FORMA PARTE DEL CONSEJO EDITORIAL DEL PERIÓDICO

Rubalcaba entra en la cocina de 'El País' o la historia de una peligrosa amistad

A casi nadie puede sorprender que el exsecretario general del PSOE se haya incorporado al consejo editorial del periódico tras muchos años moviendo los hilos desde las bambalinas

Foto: El exministro y exsecretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba. (EFE)
El exministro y exsecretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba. (EFE)

Lo suyo con Prisa es una relación que trasciende la mera coyuntura política para convertirse en una compleja simbiosis en la que es difícil saber qué fue primero, si el apoyo del grupo de comunicación a Alfredo Pérez Rubalcaba o la condescendencia del expolítico de Solares hacia los medios comandados por Juan Luis Cebrián. Hablar de Prisa es, en cierto modo, hablar de Rubalcaba y a Rubalcaba no se le entiende si no se le estudia desde el prisma de Prisa. Por eso, a muy pocos o a casi nadie puede sorprender que el exsecretario general del PSOE se haya quitado finalmente la careta y se haya incorporado al consejo editorial de 'El País' en plena jubilación del escaño y cuando los medios de Cebrián más quieren cobrarse la pieza de Pedro Sánchez. Rubalcaba participará ahora, directamente, en el órgano que diseña la estrategia editorial del periódico tras muchos años moviendo los hilos desde las bambalinas.

Su relación con el grupo de comunicación arranca en las tripas del Ministerio de Educación, se hace inquebrantable en los años de Rubalcaba como portavoz del Gobierno de Felipe González y resulta imprescindible, durante los mandatos de Zapatero, para entender el contexto de la batalla mediática de la izquierda en torno a los derechos del fútbol y la pugna entre Prisa y Mediapro. Solo un tahúr profesional como él, capaz de jugar a la vez con dos barajas distintas y contrapuestas, podía contentar a la vez tanto a Zapatero como a Cebrián como el más leal colaborador y amigo de ambos. Un ejercicio esquizofrénico que a cualquier otro hubiera vuelto loco.

Según se narra en el libro 'Los mil secretos de Rubalcaba' (Ed. Ciudadela)su historial está jalonado de capítulos que le vinculan con 'El País' y con Prisa. Filtró a 'El País' la supuesta conspiración de Mario Conde y Jesús Santaella contra el Estado para salvar el honor de González. Mantuvo constantes conversaciones telefónicas con los directivos de la Cadena Ser y 'El País' en las horas cruciales que van del 11 al 13 de marzo de 2004, tras los atentados de Atocha. Se sirvió del diario en su estrategia de dividir al entorno de ETA entre buenos y malos durante su etapa en Interior. Los casos que ejemplifican esta peligrosa amistad son incontables. 

Rubalcaba, en la SER y con un ejemplar de 'El País'. (EFE)
Rubalcaba, en la SER y con un ejemplar de 'El País'. (EFE)

Durante sus cuatro años como ministro del Interior, Rubalcaba solo concedió una entrevista escrita a un periódico, a 'El Semanal' de 'El País', que le retrató a través del escritor Juan José Millás. La Cadena Ser, primero, y 'El País', después, con gran despliegue tipográfico de domingo, el día de mayor tirada y venta, fueron también los primeros en entrevistarle una vez proclamado ya candidato a La Moncloa. El domingo 3 de julio de 2011, 'El País' publicaba un extenso reportaje titulado “Listo para el gran sprint”, que condensaba como ningún otro ejemplo la versión edulcorada que el periódico de PRISA ha tenido siempre con el de Solares.

En poco más de 3.200 palabras, su autor encadenaba una retahíla de adjetivos y valoraciones sumamente condescendientes para con Rubalcaba: “el rival más duro”, “el político más experimentado del Gobierno”, “continúa en las altas cotas de popularidad sostenido por su reputación de profesional inteligente, trabajador y muy capaz”, “estudiante brillante”, “un niño tan bueno y religioso que en los veranos se levantaba a las siete de la mañana para ayudar a misa en el convento de las Carmelitas”, “los socialistas tienen confianza en la brillante oratoria y la esgrima dialéctica de su campeón”, “se sabe la esperanza del partido”, “un personaje completo y brillante, poliédrico y polivalente”, “su peso dentro del Ejecutivo es fruto de la disposición a remangarse el primero y meterse en faena”, “nadie como él para desbaratar los frentes del adversario”, “es vivo, rápido, desprende empatía y conoce y sabe tratar a la gente”… Un despliegue de elogios en el que el autor de la pieza reconocía incluso “su gancho con las mujeres”.

De filtraciones y otros favores

Era quizá uno de los últimos favores debidos por el periódico de la calle Miguel Yuste hacia el dirigente del PSOE que más filtraciones le ha suministrado durante los últimos lustros. Historias que luego el periódico ha promocionado como grandes exclusivas en su primera página. Dos de esas filtraciones interesadas, por citar dos ejemplos muy significativos, retratan muy bien las formas de Rubalcaba.

