del vacío de poder a la quiebra técnica

La 'defunción' de Echenique certifica el fracaso del PP en la televisión pública

Crónica de una muerte anunciada. El presidente de RTVE, Leopoldo González-Echenique, dimitió hoy de su cargo abandonado por Moncloa y Hacienda.

Foto: La vicepresidenta junto al presidente de RTVE, Leopoldo González-Echenique. EFE
La vicepresidenta junto al presidente de RTVE, Leopoldo González-Echenique. EFE

Crónica de una muerte anunciada. El presidente de RTVE, Leopoldo González-Echenique, dimitió hoy de su cargo después de que ni Moncloa ni el Ministerio de Hacienda liberaran in extremis los fondos necesarios para que cuadrara los números. Llegado a mediados de 2012 de la mano de la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, su desairada marcha certifica el fracaso del PP en encauzar una televisión pública que amenazaba ruina cuando accedió al poder y que no ha salido de la UVI tras dos años y medio de gestión.

Rajoy y Santamaría, a la sazón su mano derecha en cuestiones mediáticas, se encontraron con una Corporación a la deriva, con un presidente que rotaba entre los consejeros después de la funesta etapa de Alberto Oliart. Por si fuera poco, el sistema de financiación aprobado por el Gobierno Zapatero, que eliminaba la publicidad en la casa y confería una enorme importancia para sufragar el servicio público a los ingresos variables procedentes de telecos y televisiones privadas, introducía un enorme factor de incertidumbre a la financiación de la sociedad. Más en plena crisis, con el consumo en retirada.

El escenario requería medidas valientes, de calado, que ni el Gobierno Rajoy ni el presidente nombrado por él han sido capaces de afrontar. Del Ejecutivo cabía esperar un sistema de financiación estable, como tantas veces ha demandado el presidente saliente. Aparentemente más ocupada en solventar los problemas de las cadenas privadas, Presidencia no ha afrontado esa responsabilidad. Visto lo visto, de Echenique cabía esperar el coraje para dejar de mirar de reojo a sus mentores, apretar los dientes y acometer verdaderas medidas de ajustes, con reducción de la plantilla incluida. Lo más triste es que el ejecutivo ha muerto sin siquiera haber desenfundado.

Y es que el argumento utilizado por Echenique, que saca pecho por haber reducido el gasto un 25% en 24 meses, se queda corto. Después de que el Gobierno rebajara el presupuesto de RTVE en más de 200 millones al llegar a Moncloa, sólo tenía un camino cuando llegó al cargo. No en vano la masa salarial constituye un 40% de la cifra de negocio que maneja la Corporación. En lugar de tomar el camino difícil, el de la dura contienda laboral, el presidente apostó por una falsa pax social y pactó con los sindicatos garantizar el empleo hasta 2015 a cambio de recortes de mínimos. Ese acuerdo, con su firma empeñada, le dejó secuestrado. Y selló su suerte.

Cristóbal Montoro (Efe)
Cristóbal Montoro (Efe)

La pugna con Hacienda

Lo hizo porque quien esperaba al final del camino era Cristóbal Montoro, que pidió a RTVE los mismos esfuerzos que al resto de administraciones. No entiende el ministro de favoritismos en cuestiones de números, por mucho que la cuestión sea mediática. Bajo esta premisa, Hacienda pidió a Echenique recortes de verdad, que equilibrara unas cuentas que soportaban –y soportan- un déficit estructural de 100 millones de euros. Nunca le dijo de dónde debía sacar los dineros, pero sí le dejó claro que ninguno de los planes de ajuste que recurrentemente le presentaba era de su agrado. En realidad, Echenique no tenía margen para cumplir sin tocar la plantilla, como desde tiempos inmemoriales desliza la SEPI. Con la compañía al borde de la quiebra técnica, los 130 millones comprometidos antes de verano dependían de esos recortes. Nunca llegaron.

Hecha la cronología, ¿es solo cuestión de dinero? Una pregunta siempre quedará en el aire: ¿Hubieran llegado los fondos si Echenique hubiera sido más sensible a la causa de Génova? ¿No llegarán para el que venga? Desde el primer momento, el ejecutivo concitó la ira de los cuadros populares al asegurar en el Congreso que él no había sido nombrado por el PP. ¿Ingenuidad? ¿Ha sido el único que se creyó el cargo? En las cercanías de Colón se respiraba el miércoles con alivio, cuando la marcha de Echenique estaba cantada. “Peor no nos puede ir”, se frotaban las manos, asegurando que quedan ocho meses para cambiar la línea informativa de la casa, con los procesos electorales a la vuelta de la esquina.

Leopoldo González-Echenique (Efe)
Leopoldo González-Echenique (Efe)
En este sentido, no es descartable que el sentimiento del partido haya terminado por minar el apoyo a Echenique de Sáenz de Santamaría, un respaldo del que siempre presumió. La vicepresidenta coincidía hoy en el Congreso con el propio Montoro, en la zona de Gobierno, insistiendo el ministro de Hacienda en que la labor de Echenique ha sido buena y justificando su salida por lo complejos y largos que son este tipo de mandatos. Esto es, balones fuera. El sustituto interino del presidente será el consejero nombrado por el PP José Manuel Peñalosa, según establece el procedimiento. No faltaba quien bromeaba apuntando que, con su ascenso, al fin mandarán los populares en la Corporación.

El fracaso de las huestes de Rajoy en la gestión de la televisión pública termina de dibujar una política en relación con los medios que, al menos, invita a la reflexión. Recuérdese, por ejemplo, el polémico plácet en Consejo de Ministros a la fusión de Antena 3 y La Sexta, desaconsejada sin la imposición de duras condiciones por las autoridades de Competencia. El Gobierno que siempre presumió de desinterés en cuestiones relacionadas con prensa, radio y televisión, no ha dejado de enseñar la patita en los ‘affaires’ privados y ha terminado abandonando al único medio en que se le esperaba. Esto es, la televisión pública.

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