Es noticia
Carlos Unamunzaga: “Las microalgas van a tener un papel clave en la prevención de enfermedades crónicas”
  1. Bienestar
HACIA UNA LONGEVIDAD SALUDABLE

Carlos Unamunzaga: “Las microalgas van a tener un papel clave en la prevención de enfermedades crónicas”

Las microalgas llevan miles de millones de años contribuyendo a sostener la vida en la Tierra, pero no hace tanto que empezamos a entender su potencial para la salud. Hablamos sobre ello con uno de los mayores expertos mundiales en su biotecnología

Foto:  Carlos Unamunzaga, presidente de la European Algae Biomass Association (EABA). (Fotos: Román Ríos).
Carlos Unamunzaga, presidente de la European Algae Biomass Association (EABA). (Fotos: Román Ríos).

Son organismos microscópicos, pero sin ellos no respiraríamos. Desde su origen, las microalgas han contribuido de forma decisiva a la producción de oxígeno y al equilibrio de los ecosistemas acuáticos, aunque su papel haya pasado casi desapercibido para el gran público. Durante décadas fueron sobre todo objeto de estudio en laboratorios de oceanografía y biología marina, pero en los últimos años han dado el salto a la biotecnología: hoy se investigan como fuente de proteínas, vitaminas, ácidos grasos esenciales y compuestos bioactivos con impacto directo en la salud humana.

En un contexto marcado por el envejecimiento de la población, el aumento de las enfermedades crónicas y la necesidad de encontrar alternativas sostenibles a las materias primas tradicionales, las microalgas se han convertido en una de las grandes promesas de la llamada “nutrición del futuro”. Desde suplementos con actividad antioxidante hasta ingredientes funcionales pensados para apoyar la salud celular, su potencial abarca tanto la prevención como la mejora de la calidad de vida en edades avanzadas, además de ofrecer nuevas vías para una producción alimentaria más eficiente y con menor huella ambiental.

Sobre todo ello conversamos con Carlos Unamunzaga, presidente de la European Algae Biomass Association (EABA) y referente internacional en biotecnología de microalgas. Licenciado en Ciencias del Mar y antiguo investigador del IFAPA, fue el fundador de la empresa española Fitoplancton Marino y el impulsor del primer novel food de microalgas autorizado en España, Tetraselmis Chuii, destacado por su alta actividad antioxidante. Durante una visita a su planta de Cádiz -cuyos procesos de cultivo y tratamiento de microalgas se muestran en los vídeos que acompañan esta entrevista- Unamunzaga desgrana el presente y el futuro de estos microorganismos que aspiran a convertirse en pieza clave de la salud y la sostenibilidad.

PREGUNTA. ¿Qué son exactamente las microalgas y por qué se consideran tan importantes para la vida en el planeta?

RESPUESTA. Las microalgas son organismos unicelulares, vegetales microscópicos que viven tanto en el mar como en ríos y lagos. Son fundamentales para la vida en la Tierra por varios motivos. Por un lado, son la base de la cadena trófica acuática: de ellas se alimentan el zooplancton, las larvas de peces y muchos crustáceos. Estos animales obtienen de las microalgas su verdadero valor nutricional, incluidos los ácidos grasos Omega-3, vitaminas y otros compuestos esenciales. Las microalgas son, en realidad, la primera fuente de nutrientes del ecosistema marino y de agua dulce.

Por otro lado, su papel ecológico es enorme. Cubren buena parte de la superficie del planeta en mares y océanos y su producción primaria -la fotosíntesis- genera más oxígeno que las plantas terrestres por unidad de superficie. A nivel evolutivo, fueron responsables de enriquecer la atmósfera de oxígeno hace más de 2.500 millones de años; les debemos, en gran medida, el aire que respiramos. Además, actúan como una ‘biodepuradora’ global, ayudando a filtrar compuestos en los océanos.

P. ¿Cómo pasaron de ser objeto de estudio académico a convertirse en un recurso biotecnológico con potencial contrastado para la salud humana?

