¿Vena visible o variz? La insuficiencia venosa afecta al 48,5% de la población española
Su detección precoz y el seguimiento por parte de un especialista en cirugía vascular permite evitar complicaciones y mejorar la calidad de vida de los pacientes
No son solo un asunto de apariencia ni una cuestión menor. Las varices, esas venas dilatadas y sinuosas que suelen aparecer en las piernas, son la manifestación visible de un problema de circulación que, si no se trata a tiempo, puede tener consecuencias más graves. Detrás de ellas hay un fallo en el sistema venoso y, aunque su presencia aumenta con la edad y afecta más a las mujeres, cualquiera puede padecerlas.
Las varices son, en realidad, venas que han dejado de funcionar correctamente. “Pueden presentarse como pequeñas arañas vasculares o como grandes venas dilatadas y tortuosas”, explica el doctor Pablo Gallo, jefe del Servicio de Angiología y Cirugía Vascular del Hospital Ruber Internacional. “Se deben al mal funcionamiento de las válvulas venosas, cuya función es impedir que la sangre retroceda. Cuando se debilitan o dañan, la sangre se acumula y aumenta la presión dentro de la vena, dilatándola progresivamente”.
El problema se localiza sobre todo en las piernas, donde la fuerza de la gravedad dificulta el retorno de la sangre al corazón. También puede aparecer en la zona pélvica, especialmente en mujeres que han pasado por embarazos o presentan síndromes venosos compresivos.
En este sentido, el doctor Gallo señala que “el 48,5% de la población española presenta algún grado de insuficiencia venosa crónica; de los afectados, el 37% son hombres y el 64% mujeres. Los embarazos son una de las principales razones de esta disparidad, porque favorecen la dilatación de las venas de la pelvis”. Además, los hombres suelen ser diagnosticados en fases más avanzadas “ya que son menos sintomáticos y acuden más tarde al médico”. Por otra parte, la incidencia aumenta con la edad, “dado que las paredes de las venas se debilitan con el tiempo: es una enfermedad crónica y progresiva”.
Cómo reconocer las varices y cuándo tratarlas
No todas las venas marcadas son patológicas. “Las venas normales visibles, habituales en personas delgadas o de piel clara, son rectas, finas y sin relieve, y no provocan síntomas”, explica el especialista.
Las varices, en cambio, “suelen ser abultadas, sinuosas y pueden sobresalir bajo la piel. Además, se acompañan de síntomas característicos: pesadez o cansancio en las piernas, hinchazón (edema), calambres, picor o dolor que empeora al estar mucho tiempo de pie. En los casos avanzados pueden aparecer manchas, sequedad o incluso úlceras”.
El doctor Gallo subraya que las varices no son solo un problema estético, sino de salud. “Si no se tratan, la enfermedad puede progresar y causar complicaciones como úlceras venosas, tromboflebitis (coágulos en venas superficiales) o varicorragia (sangrado de una variz)”.
“Si no producen síntomas ni complicaciones, no es obligatorio tratarlas”, aclara, “pero sí se recomienda seguimiento médico, porque pueden evolucionar”. Y en los casos con molestias o impacto estético importante, los tratamientos actuales “son seguros y válidos tanto por motivos de salud como por bienestar personal”.
Tratamientos: de la compresión al láser
Una vez que aparecen, las varices no desaparecen por sí solas. “No se revierten espontáneamente. Adoptar buenos hábitos puede evitar que empeoren y reducir molestias, pero, una vez dañada la vena, no vuelve a su estado original”.
El tratamiento depende del grado de la enfermedad. En los casos leves, puede bastar con medidas conservadoras: medias de compresión, control de peso, ejercicio y evitar el calor excesivo. Para aquellos casos en los que los síntomas aumentan o existe riesgo de complicaciones, hay diversas opciones terapéuticas:
- Fleboesclerosis: se inyecta una sustancia que ‘sella’ la vena afectada.
- Técnicas endovasculares (radiofrecuencia o láser): cierran la vena desde dentro, sin heridas ni cicatrices, con una recuperación rápida.
- Cirugía tradicional (safenectomía): hoy se utiliza menos, gracias a los métodos mínimamente invasivos.
- Embolización: en el caso de varices pélvicas, se implantan pequeños dispositivos llamados coils que ocluyen las venas dilatadas.
Las técnicas más modernas -radiofrecuencia y láser- ofrecen “resultados funcionales y estéticos excelentes, con mínimas molestias postoperatorias”, destaca el cirujano.
En cuanto a la prevención, hay elementos que no se pueden modificar -como la genética, el sexo o la edad-, pero sí existen medidas que ayudan a reducir el riesgo o retrasar su aparición. “El sedentarismo, el sobrepeso o permanecer mucho tiempo de pie o sentado sin moverse son factores de riesgo claros”, advierte Gallo.
Entre las recomendaciones más eficaces, el especialista aconseja caminar con frecuencia, hacer ejercicio que active la circulación (como natación o bicicleta), elevar las piernas al descansar, mantener una dieta saludable y usar medias de compresión si existen antecedentes familiares o factores predisponentes.
“No se puede evitar completamente si hay predisposición genética”, añade el cirujano, “pero sí reducir el riesgo adoptando hábitos saludables y acudiendo al especialista al menor síntoma o ante varices visibles. Una valoración vascular anual es recomendable, especialmente en personas con antecedentes”.
El Confidencial, en colaboración con Quirónsalud, presenta una serie de artículos con información práctica, consejos y recomendaciones para mejorar nuestra salud y bienestar. Si tienes alguna duda sobre esta temática o quieres más información, puedes contactar con el Hospital Ruber Internacional.
No son solo un asunto de apariencia ni una cuestión menor. Las varices, esas venas dilatadas y sinuosas que suelen aparecer en las piernas, son la manifestación visible de un problema de circulación que, si no se trata a tiempo, puede tener consecuencias más graves. Detrás de ellas hay un fallo en el sistema venoso y, aunque su presencia aumenta con la edad y afecta más a las mujeres, cualquiera puede padecerlas.