Sistema inmunitario: qué hacer (y qué no) para mantenerlo sano y fuerte
En plena ola de gripe, el sistema inmunitario cobra un gran protagonismo, pero sus funciones van mucho más allá de frenar infecciones: regula el metabolismo, la función neurológica y la reparación de tejidos
Más allá de la defensa frente a los gérmenes, el sistema inmunitario es clave para la regulación de procesos fisiológicos complejos, entre ellos, el metabolismo, la función neurológica, o la cicatrización. Por ello, es necesario tener en cuenta las pautas de estilo de vida que aseguran que “funcione” adecuadamente, tanto en el caso de las personas sanas como en aquellas que presentan patologías como, por ejemplo, el cáncer.
“Tener un sistema inmunitario ‘fuerte’ significa asegurarse de que esté bien regulado, puesto que su función es equilibrar la respuesta a agentes externos e internos, protegiendo al organismo frente a infecciones. Además, ayuda a eliminar células tumorales (participa en la vigilancia y eliminación de células premalignas y malignas) e interviene en la reparación tisular y en el mantenimiento de la homeostasis (equilibrio interno) del organismo”, explica la doctora Silvia Sánchez-Ramón, jefa de Servicio de Inmunología Clínica del Hospital Ruber Internacional.
Cuando la regulación del sistema inmunitario se altera pueden darse dos escenarios: “Puede ocurrir una inmunodeficiencia (débil respuesta, mayor susceptibilidad a infecciones y tumores…) o una hiperactividad, es decir, una respuesta excesiva, desarrollo de enfermedades autoinmunes, alergias o inflamación crónica”, comenta la doctora Sánchez-Ramón, quien describe los múltiples factores que pueden estar implicados en la desregulación inmunitaria:
- Predisposición genética (genes de histocompatibilidad, mutaciones en genes reguladores o de inmunodeficiencia).
- Envejecimiento (inmunosenescencia)
- Alteraciones en la microbiota intestinal
- Nutrición deficiente
- Estrés crónico
- Comorbilidades y exposición de agentes externos (infecciones, fármacos inmunosupresores).
“Además, el equilibrio entre células reguladoras, descubiertas por los premios Nobel de este año, y efectoras, así como la correcta activación y resolución de las respuestas inmunitarias son esenciales para evitar la desregulación”, añade la especialista.
En cuanto a las patologías asociadas al mal funcionamiento del sistema inmunitario, Sánchez-Ramón indica cuáles son las más habituales:
- Alergias: rinitis alérgica, asma, dermatitis atópica
- Enfermedades autoinmunes: artritis reumatoide, lupus eritematoso sistémico, diabetes tipo 1, esclerosis múltiple
- Enfermedades inflamatorias crónicas: enfermedad inflamatoria intestinal, psoriasis
- Enfermedades metabólicas: obesidad, diabetes tipo 2
- Otras patologías menos comunes: inmunodeficiencias primarias, enfermedades autoinflamatorias monogénicas y síndrome de disfunción inmunitaria.
Plan de acción 'pro-defensas'
Afortunadamente, tenemos margen de actuación para contribuir a la fortaleza y al buen estado de nuestro sistema inmunitario. Silvia Sánchez-Ramón resume las coordenadas a seguir en este sentido: “Los factores modificables por nosotros mismos incluyen una alimentación equilibrada, el ejercicio físico regular moderado, el descanso adecuado (patrones de sueño saludables), el manejo del estrés, evitar la exposición ambiental al tabaco y los contaminantes y mejorar la microbiota. Todos ellos influyen en la inflamación sistémica, la función de las barreras epiteliales y la regulación inmunológica”.