R. El uso de las microalgas no es nuevo: ya las civilizaciones antiguas las aprovechaban sin saber realmente qué eran. Un ejemplo clásico son los aztecas, que en el lago Texcoco recogían afloramientos naturales de espirulina, los secaban al sol y elaboraban tortas muy ricas en proteína, de hasta un 70%. El salto hacia la biotecnología llega mucho más tarde. A mediados del siglo XX, especialmente en Japón, se empieza a cultivar microalgas como Chlorella con una visión clara: utilizarlas como fuente nutricional y en suplementación. A partir de ahí se intensifica la investigación académica y tecnológica, y se empieza a descubrir la diversidad de estos organismos.

Con el tiempo se ve que no solo aportan nutrientes, sino compuestos con efectos directos sobre la salud: moléculas que, en dosis muy bajas, pueden proteger a las células frente al estrés oxidativo, ayudar a regular el azúcar en sangre o contribuir a una mayor longevidad y calidad de vida. Desde el punto de vista industrial, las microalgas son hoy una fuente de soluciones muy prometedora. Si conseguimos “domesticarlas” y controlarlas en biorreactores, como en la planta biotecnológica que hemos visto hoy, podemos ajustar las condiciones de cultivo para que produzcan ciertos compuestos en cantidades concretas. En esencia, se trata de aprender a controlar su proceso biológico para aprovechar al máximo su potencial.

placeholder Fotobiorreactores de Fitoplancton Marino.
Fotobiorreactores de Fitoplancton Marino.

P. En los últimos años se ha hablado de las microalgas como ‘superalimentos’, ¿qué hay de cierto en esta etiqueta?

R. La etiqueta de ‘superalimento’ se ha puesto de moda, pero en el caso de muchas microalgas tiene bastante fundamento. Algunas especies pueden tener entre un 50% y un 70% de su composición en proteína, algo muy difícil de encontrar en el mundo vegetal sin recurrir a modificaciones genéticas. Además, no es solo la cantidad: muchas microalgas contienen todos los aminoácidos esenciales que necesita el cuerpo humano.

A esto se suma la presencia de vitaminas y otros micronutrientes. Por ejemplo, para las personas veganas la vitamina B12 es un reto si no consumen carne o pescado, y en la espirulina se encuentra cierta cantidad de B12 de origen no animal. Otro punto clave son los ácidos grasos Omega-3, especialmente DHA y EPA. El cuerpo humano no puede sintetizarlos y debe obtenerlos de la dieta. Normalmente pensamos en el pescado, el aceite de pescado o el krill, porque los vegetales terrestres apenas los contienen. Pero el origen real de muchos de esos Omega-3 está en las microalgas, y hoy buena parte de los suplementos que se recomiendan, por ejemplo en el embarazo, se producen a partir de ellas. El DHA es fundamental para el desarrollo y el funcionamiento del cerebro, y su déficit puede tener consecuencias importantes a nivel cognitivo y prenatal. Eso sí, no vale cualquier microalga: detrás hay un trabajo de búsqueda de especies adecuadas y de desarrollo tecnológico para poder producir estos compuestos a gran escala.

“La suplementación tiene sentido siempre como complemento de una dieta saludable, no como excusa para mantener malos hábitos”

P. De los diferentes beneficios que has mencionado, ¿cuáles están mejor respaldados por la ciencia?

R. Los beneficios mejor respaldados por la ciencia son, en primer lugar, los más ‘clásicos’ a nivel nutricional: el alto contenido en proteína -en algunos casos con todos los aminoácidos esenciales- y la presencia de vitaminas y minerales que ayudan a cubrir necesidades básicas de la dieta. Pero, seguramente, los efectos más estudiados son los relacionados con los ácidos grasos Omega-3, especialmente DHA y EPA. Eso sí, la suplementación tiene sentido siempre como complemento de una dieta saludable, no como excusa para mantener malos hábitos.

Otro campo muy interesante, donde ya existe bastante evidencia, es el de los péptidos de señalización derivados de microalgas. En nuestro caso llevamos unos 20 años investigando un ingrediente concreto, con 11 estudios clínicos publicados, en dosis diarias muy bajas (alrededor de 25 mg). Estos trabajos muestran efectos a nivel de salud celular: mejora de la respuesta frente al estrés oxidativo y al daño celular, apoyo a la función inmunitaria, protección del ADN y de los telómeros, así como beneficios en el ámbito cognitivo. Explicado de forma sencilla, actúan como ‘señales’ que ayudan a nuestras células a volver a funcionar como deberían.

