el Gobierno Rajoy tras un acuerdo extrajudicial (el duopolio perdió canales, pero no tantos como estaba previsto).

El segundo asalto, entre 'Las cosas claras' y 'Al rojo vivo' se puede leer en clave: Podemos contra La Sexta. O pablismo contra Ferreras. Fue un intento serio de TVE por rascarle audiencia a 'Al rojo vivo'. ¿Por qué perdió la batalla ‘Las cosas claras’ al retirar TVE el programa? Tuvo que ver con cambios en el equilibrio interno del Gobierno PSOE/Podemos. Los consejeros de Podemos en RTVE se quedaron solos defendiendo el programa, que perdió el apoyo de los consejeros del PSOE.

"Una cosa es que el sector de la comunicación sea un campo de minas, y otra que el cambio político en España se produzca por influencia mediática"

P. Sostiene que las grandes broncas mediáticas se producen siempre en Madrid. ¿Por qué?

R. Ha habido guerras mediáticas en la prensa regional, pero el tamaño, repercusión y brutalidad de las de Madrid no tiene comparación. En Madrid está el poder y la influencia. Hasta hace poco, las escaletas televisivas vivían de las portadas de los periódicos de ámbito nacional. En España ha habido poca tradición de televisiones y radios generando contenido político propio, vivían de lo que decían los periódicos, lo que amplificó el alcance y la importancia de los rotativos madrileños. La agenda política del día, y la agenda de las tertulias televisivas y radiofónicas, la marcaban las portadas de los periódicos de Madrid.

Los periódicos mandaban y las guerras empresariales eran feroces. De hecho, nadie se metió con el grupo Correo [ahora Vocento tras su fusión, en 2011, con Prensa Española] hasta que desembarcó en Madrid desde 'ABC'. Igual que nadie hablaba de Roures hasta que fundó 'Público'. El fuego está siempre en Madrid. Cuando desembarcas en Madrid, te dicen: "Bienvenido al 'ring'. Póngase estos guantes de boxeo y buena suerte".

P. Manuel Aznar, abuelo periodista del expresidente Aznar, dijo (hace medio siglo) que el periodismo en España era un campo de minas. Entiendo que lo sigue siendo…

R. La política es un campo de batalla, una lucha por el poder. El sector de los medios, también, es lucha y competencia. Aznar se lo advirtió a Escrivá de Balaguer: si usted entra en los medios de comunicación, le empezarán a atacar. Y así ocurrió.

Pero una cosa es que el sector de la comunicación sea un campo de minas, que lo es, y otra que todo cambio político en España se produzca por influencia de los medios, que es lo que propagan Losantos e Iglesias, pero también (involuntariamente) el resto de periodistas, a los que le gusta exagerar su importancia.

Es un recurso facilón achacar todo lo que pasa en España a la prensa.

Jaime Castellanos, expresidente de Recoletos, me contó una vez que Florentino Pérez le llamaba a diario para quejarse de artículos sobre el Real Madrid publicados en ‘Marca’, pero jamás le llamó para quejarse de informaciones sobre ACS publicadas en 'Expansión'. Lo que quiero decir es que las cosas del poder son a veces extrañas e imposibles de interpretar con un mero brochazo.

Perro devora perro. Guau.

Medios de comunicación Comisario Villarejo
El redactor recomienda