EL EJECUTIVO DA LA ESPALDA AL DIARIO

Guerra abierta entre el Gobierno y 'El Mundo' con las licencias de TV en el aire

Todos los ministros estaban invitados. Unos declinaron ir, otros ni respondieron. El Gobierno da la espalda a la última gala de Unidad Editorial.

Foto: El director de 'El Mundo', Pedro J. Ramírez. (E. Villarino)
El director de 'El Mundo', Pedro J. Ramírez. (E. Villarino)

Todos los ministros estaban invitados. Unos declinaron la oferta, otros ni respondieron. También hicieron agua las llamadas formales de Unidad Editorial a Moncloa para interesarse por la ausencia de todos los miembros del Gabinete en la gala de entrega de los Premios Periodísticos de El Mundo celebrada el pasado miércoles. ¿Consigna? “No hay duda”, infieren fuentes internas de la empresa “¿Qué esperaban?”, responde más de un dirigente popular, expresando el sentir general. En cualquier caso, el Gobierno de la no intervención en cuestiones de medios parece haber escrito –por inacción consciente– una página más en su esfuerzo diario por reventar el mito construido en torno a Rajoy. Pedro J. Ramírez recogió el guante, aprovechó para terminar de escenificar la ruptura y reavivó la guerra.

“Durante los 12 años de vida de los Premios Periodísticos de El Mundo, los Gobiernos tanto del Partido Popular como del Partido Socialista han estado presentes en la entrega de los galardones. Este año, por primera vez, el Ejecutivo ha boicoteado la ceremonia (…) al no acudir ningún representante. Un hecho sin precedentes”, subrayaba ayer el rotativo en sus páginas. Y recordaba, con un punto de melancolía por el favor perdido: “En alguna ocasión la entrega (…) bien podría haber semejado ser un Consejo de Ministros. Fue el caso de la décima edición, celebrada en enero de 2012, a la que acudieron seis ministros junto a la vicepresidenta del recién estrenado Gobierno de Mariano Rajoy. Fue su puesta de largo”.

Por eso precisamente, el desplante no puede estar más medido. Fuentes del PP no dudan en defender sotto voce la posición adoptada por el Ejecutivo, y hacen hincapié en que se sienten víctimas de una campaña de acoso y derribo por parte del medio. Alegan incluso una cierta indefensión. Todo con el affaire Bárcenas en el corazón del conflicto. En Unidad Editorial, sin embargo, desligan la política editorial de cuestiones que deberían ser puramente institucionales. En esta línea, recuerdan que los galardones defienden valores que el Gobierno debería respaldar, como la libertad y la defensa de los valores democráticos. Sea como fuere, el choque frontal se produce con importantes cuitas pendientes entre el Ejecutivo y la también editora de MarcaExpansión.

Sin ir más lejos, el Gabinete Rajoy y las cadenas de televisión negocian contra reloj cómo deshacer el entuerto provocado por el Tribunal Supremo, que hace ahora un año anulaba la última entrega de canales de la era Zapatero por haberse realizado sin concurso. Un fallo que podría reducir dramáticamente las frecuencias que atesoran los principales grupos y que, aunque para Antena 3 y Telecinco constituye un incidente menor, para Vocento y Unidad Editorial supondrá perder dos canales por cabeza, activos consignados a muy buen precio en sus balances. No hay duda de que una interpretación generosa del Gobierno –dentro del margen que le conceda la justicia cuando resuelva los recursos– suavizaría el impacto de la resolución. Claro que, tras el incendio de ayer, resultará difícil no vincular la posición de Sáenz de Santamaría y sus huestes con el actual estado de la relación.

Días de canapés

Sáenz de Santamaría y José Manuel Lara.
Sáenz de Santamaría y José Manuel Lara.
Del mismo modo, el vacío en los premios de El Mundo es mucho más llamativo en tanto se produce después del cortejo aireado sin rubor entre el Gobierno y otros grupos. La vicepresidenta –designada para encargarse de los asuntos mediáticos– ha acudido a actos auspiciados por José Manuel Lara en hasta tres veces en apenas dos semanas. La número dos de Rajoy tampoco faltó en octubre a la boda de la hija del dueño de Planeta. Y no han sido los únicos ‘compromisos’ que ha satisfecho con aparente agrado. Sáenz de Santamaría también asistió la semana pasada a los Premios Mariano de Cavia, que cada año convoca el diario ABC. A la vista de su frenética actividad con los capos de los medios, resulta admirable que sacara tiempo para atender sus compromisos con otros sectores.

No faltaba quien ayer, a la luz de los hechos y del aislamiento institucional en que queda El Mundo, apuntaba que el diario de Pedro J. Ramírez tendrá una posición todavía más favorable para jugar la baza de la independencia de los poderes públicos. Por otra parte, una puesta en escena tan evidente de la pérdida de respaldo institucional también podría cerrar puertas al diario, incluso a nivel empresarial. Finalmente, había otros que se preguntaban si acaso no habría sido más fácil para el Gobierno –y probablemente más hábil– enviar al acto a dos ministros de bajo perfil y, al menos, salvar las apariencias. La deserción en masa finalmente adoptada, lejos de ser inocente, sólo puede revelar la voluntad del Ejecutivo de no querer guardarlas, de dar un golpe en la mesa y mostrar sin ambages su ruptura con un diario cuya línea ideológica de centro-derecha está sobre el papel alineada con el propio PP.

Claro que siempre cabe una vuelta de tuerca. No en vano, la airada reacción de El Mundo también contrasta con el sentir de parte del sector, que preferiría que la ausencia de políticos fuera la tónica en este tipo de eventos. Por puro decoro y para evitar la siempre controvertida relación entre lo público y lo privado, entre regulador y regulado. “Este tipo de galas con políticos y empresarios del sector no tienen un pase –explicaba un habitual de estos cónclaves tras la gala de La Razón, con enormes dosis de autocrítica–. Y explican el nivel de deslegitimación que han alcanzado los medios de comunicación. Todo empieza a pervertirse cuando los grupos editores aspiran a licencias de televisión o de radio que dependen del poder político. No deja de provocar cierta vergüenza ajena cuando se recuerdan episodios como los cientos de millones que Lara o Berlusconi ingresaron por la eliminación de la publicidad en RTVE”.

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