En cuanto a la dieta, la experta incide en la importancia de seguir una alimentación rica en micronutrientes (vitaminas A, C, D, E; zinc, selenio y omega 3) y compuestos bioactivos. “En este sentido, existen alimentos que contribuyen de manera más destacada a mantener un sistema inmunitario bien regulado”. Entre ellos se encuentran los cítricos como la naranja y el limón. “Aportan vitamina C, que es fundamental para la función de las barreras epiteliales, la actividad de neutrófilos y linfocitos y la reducción del estrés oxidativo y la inflamación. Además, estos alimentos contienen polifenoles como la hesperidina, con efectos antiinflamatorios demostrados en humanos”, explica.
También el jengibre, que “posee compuestos fenólicos (gingeroles, shogaoles) que modulan la función de macrófagos y linfocitos, y favorecen la producción de mediadores antiinflamatorios”. Y la miel que, por su composición “es rica en polifenoles y tiene capacidad antioxidante- ha demostrado efectos inmunomoduladores in vitro, regulando la expresión de citocinas y enzimas antioxidantes. Sin embargo, la evidencia clínica directa sobre la prevención de infecciones en humanos es limitada y se requiere más investigación”, señala.
Microbiota y bienestar emocional
Otro pilar en la regulación de este sistema es el factor emocional, que como destaca la doctora Sánchez-Ramón, influye significativamente en la función inmunológica: “El estrés crónico y la depresión pueden suprimir la inmunidad celular y humoral, aumentar la inflamación sistémica y predisponer a infecciones y enfermedades inflamatorias. Y, en la misma línea, el manejo efectivo del estrés y el fomento del bienestar emocional son estrategias validadas para fortalecer la función inmunológica y reducir el riesgo de enfermedades asociadas a la inflamación”.
También es relevante el rol que juega la microbiota, “esto es, el conjunto de microorganismos que habitan en las superficies corporales, como el intestino o la piel, y desempeña un papel esencial en la maduración y regulación del sistema inmunitario”, explica la especialista, quien describe de qué forma impacta este conjunto de microorganismos a nivel inmunológico. “A través de sus metabolitos, modula la diferenciación celular, la producción de mediadores, la tolerancia inmunológica y la integridad de la barrera epitelial, contribuyendo así al equilibrio y control de la inflamación. Su alteración, que se denomina disbiosis, se asocia con patologías inflamatorias, autoinmunes y metabólicas”.
Para asegurar que la microbiota contribuya a una inmunidad óptima, Sánchez-Ramón recomienda evitar aquellos factores que puedan favorecer la disbiosis: antibióticos innecesarios, dieta ultraprocesada, obesidad, etc.
Además de adoptar estos hábitos de estilo de vida, hay otro factor que cada vez más se confirma como “aliado” y es el paso que ha dado la inmunología hacia una medicina más preventiva. “Actualmente existen estrategias emergentes para detectar alteraciones inmunológicas antes de la aparición de síntomas clínicos como la identificación de inmunotipos, autoanticuerpos o biomarcadores celulares que permiten estratificar el riesgo y anticipar la aparición de enfermedades autoinmunes, del cáncer o de infecciones”, afirma al respecto la especialista.
“En patologías como la diabetes tipo 1 o la enfermedad inflamatoria intestinal, la detección precoz de autoanticuerpos o alteraciones inmunológicas permitirá intervenir antes de que se produzca el daño tisular manifiesto, si bien en fases preliminares”, concluye la Dra. Sánchez-Ramón.
El Confidencial, en colaboración con Quirónsalud, presenta una serie de artículos con información práctica, consejos y recomendaciones para mejorar nuestra salud y bienestar. Si tienes alguna duda sobre esta temática o quieres más información, puedes contactar con el Hospital Ruber Internacional.
Más allá de la defensa frente a los gérmenes, el sistema inmunitario es clave para la regulación de procesos fisiológicos complejos, entre ellos, el metabolismo, la función neurológica, o la cicatrización. Por ello, es necesario tener en cuenta las pautas de estilo de vida que aseguran que “funcione” adecuadamente, tanto en el caso de las personas sanas como en aquellas que presentan patologías como, por ejemplo, el cáncer.