En marzo de 2011 el diario 'El Mundo' se apuntó un gran tanto al publicar una de las partes más escabrosas de las actas de ETA sobre la negociación con el Gobierno en el último proceso de paz. En concreto, el acta del 22 de junio de 2006 que probaba que el chivatazo del bar Faisán había sido una decisión política y en la que los representantes del Gobierno explicaban a sus interlocutores que habían hecho lo posible para parar la operación policial contra la red de extorsión de la banda. Un bombazo periodístico que acaba de asomar solo la punta del iceberg y que prometía sucesivas entregas en días posteriores.

¿Qué hizo el entonces ministro Rubalcaba para parar el golpe? Filtró a 'El País' y a uno de sus periodistas de cabecera, Luis Rodríguez Aizpeolea, la versión íntegra elaborada por la Guardia Civil de los documentos incautados en mayo de 2008 a Francisco Javier López Peña, Thierry, exjefe el aparato militar de ETA. El diario difundió en su edición digital el resumen en PDF. Todo el material del que disponía Pedro J. y que este habría ido dosificando por partes. 'El País' difundiría también, en su edición en papel, un amplio despliegue de tres páginas con una versión que dejaba un poco mejor al Gobierno, pues este aparecía como inflexible a las coacciones de ETA. El diario titulaba, de hecho, con las intimidaciones de los etarras: “No admitiremos amenazas. Si hay detenciones, ETA actuará”. Una frase que, según las actas, fue pronunciada por los pistoleros en una de las reuniones mantenidas en octubre de 2006. Una jugada de libro del manual del buen 'comando Rubalcaba'.

Otro ejemplo de estas mismas prácticas también está vinculado con la lucha antiterrorista y con las versiones que Rubalcaba iba difundiendo desde el Ministerio del Interior para favorecer su estrategia de división entre la izquierda 'abertzale' y los terroristas. En este caso, 'El País' “tuvo acceso”, otra vez, a unas declaraciones muy jugosas del sanguinario Txeroki, exjefe de ETA, y que habían sido grabadas por Interior en la cárcel de Navalcarnero cuando el terrorista conversaba con otro interlocutor no identificado. El periódico tampoco dejaba claro cuándo las había pronunciado. Solo importaba su contenido: “La lucha armada ya no procede”, decía Txeroki. “Lo mismo que hemos estado 50 años con la estrategia de la lucha armada, ahora toca cambiar de estrategia, quizás por otros 50 años”. Un mensaje directo a la cúpula de ETA, allá donde se encontrase, que Interior hacía llegar a través de su satélite mediático.

Felipe González y Juan Luis Cebrián. (EFE)
Felipe González y Juan Luis Cebrián. (EFE)
Protegido de Prisa, director en la sombra de algunas de sus más sonadas filtraciones y sempiterno representante de los intereses del Grupo en el Consejo de Ministros, todas las miradas convergieron en Rubalcaba de forma inevitable el 18 de julio de 2011, día en el Cebrián arremetió sin piedad contra Zapatero desde el fuego amigo y con todo el potencial del 'cañón Bertha'. Un largo editorial, “Final de etapa”, y un artículo de opinión firmado por el propio Cebrián, “Esta insoportable levedad”, ponían el punto final de la vendeta del 'capo' de Prisa contra el presidente del Gobierno.

¿Era Rubalcaba ajeno a los planes del académico? ¿Sabía por adelantado la que se le venía encima a su jefe por obra y gracia de su amigo Cebrián? Algunos diarios publicaron entonces que un directivo de la cúpula de Prisa avisó prudentemente al dirigente socialista antes de que se llevase la sorpresa en los quioscos. Sea como fuere, eso no era más que la consecuencia lógica de lo que Rubalcaba llevaba advirtiendo al presidente desde hacía varios años: “Pagaremos caro el enfrentamiento con Prisa porque les vamos a necesitar”. Se lo había advertido en una reunión en Moncloa celebrada durante la última semana de agosto de 2007.

Acababa de estallar la guerra mediática declarada entre los grupos de comunicación que suministran ideología y pensamiento a la izquierda española. Entre el Grupo Prisa y el naciente imperio de Mediapro. Un enfrentamiento mediático y político, con múltiples conexiones personales e importantes intereses económicos cruzados que supuso, desde el inicio mismo del mandato de Zapatero, una amenaza cierta y real sobre la editora de los Polanco.

Zapatero, Rubalcaba y el exsecretario de Estado de Comunicación, Miguel Barroso, los tres hombres sobre los que pilotaban los intereses en juego, analizarían la situación a puerta cerrada en esa reunión. Barroso, por su parte, quitaba hierro al asunto, desdramatizando la situación y limitando el poder real de Prisa para convertirse en árbitro electoral en el 2008. “Lo que no podría hacer nunca ese grupo es llevar a Rajoy de la mano a La Moncloa, nadie lo entendería, sería un salto en el vacío que volvería locos a sus lectores”, explicaba. En su opinión, los de Cebrián, como mucho, solo podrían mantenerse más o menos neutrales.

