Unedisa, en el siglo XXI: gana 100 millones antes de Recoletos, pierde 900 después
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La compañía celebra 25 años de 'el mundo'

Unedisa, en el siglo XXI: gana 100 millones antes de Recoletos, pierde 900 después

Unidad Editorial, que en estos días conmemora con pompa los 25 años de 'El Mundo', apostó en 2007 por crear un gran imperio con la compra de Recoletos.

“A la sociedad española le da igual que los propietarios de sus periódicos tengan o no ‘tamaño’. Aquí no se trata de ver ‘quién la tiene más grande’ en el ranking de los grupos multimedia europeos. Lo importante para los ciudadanos es si el abanico del pluralismo se amplía o se reduce”. La reflexión es de 1994 y su autor, Pedro J. Ramírez, la lanzaba en un artículo incluido en la publicación conmemorativa Cinco años que cambiaron El Mundo, en alusión al nacimiento del diario en 1989. Unidad Editorial, que en estos días celebracon pompa los 25 años del rotativo, desafió esa tesis de los orígenes y en 2007 apostó por crear un gran imperio a la Prisa con la compra de Recoletos. El paso del tiempo, con los grupos de centro-derecha alentando además hoy las fusiones, avala la cita, cuestiona la operación y, de paso, invita a analizar el estado de los grandes medios de comunicación.

De hecho, hay un antes y un después de ese paso al frente. Según las cuentas anuales consolidadas presentadas cada año por la compañía al Registro Mercantil, Unidad Editorial registró beneficios por más de 104 millones de euros durante todo el siglo XXI y hasta el año 2007, cuando se cerró una transacción que incorporaba al perímetro publicaciones como Expansión y Marca a costa de abonar 1.100 millones de euros. Con la perspectiva de los años, fue –junto a la compra por parte de Vocento del gratuito Qué!– la última operación a precio de burbuja en el sector. Jaime Castellanos, vendedor en ambos casos, aún se frota las manos. Basta comprobar cómo, desde ese momento y hasta 2013, la sociedad acumula pérdidas superiores a los 913 millones de euros, ajustes de valor incluidos. Para reflexionar.

Y es que El Mundo y su empresa editora han sido durante muchos años un ejemplo de éxito empresarial y periodístico. Según cuenta uno de los presentes, Pedro J. Ramírez –que, paradójicamente, no está en la foto de familia de los 25 años del periódico que fundó– salió henchido de su despacho apenas tres temporadasdespués del nacimiento del diario para alentar a su plantilla: “Chavales, ya podéis decir que trabajáis en un periódico que vende más de 200.000 ejemplares”. Al hurra intelectual se sumaba el económico. “El Mundo se estudia ya en prestigiosas escuelas de negocios y nuestros directivos son invitados a explicar en congresos internacionales cómo salir adelante en tiempos de crisis”, exponía el periodista riojano hace dos décadas. “En esos años era una máquina de hacer dinero”, constata un testigo de aquella época.

Sin embargo, la apuesta por Recoletos y el diseño de la operación efectuado por RCS Mediagroup, el gigante italiano socio en un principio y después dueño de la compañía, terminó jugando en contra de la filial española.No en vano, la fórmula, que pasaba por contraer la deuda con la propia matriz,golpeó de manera inmisericorde susbalances vía gastos financieros año tras año. La crisis económica y el cambio de modelo de negocio en la prensa tradicional terminaron deempujar al precipicio las cuentas de la editora El Mundo. Pasado el tiempo, Italia recibió la onda expansiva. Al punto de tener que acometeringentes deterioros de su inversión y poner en marcha una ampliación de capital para equilibrar el patrimonio de la firma.

Años de ‘números rojos’

El daño ya estaba hecho. Unidad Editorial debía reconocer en sus cuentas consolidadas pérdidas superiores a los 750 millones entre 2011 y 2012 sólo por hacer frente a ese ajuste del valor. No hay un solo año en negro desde 2008. Unas estrecheces que contrastan con la saneada evolución que presentaba la compañía en los años anteriores, en los que se movía con solvencia en saldos positivos por encima de los 20 millones de euros, llegando incluso a superar los 30 en 2006. El propio presidente ejecutivo del grupo, Antonio Fernández-Galiano, con un elevado nivel de autocrítica, daba su versión sobre la operación a finales del pasado año, en una entrevista con este diario.

“Nos dio mucha tranquilidad contraer la deuda con el accionista –exponía–. Que era demasiado alta, sí, pero cuando se hizo este diseño financiero y de estructura patrimonial del grupo las previsiones sobre la evolución de ingresos y del mercado eran completamente distintas a lo que luego sucedió. Nadie se esperaba ni crisissubprimeni la caída de Lehman... Esto es lo que hizo que la estructura que quedó fuera muy compleja, los ingresos no se cumplieran y resultara que teníamos una financiación mucho más alta de lo que el mercado permitía digerir. Eso sí, en ningún momento hemos dejado de pagar a nuestro accionista ni un solo euro de los intereses que iba devengando la deuda.Se han pagado 280 millones de intereses al accionista”.

Llama la atención que, con este bagaje, exista consenso en el sector respecto a la necesidad de consolidar compañías, con las negociaciones entre la propia Unidad Editorial y Vocento en un impasse. Incapaces de encontrar vías para monetizar el negocio, los grandes grupos se confían a las sinergias por el lado de los costes para ganar un tiempo precioso hasta que aparezcan soluciones. Por el camino, los imperios han ido adelgazando, sobre todo en divisiones audiovisuales caras e inasumibles en época de vacas flacas. Vocento ha bajado la persiana en su radio y su televisión. La aventura televisiva de Unidad Editorial también ha tocado a su fin. Prisa, paradigma de cómo se desmonta un grupo multimedia, juega en otra liga de fiascos.

Del mismo modo que la reflexión inicial de Ramírez tiene vigencia, tal vez también convenga recordar la anécdota con la que cerraba aquel artículo, hace ya 20 años. Aludía entonces el periodista a una conversación mantenida con un alto dirigente del Gobierno. “Lo que no me puedo creer es que El Mundo pretenda ser ‘nada más’ que un buen periódico”, le espetaba aquel, buscando los intereses que se escondían detrás de lainformación. “Y no te equivocas, ministro: El Mundo pretender ser ‘nada menos’ que un buen periódico”, contestaba él. La evolución de los grupos hacia grandes conglomerados, con múltiples servidumbres –especialmente financieras–, les ha desviado de su esencia y ensombrecido su futuro. Olvidaron que, como decía el cantautor, “sometimes less is more”. La pregunta es si están a tiempo de recuperar la senda. Si es que la recuerdan y les dejan.

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