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Ha muerto Gonzalo López Alba: nada menos que un 'plumilla'

Tres veces buscaste tú el traje negro en el armario y este lunes, noticia por el blanco, obligas a la profesión a vestir de luto

Foto: Gonzalo López Alba. (Inma Mesa)
Gonzalo López Alba. (Inma Mesa)

"He buscado en el armario mi traje de luto. Es la tercera vez que me toca ponérmelo en mis 36 años de dedicación al periodismo...". Así arrancaba Gonzalo López Alba (Villafranca del Bierzo, 1959) su artículo de despedida en 'Interviú' el pasado 29 de enero. El cierre de la revista en la que mantenía una columna semanal le supuso un duro golpe: se le derrumbaba la última conexión con el periodismo de papel y le obligaba a reconocer que, esta vez sí, ya nada sería igual.

Gonzalo, un periodista solitario y envuelto en negro, como las entrañas de su tierra, fue maestro para muchos y ejemplo de dedicación a lo que él denominaba "sacerdocio laico": el periodismo. Como el protagonista de su novela 'Los años felices', Fausto Aretino, Gonzalo llegó a Madrid cuando la Transición bullía y los periodistas se creían capaces de escribir la historia. Se licenció en la Complutense y en León dejó a su madre, por la que sentía veneración. Tras un breve paso por Radio Cadena Española en Tenerife y Madrid, formó parte en 1982 de la redacción fundacional de OTR/Press. Allí se especializó en lo que sería con los años un auténtico maestro y ejemplo para todos los que pretendían hacer periodismo en el Congreso: la información política y parlamentaria.

En 1986 entró a formar parte de la redacción de 'ABC', en el viejo palacio de la calle de Serrano, donde se encargó del seguimiento del Gobierno y del PSOE. En 1989 pasó a 'Diario 16' y en 1990 se integró en la redacción fundacional de 'El Sol' como redactor jefe de Nacional, puesto que ejerció hasta el cierre del diario, en 1992. Fue la primera vez que tuvo que sacar su traje de luto para poner fin a un proyecto "que quiso luchar contra la tiranía de 'El País', que entonces repartía credenciales de quién era y quién no periodista", según sus propias palabras.

Su figura en Ferraz crecía al mismo ritmo que sus exclusivas sobre los gobiernos de González. La llegada de Zapatero al poder le dio otro espaldarazo

Ese mismo año volvió a 'ABC'. Su figura en Ferraz crecía al mismo ritmo que sus exclusivas sobre los gobiernos de Felipe González y la vida orgánica del PSOE. La llegada de José Luis Rodríguez Zapatero al poder no hizo sino darle un nuevo espaldarazo: fue Gonzalo López Alba el primero en dar crédito a aquel diputado de León, como él, que en torno a los cruasanes de Trini Jiménez, Pepe Blanco o Jesús Caldera se encaramó a la cima del PSOE, primero, y del Gobierno del país después. Y todo ello lo contó Gonzalo desde las páginas de 'ABC', en cuya sección de nacional tuve la suerte de dirigirle y aprender con él.

Lector compulsivo —aprovechaba los tiempos muertos de la hora de comer para devorar libros de pensamiento y política tumbado entre dos sillas de la sección—, solo interrumpía la lectura o el tecleo ante el ordenador para llamar a su madre, anciana en Villafranca, y a quien cuidó día y noche hasta su muerte, hace ya varios años.

Gonzalo acabó yéndose de 'ABC' a 'Público', tentado por una oferta escandalosa de Jaume Roures —"no intentéis igualarla, no podéis", nos dijo al director del periódico entonces, José Antonio Zarzalejos, y a mí—. Y Gonzalo se fue a 'Público'. Pero la aventura de Roures se cerró de mala manera, con los trabajadores en el Fogasa, y Gonzalo tuvo que ponerse otra vez el traje negro.

En El Confidencial

Nos reencontramos en El Confidencial. Era junio de 2012. Él no quería —pese a los intentos del director, Nacho Cardero— volver a integrarse en una redacción 'full time'. Le había entrado el gusanillo de la novela y quería tiempo para escribir, así que su cita con los lectores de El Confidencial fue a través del blog 'Interiores' y una historia sobre el PSOE una vez a la semana. Llegaron los tiempos convulsos en Ferraz, pocos acertaron en lo que habría de suceder en la guerra entre Pedro Sánchez y Susana Díaz, pero Gonzalo volvió a hacer gala de que solo entendía el periodismo de una manera: se equivocó y lo dejó. El 2 de junio de 2017, cinco años después de comenzar a colaborar, explicaba sus "errores de análisis en la campaña de las primarias del PSOE" y anunciaba un cierre "temporal" de su blog...

Gonzalo volvió a hacer gala de que solo entendía el periodismo de una manera: se equivocó y lo dejó

En aquella carta, Gonzalo resumía su manera de entender el periodismo: "Plumilla' es el único título del que me considero justo acreedor. Es posible que me haya podido la vanidad o la soberbia de creerme columnista, es decir, alguien que no informa, sino que analiza y opina". Y decidió parar.

Desde entonces, se dedicó a escribir. Soltero y sin apenas ataduras familiares, al menos ninguna en Madrid, Gonzalo sí tuvo tres hijos. El primero, 'El relevo', libro en que analizó la llegada de Zapatero a Ferraz. El segundo, una novela, 'Los años felices', que narra la llegada de Fausto Aretino, un periodista de un pueblo leonés al Madrid de la Transición —¿les suena— y su propio periplo desde la inocencia a la caída brutal de la crisis económica y de ilusiones. Su tercer hijo, 'My Dear Love', lo editó el año pasado por Amazon. Hablaba de la soledad y el lado oscuro de las redes sociales. Gonzalo lo resumía premonitoriamente: "Hemos roto las barreras comunicativas pero estamos más aislados que nunca".

El cierre de 'Interviú' le obligó a buscar el traje de luto por tercera vez. Inició dos nuevas colaboraciones en 'Voz Pópuli' e 'InfoLibre' y, gracias a un amigo, recaló en las tertulias de TVE donde debutaba el pasado viernes (¡él, que odiaba el periodismo de los tertulianos!). El fin de semana, compañeros y políticos hablaron con él. Seguía obsesionado con saber el impacto de su artículo en Ferraz.

Este lunes por la mañana, mientras Madrid hablaba de nieve y se cubría de blanco, hemos tenido que buscar el traje negro por ti. Ya no oiré tu voz —"¿Jefe, cómo andas?"— al otro lado del teléfono mientras exhalabas una inconfundible voluta de humo del impenitente cigarro y te quejabas porque el periodismo anda muriendo. Gonzalo, amigo, descansa en paz.

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