'El cierre Rubalcaba'

El grado de intimidad que el exministro del Interior ha tenido con Cebrián solo es comparable al que este mantiene también con Javier Solana. El periodista José García Abad también ofrece en su libro 'El Maquiavelo de León' otra inquietante anécdota que Rubalcaba jamás ha desmentido y que demostraría la pecaminosa relación que le vincula con el grupo Prisa.

“Un día había quedado yo en la redacción del periódico con un compañero para irnos a cenar. Como mi amigo se retrasara en exceso se acercó a mí para disculparse -relata Abad-: Perdona, Pepe, ya hemos cerrado, pero falta el “cierre Rubalcaba”. Y es que Alfredo tenía que echar una ojeada a los titulares antes de que el periódico quedara listo para imprimir”.

“Ha habido más gente que ha podido cambiar editoriales pero el cierre Rubalcaba ha existido sin duda alguna”, explica Hermann Tertsch, exjefe de Opinión de 'El País', en el libro 'Los mil secretos de Rubalcaba'. “El contacto directo de Rubalcaba era con Jesús Ceberio y con Cebrián. Las llamadas de Rubalcaba para cambiar los editoriales a última hora eran obvias. A mí me ha tocado modificar editoriales no porque Ceberio me dijera que Rubalcaba se lo había pedido, pero, obviamente, sí que se había producido esa llamada. Eso se veía en la redacción. Es obvio que existió esa presión política. Rubalcaba no estaba en las reuniones de los martes de Gran Vía o de Miguel Yuste para coordinar editoriales, pero su presencia era manifiesta porque allí sí que había gente que era directamente suya”.

Juan Luis Cebrián, presidente del grupo Prisa. (EFE)
Juan Luis Cebrián, presidente del grupo Prisa. (EFE)

La especial cercanía que Rubalcaba ha mantenido con el periodista de 'El País' quedó retratada como en ninguna otra ocasión con la entrada de Juan Luis Cebrián en la Real Academia. El periodista convirtió su entrada en la RAE en toda una demostración de poder en un momento especialmente importante para él, con el 'caso Sogecable' como telón de fondo. Así, se hizo acompañar en el histórico salón de actos de la Casa de las Letras por el expresidente del Gobierno Felipe González, así como de Narcís Serra y Pérez Rubalcaba, lealmente sentados los tres tras Cebrián en el momento en el que este leía su discurso. Unas filas más atrás, entre el público, se sentaría también el propio Clemente Auger, entonces presidente de la Audiencia Nacional, el tribunal que juzgaba, en ese momento, el 'caso Sogecable'.

“González, Rubalcaba y Serra –denunciaría después Pedro J.– como principales artífices de los favores gubernamentales que habían permitido a Polanco alcanzar el suficiente poder como para imponer en la Academia a alguien con tan irrelevante obra literaria como su consejero delegado”.

La aprobación de la TDT de pago sería, por último, la madre de todas las batallas. El 13 de agosto de 2009, en pleno verano, Zapatero convocó a sus ministros en un Consejo Extraordinario con dos puntos en el orden del día: los 400 euros para los parados sin prestaciones y, la verdadera bomba de relojería, la aprobación de la TDT de pago con un decreto ley cuya “extraordinaria y urgente necesidad” era más que discutible.

La medida llegó a la mesa del Consejo después de que Zapatero y el ministro de Industria, Miguel Sebastián, la hubieran ultimado en secreto y sin dar aviso previo a la reunión de subsecretarios en la que se preparan todos los temas de los viernes. Porque de haberlo hecho, Rubalcaba, que tiene oídos en todas partes, habría dado a Prisa la oportunidad de reaccionar a tiempo para intentar frenar el golazo. En definitiva, Prisa recibía un nuevo golpe de gracia al perder el monopolio de la televisión de pago que hasta entonces había ostentado con Digital+.

La relación causa-efecto entre el fracaso de la fusión entre Cuatro y La Sexta y el decreto ley de marras era evidente. Pero los arreglos administrativos de las que tantas veces se habían beneficiado Polanco y Cebrián en el pasado iban a parar ahora al Gol TV de Jaume Roures. Solo quedaba pues atrincherarse en Moncloa y esperar a que escampase. Según explica García Abad, “cuando los ministros se enteraron del “marrón” en el Consejo de Ministros que aprobó la norma, reinó la estupefacción y en algunos de ellos la preocupación y la contrariedad”.

Abad no lo cita, pero seguro que al de Solares se le quedó la cara descompuesta. “Nadie osó quejarse al presidente, nadie se atreve a llevarle la contraria en nada, pero aquello era tan fuerte que el presidente se sintió obligado a justificar la premura del asunto: “Cebrián lleva tiempo dándonos la vara para que aplacemos el asunto, me ha pedido tiempo para que él pudiera arreglar su problema, el de la deuda de Sogecable, que se aproxima a los 6.000 millones de euros, un billón de pesetas, que se dice pronto. Yo he aceptado aplazarlo, pero cuando ya estábamos en ello, pidió otro año y después que esperáramos hasta marzo, después que fuera en abril, luego que en mayo y finalmente insistieron en que no lo sacáramos; pero no están ellos solos en el mundo y los Roures, Ramírez, los de Vocento y demás también presionan en sentido contrario pues también ellos tienen intereses legítimos”.

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