P. Entonces, ¿se espera que las microalgas tengan un papel clave en la prevención de enfermedades crónicas y del envejecimiento celular?

R. Absolutamente. Todo indica que las microalgas van a tener -y ya están teniendo- un papel clave en la prevención de enfermedades crónicas y en el envejecimiento celular. Acabamos de regresar de una de las ferias de ingredientes funcionales más importantes de Estados Unidos y prácticamente toda la innovación va orientada a la longevidad y, en concreto, a la salud celular: inmunoestimulación, protección de la célula, protección del ADN y estabilidad de las proteínas.

Aquí es importante entender que las proteínas no son solo algo que comemos, sino auténticos ladrillos funcionales del organismo. Tienen tareas muy específicas y su producción y destrucción están finamente reguladas dentro de la célula. Cuando esos procesos fallan, pueden aparecer distintas patologías. Muchos de los compuestos bioactivos que ayudan a regular estos mecanismos pueden obtenerse de fuentes como las microalgas. El sector de los ingredientes funcionales lleva décadas innovando, y ahora vemos un impulso muy fuerte no solo en nuevos compuestos, sino también en cómo se administran para mejorar su absorción. No es solo mezclar cosas, sino diseñar fórmulas con sentido biológico y tecnológico.

“Estamos muy acostumbrados a tomar una pastilla cuando nos encontramos mal”

P. ¿A partir de qué edad tiene sentido empezar a cuidar la salud celular y qué papel pueden jugar en esa prevención los ingredientes derivados de microalgas?

R. Al final de lo que se trata no es de vivir más años, sino de llegar mejor. Y eso empieza mucho antes de lo que solemos pensar: tiene sentido cuidar la salud celular ya desde los 30-35 años, incluso antes. Sabemos, por ejemplo, que ciertas enzimas antioxidantes propias del organismo -auténticos ‘escudos’ frente al estrés oxidativo- empiezan a disminuir a partir de los 25-27 años y pueden caer hasta un 70% si no se estimulan.

El gran reto es que la salud celular no se ve, y la prevención siempre es más difícil de vender que el tratamiento. Venimos de una cultura muy acostumbrada a reaccionar cuando ya hay un problema: tomar una pastilla cuando nos encontramos mal, o acabar en el quirófano cuando la enfermedad se ha cronificado. Cada vez más gente joven entiende la lógica de la prevención, pero aún queda camino por recorrer. Por eso están cobrando tanto protagonismo los alimentos funcionales y los suplementos bien diseñados.

P. ¿Qué papel pueden jugar en la prevención los ingredientes derivados de microalgas?

R. Uno de los ingredientes que hemos desarrollado a partir de microalgas actúa precisamente en el sistema de defensa y hace que la célula vuelva a comportarse, en términos de protección, como la de una persona joven. No significa que vayas a vivir más, pero sí que cuando el organismo se enfrenta a daños o situaciones de estrés llega mucho mejor preparado.

Al final no se trata solo de enriquecer un producto y poner una alegación en la etiqueta: las autoridades exigen hoy estudios clínicos sólidos que demuestren que ese ingrediente, tomado por vía oral y tras pasar por todo el tracto digestivo, realmente tiene efectos medibles en el organismo. En nuestro caso, los últimos ensayos se han hecho en humanos, con ingesta del principio activo y biopsias musculares, analizando la expresión de genes relacionados con la salud celular. Es ahí donde vemos que estos ingredientes derivados de microalgas pueden jugar un papel clave en la prevención a largo plazo.

placeholder

P. Y respecto al consumo, ¿qué límites o precauciones se deben tener en torno a ellas?

R. Lo primero es diferenciar bien entre fármacos y suplementos. Los medicamentos siempre deben tomarse con prescripción y seguimiento médico. Un suplemento alimenticio, en cambio, está pensado para complementar la dieta, no para tratar, curar ni prevenir enfermedades; eso pertenece al ámbito farmacéutico. Todos los ingredientes autorizados para uso nutracéutico o en suplementos están sujetos a normas de seguridad alimentaria muy estrictas. Cualquier producto que esté legalmente en el mercado -por ejemplo, con código nacional en España o con ingredientes de marca reconocida y respaldados por estudios científicos- ofrece un alto nivel de seguridad.

