Cebrián y los Polanco fijan su hoja de ruta para frenar una opa en Prisa y vender activos
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el 13% de mediaset, en la rampa de salida

Cebrián y los Polanco fijan su hoja de ruta para frenar una opa en Prisa y vender activos

Prisa cerraba el año 2008 con una deuda superior a los 5.000 millones. Desde entonces, parche tras parche a para aplacar a los bancos y ganar tiempo.

Foto: Juan Luis Cebrián e Ignacio Polanco en la junta general de accionistas de Prisa de 2010 (EFE)
Juan Luis Cebrián e Ignacio Polanco en la junta general de accionistas de Prisa de 2010 (EFE)

El Grupo Prisa cerraba el año 2008 con una deuda que superaba los 5.000 millones de euros. Todo después de lanzar un oneroso asalto sobre el 100% de Sogecable que terminó de hundir las finanzas de la compañía. Desde entonces, parche tras parche para aplacar a los bancos y ganar tiempo. Primero acudió a la ayuda un artefacto estadounidense llamado Liberty. Después, la llamada a rebato suscitó la compasión del establishment nacional al completo. Al final del camino, una constelación de fondos buitre y, el último salvavidas, Roberto Alcántara Rojas, un empresario mexicano desconocido en España. La recompra de deuda anunciada por la firma apunta a más ventas de activos, con su 13,6% de Mediaset en la rampa de lanzamiento.

El descenso a los infiernos –jalonado por duras desinversiones– ha tenido un común denominador: la progresiva dilución en el accionariado de la familia Polanco, abocada en este último trance a perder el control de la compañía sin los 100 millones que inyectará Alcántara Rojas y la sindicación de su porcentaje. Como recordaban ayer analistas del sector, la unión del 9,3% que pasa a atesorar el nuevo socio mexicano de Prisa y el 16% que aún conservan los hijos del fundador permite a estos “acercarse al umbral del 30% necesario para bloquear cualquier posible opa sobre la compañía”. Lejos quedan otros tiempos, antes de la crisis, cuando los hijos de Jesús Polanco superaban ampliamente el 70% del capital.

Además, hay otros accionistas amigos que reforzarían ese núcleo duro en caso de necesidad. Es el caso de los fundadores de Liberty, Nicolas Berggruen y Martin E. Franklin, que ostentarán un 7% de la compañía cuando culmine todo el proceso de dilución, o del propio Carlos Slim, que a través de Carso Inmobiliaria acumula más del 3% de la firma. De cualquier forma, no sería de extrañar que la entrada de Alcántara Rojas sea sólo un primer paso dentro de un proceso más amplio en la búsqueda de nuevos apoyos. Sin ir más lejos, las próximas conversiones de bonos –con la entrada en el accionariado de Telefónica, Santander y La Caixadeberían dibujar cambios estratégicos y hasta un nuevo consejo de administración.

Dicho esto, parece claro qué sacan Prisa, Cebrián y los Polanco de su entente con Alcántara Rojas. Más difícil es responder a la pregunta contraria. Esto es, ¿qué obtiene el empresario mexicano, próximo al gobernante Partido Revolucionario Institucional (PRI), con su ingente inversión en la editora de El País? Por ahora y la espera de que el tiempo dicte otras claves, la resolución al enigma parece estar más en México que en España. No en vano, en el país azteca se pelea por dos licencias de televisión en abierto, puja en la que ninguno de los flamantes socios parece querer pasar de puntillas. ¿Una UTE para el envite es suficiente a cambio de 100 millones de euros?

Hoja de ruta a corto

En clave local, Prisa desveló casi sin querer cuál será el calendario de ventas de la compañía a corto plazo, al anunciar que “los fondos obtenidos en la ampliación se destinarán a la recompra de deuda de diversas entidades financieras acreedoras del grupo con un descuento mínimo del 25%” y añadir que esos bancos se habían “comprometido a vender al menos 600 millones de deuda (…) antes del 31 de diciembre de 2014”. A partir de esa cifra, el sector hacía cuentas, ya no hay mucho más margen de error. Y es que esos 600 millones salen de la suma de los 100 adelantados por Alcántara, los 72 millones de la venta de Santillana ediciones generales y de los 465 millones que la propietaria de la Cadena SER obtendría con la puesta en el mercado del 13,6% que aún suma en Mediaset.

Como ha sugerido la firma en las últimas conferencias con analistas, la parte que se recompre debería afectar sobre todo al denominado tramo C de la deuda reestructurada, que se eleva a 2.278 millones de euros con un vencimiento a seis años. Se trata de un segmento que contempla una serie de hitos de reducción de deuda, en concreto de 900 millones en 2015 y 600 millones en 2016. Queda fuera de este esfuerzo financiero inicial el primer tramo, que agrupa 353 millones con vencimiento a dos años con uno adicional de extensión y que contempla deuda en manos de hedge funds. Por tanto, implica para la compañía un tipo de interés mucho más elevado.

Todo a la espera de que las autoridades de Competencia den luz verde a la venta del 56% de Canal+ a Telefónica, desinversión que supondrá a Prisa 750 millones adicionales y, sobre todo, un auténtico respiro al librarse de un auténtico pozo sin fondo. La pregunta que queda por resolver en el proceso de saneamiento del otrora grupo multimedia es si las ventas en marcha servirán para salvar Santillana al final del camino. Una cuestión de fácil respuesta sin un repunte notable de la facturación en los próximos años, en línea con la reactivación económica y con aciertos aún en el alero respecto a los futuros modelos de negocio en divisiones clave como la prensa. Suficiente para generar dudas razonables.

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