Soraya consolida a Echenique en RTVE a costa de levantar en armas al aparato del PP
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rescate a cambio de un plan de mínimos

Soraya consolida a Echenique en RTVE a costa de levantar en armas al aparato del PP

La decisión del tándem Sáenz de Santamaría-Montoro de liberar los fondos necesarios para evitar la quiebra de RTVE ofrece lecturas colaterales.

Foto: La vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría y el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro. (EFE)
La vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría y el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro. (EFE)

La decisión del tándem Sáenz de Santamaría-Montoro de liberar los fondos necesarios para evitar la quiebra de RTVE ofrece lecturas colaterales. Y es que la inyección de capital de 130 millones aprobada por el Gobierno para la Corporación habría sido imposible sin la luz verde de la vicepresidenta, máxima valedora del presidente, Leopoldo González-Echenique, cuyo nombramiento ella misma promovió. Su último favor, que para muchos en la casa consolida la continuidad del primer ejecutivo hasta el final de la legislatura, desafía el clamor de críticas en el Partido Popular contra la política informativa de la televisión pública.

De hecho, aunque la última crisis se ha vestido de drama financiero, lo que subyace a los dineros es la sensación en amplios sectores del PP de que la cadena no sólo no es sensible a los intereses del partido, sino que da cobijo con alegría al enemigo. Es cierto que a Montoro le duele ser generoso con los agujeros de RTVE cuando toda la Administración funciona en economía de guerra, pero no lo es menos que la principal preocupación que recorre a diputados, ministros y líderes autonómicos populares es la falta de control sobre los telediarios cuando se acercan procesos electorales decisivos.

En este contexto debe buscarse explicación al paso al frente dado por Vicepresidencia, que ha saldado el reto de espaldas al sentir de los suyos, deseosos de ver rodar las cabezas de Echenique y, en cascada, del director de Informativos, Julio Somoano. Paradójicamente, la única víctima provocada por el último entuerto ha sido el director de TVE, Ignacio Corrales, saliendo ilesos el presidente y el jefe de los telediarios. El propio Consejo de Informativos pedía ayer la salida de Somoano. No es ocioso recordar en este punto que, en la hora de los nombramientos, allá por 2012, este último fue designado con antelación a Corrales, de quien teóricamente dependía. No hay duda sobre quién ha sido siempre el eslabón más débil.

"El último movimiento desmonta cualquier atisbo de regeneración en RTVE y elimina cualquier posibilidad de cambio en la política informativa. La salida de Echenique hubiera permitido cambios en toda la estructura y hubiera habido cierta esperanza. Sin embargo, el cambio de Corrales no supone nada en los puestos clave y consolida el triunfo de Soraya Sáenz de Santamaría sobre Génova, que en su día promovió una serie de grupos de trabajo para desembarcar ideológicamente en Prado del Rey. Nada queda ya de eso", expone una fuente de larga trayectoria en la casa, próxima al PP.

El largo brazo de Moncloa

La mano de Vicepresidencia también se intuye por la laxitud del plan comprometido por Echenique a cambio de los 130 millones que le permitirán restablecer su equilibrio patrimonial y evitar la quiebra. Y es que Montoro siempre quiso ir más lejos. No en vano, el Plan de Eficiencia comprometido por el presidente a cambio de la dotación de fondos implica ahorros de apenas 32 y 35 millones en 2014 y 2015, respectivamente. Peccata minuta cuando el déficit estructural cada año alcanza los 100 millones de euros. Como principales medidas, la integración de Teledeporte en La 2 o, en el plano laboral, la puesta en marcha de bajas incentivadas y la reducción de gastos variables. En esencia, cosmética.

La hoja de ruta de Hacienda, avanzada hace meses por este diario, pasaba por un ajuste drástico de plantilla, que llegaba a contemplar 1.500 salidas, un plan que frustró el propio Echenique al cerrar un acuerdo con los sindicatos para cerrar el convenio colectivo, garantizando a cambio el empleo de los 6.400 trabajadores de la casa hasta diciembre de 2015. De hecho, Hacienda mantuvo en un cajón durante semanas el plan de mínimos presentado por Echenique tras la cumbre de Alcalá 9 mantenida por los implicados a primeros de abril, al punto que la liberación de los fondos se fue demorando. Hasta que algo sucedió la semana pasada que facilitó el desenlace.

Los números obligaban a medidas de calado. A 31 de diciembre de 2012, la firma contaba con un capital social de 1.510 millones de euros y un patrimonio neto de 934. Las pérdidas de 113 millones en el pasado ejercicio lo dejaban en el umbral de los 800 y de la línea roja de los 755 millones, que constituye la mitad del capital social, la quiebra y la necesidad de reducir o inyectar capital. Los 130 millones son un mero parche para salvar ese escollo a la espera de introducir ajustes en el sistema de financiación, la verdadera piedra de toque para el Gobierno. La música de ese baile, sin embargo, está por sonar.

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