Hoy en día no podemos decir que solo la farmacia sea garantía absoluta: hay herbolarios y tiendas de nutrición muy especializadas, e incluso proyectos online, que trabajan con productos de gran calidad. La clave es comprobar que haya certificaciones, trazabilidad, estudios detrás de los ingredientes y un uso correcto de las marcas. En general, los productos bien formulados y autorizados son muy seguros. El problema suele estar más en el exceso de información y en la falta de educación nutricional básica: saber cuánta proteína, carbohidratos y grasas necesitamos, qué déficits puede tener nuestra dieta real y, a partir de ahí, valorar si tiene sentido suplementar según nuestro estilo de vida.

“Se están investigando posibles tratamientos para la endometriosis y para la preeclampsia en el embarazo”

P. ¿Qué investigaciones sobre las microalgas se están llevando a cabo actualmente?

R. Hay muchísimas líneas de investigación. Una de ellas es un estudio clínico que estamos realizando en infertilidad masculina. Los pacientes que participan presentan causas de infertilidad diferentes. Cuando se diseña un ensayo clínico se establecen criterios de inclusión y exclusión, y en este caso los dividimos en tres grupos. Sin entrar en tecnicismos, vimos que en algunos de esos grupos la respuesta frente al estrés oxidativo era mejor y que precisamente ahí el tratamiento resultaba más eficaz.

Hay que tener en cuenta que la espermatogénesis -la producción de espermatozoides- dura unos 70 o 75 días. Si aplicas un tratamiento durante 90 días, puedes estar bastante seguro de que todas las nuevas “remesas” de espermatozoides se han desarrollado bajo los efectos de ese tratamiento, y eso se refleja en los resultados. Siguen siendo estudios clínicos sobre un ingrediente de un suplemento alimenticio, pero demuestran claramente su potencial.

placeholder Análisis de muestras en el laboratorio.
Análisis de muestras en el laboratorio.

P. ¿Puede hablarme sobre otros estudios o aplicaciones en marcha?

R. Sí, también estamos colaborando con un laboratorio farmacéutico en Indonesia, donde se están investigando posibles tratamientos para la endometriosis -una patología especialmente dolorosa y compleja- y para la preeclampsia, que afecta a mujeres con hipertensión durante el embarazo, y los resultados están siendo prometedores. Además, trabajamos con un compuesto que procede de la excreción de la propia célula de la microalga, y hemos comprobado que tiene un gran potencial como vector en terapias oncológicas, ya que actúa como receptor y vehículo para otros tratamientos.

En otro plano completamente distinto, el gastronómico, si cultivamos la microalga en determinadas condiciones podemos potenciar sus propiedades organolépticas -sabor y aroma- hasta acercarlas a las del marisco. De ahí nace el desarrollo del plancton que utiliza el chef Ángel León [chef de Aponiente, restaurante con tres estrellas Michelin en El Puerto de Santa María, muy cerca de la planta de Cádiz]. A nivel biotecnológico, una sola especie de microalga puede dar lugar a multitud de aplicaciones. Si pensamos que en el mundo puede haber entre 400.000 y 800.000 especies distintas, el potencial por explorar es enorme. La capacidad de desarrollo es prácticamente ilimitada.

P. ¿Qué retos científicos y regulatorios existen para que estos productos lleguen al gran público?

R. Hay varios. El primer muro es el regulatorio y científico. Cualquier ingrediente nuevo se considera un 'nuevo Alimento' (Novel Food), y para ser autorizado en Europa, tienes que demostrar la seguridad alimentaria. Esto no es barato: el dosier de seguridad puede costar alrededor de un millón de euros solo en estudios y consultorías. El proceso es muy largo; tienes que demostrar la seguridad en toxicidad, mutagenicidad, y todo el análisis de lotes puede tardar dos años solo para esa parte. Luego viene el reto de la ciencia detrás del producto. No nos vale cualquier cosa; tenemos que demostrar la eficacia de nuestros compuestos bioactivos con estudios clínicos en humanos.

Finalmente, está el reto de la escala. Somos una industria incipiente y aunque España es una potencia mundial en investigación, nos cuesta mucho dar ese salto de producción masiva para competir en coste con otras materias primas. Además, necesitamos un país con una sociedad mejor educada en nutrición y salud, porque si el consumidor no se informa de que esto existe y que es seguro, no le podemos beneficiar.

“Las microalgas son un recurso que, si se gestiona bien, puede considerarse inagotable”

P. Usted desarrolló Tetraselmis Chuii, el primer novel food español a base de microalgas, ¿cómo fue el proceso y qué supuso para la biotecnología española?

R. Nosotros empezamos a trabajar en esto en el año 2006, viendo que ese ingrediente que teníamos tenía un gran potencial. El primer dosier de seguridad lo presentamos en 2008. Nos dijeron que no, porque no había guías claras en aquel entonces. Volvimos en 2011 con un dosier y, afortunadamente, tuvimos suerte, o lo hicimos muy bien, porque no hubo ninguna objeción por parte de ningún estado miembro. Finalmente, obtuvimos la autorización en 2014. Al principio fue para un uso muy limitado, como condimento, en el proyecto que hicimos con Ángel León. Aquel plancton fue una auténtica punta de lanza.

Luego, seguimos con los estudios, y en 2017, conseguimos una ampliación de uso para ser ingrediente para suplementos alimenticios. Lo importante es que logramos hacer esto con 11 estudios clínicos ya publicados, que demuestran la eficacia. Demostramos que, aunque es costoso y se tarda tiempo, es posible. Para la biotecnología española, ser pioneros en esto y demostrar que hay ciencia seria y rigor detrás de nuestros ingredientes es lo que permite que otras marcas conocidas lo utilicen, dándole visibilidad y reputación al sector.

placeholder Carlos Unamunzaga en el laboratorio de Fitoplancton.
Carlos Unamunzaga en el laboratorio de Fitoplancton.

P. Además de su potencial saludable, ¿diría que las microalgas pueden desempeñar un papel relevante en la sostenibilidad alimentaria y en la reducción de la huella de carbono?

R. Sí, absolutamente, el papel de las microalgas en la sostenibilidad es enorme. Primero, son un recurso que, si se maneja bien, es inagotable. Tienen el potencial de tener una huella de carbono negativa si la producción se hace de forma eficiente, porque consumen CO₂ para crecer. El gran desafío es el de la escala. En el sector de la alimentación animal y humana, la necesidad de proteína es ingente, y las microalgas todavía somos una industria incipiente.

A día de hoy, lo vemos más como una solución para productos de especialidad o como un complemento funcional en la alimentación, por ejemplo, añadiendo un 1% en un producto para aumentar su vida útil o como aditivo natural. Se trata de un recurso sostenible que puede producir materia prima funcional. De hecho, incluso como paso intermedio, si logramos que las microalgas se usen para alimentación animal, podrían reducir el uso de antibióticos en la acuicultura. Pero para que las microalgas se conviertan en una materia prima que realmente sustituya a, por ejemplo, el aceite de palma o la soja a nivel mundial, necesitamos seguir demostrando con coinversiones que esa economía de escala es viable. Estamos trabajando en ello, pero no es algo que vaya a suceder de la noche a la mañana.

Son organismos microscópicos, pero sin ellos no respiraríamos. Desde su origen, las microalgas han contribuido de forma decisiva a la producción de oxígeno y al equilibrio de los ecosistemas acuáticos, aunque su papel haya pasado casi desapercibido para el gran público. Durante décadas fueron sobre todo objeto de estudio en laboratorios de oceanografía y biología marina, pero en los últimos años han dado el salto a la biotecnología: hoy se investigan como fuente de proteínas, vitaminas, ácidos grasos esenciales y compuestos bioactivos con impacto directo en la salud humana.

Salud