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SIBO: cuando el intestino delgado se llena de bacterias que no deberían estar ahí
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SIBO: cuando el intestino delgado se llena de bacterias que no deberían estar ahí

Se habla mucho de él, pero se conoce poco: su diagnóstico no es sencillo, sus síntomas se confunden con los de muchas otras dolencias digestivas y tratarlo sin una evaluación médica adecuada puede empeorar el problema

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Foto: iStock.

Cada vez prestamos más atención a lo que pasa en nuestro sistema digestivo. Y no es para menos: las dolencias intestinales se han convertido en uno de los grandes temas de conversación médica y social. Entre ellas, una condición que hasta hace poco era prácticamente desconocida ha ganado protagonismo: el SIBO.

Dolor abdominal, gases, hinchazón, diarrea o estreñimiento... Estos síntomas tan comunes pueden esconder detrás una alteración concreta del ecosistema intestinal: el sobrecrecimiento bacteriano del intestino delgado. “Se trata de una condición en la que se produce una proliferación anómala de bacterias en una región del tracto digestivo que normalmente contiene una baja densidad bacteriana”, explica el doctor Santos Jiménez de los Galanes, jefe de equipo de Cirugía General y del Aparato Digestivo en el Hospital Ruber Internacional.

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En condiciones normales, el intestino delgado aloja muy pocas bacterias en comparación con el colon. Pero cuando esta barrera se rompe, las del colon migran hacia el intestino delgado. Y ahí comienza el problema: interrumpen la digestión, la absorción de nutrientes y provocan síntomas que pueden alterar por completo la calidad de vida.

Las causas del SIBO son variadas. “Podemos agruparlas en tres grandes categorías: alteraciones anatómicas, trastornos de la motilidad intestinal y condiciones que afectan la inmunidad o el ambiente intestinal”, explica el doctor Jiménez de los Galanes. “Por ejemplo, una cirugía digestiva previa, el uso crónico de opioides o la diabetes pueden favorecer el estancamiento del contenido intestinal, creando el entorno perfecto para que las bacterias se multipliquen. También influyen otros factores como la edad, el uso prolongado de inhibidores de la bomba de protones o enfermedades sistémicas que alteran el sistema inmune”.

Sea cual sea la causa, el impacto en el día a día puede ser enorme. “Los síntomas digestivos persistentes afectan la alimentación, el descanso, la vida social y el bienestar emocional”, advierte el doctor. “Además, la necesidad de seguir dietas restrictivas o tratamientos prolongados puede generar una carga psicológica adicional”.

Una enfermedad 'de moda'

En los últimos años, el término SIBO ha saltado de los artículos médicos a las redes sociales y al discurso cotidiano. Esto ha tenido efectos positivos, como visibilizar una condición que antes apenas se conocía, pero también ha generado problemas. “Muchos pacientes llegan a consulta convencidos de padecerlo, basándose únicamente en síntomas inespecíficos o en recomendaciones no médicas”, alerta el Dr. Jiménez de los Galanes.

El autodiagnóstico, además de dificultar la labor de los especialistas, puede alterar los resultados de las pruebas o retrasar un diagnóstico más preciso. “Algunos inician tratamientos por su cuenta, como dietas restrictivas o el uso de antibióticos, lo que puede tener consecuencias negativas”.

Y ojo con el sobrediagnóstico. “Puede retrasar el diagnóstico de enfermedades más graves, inducir tratamientos innecesarios o generar una medicalización excesiva de síntomas funcionales”, advierte el especialista.

En definitiva, el SIBO existe, pero tratarlo sin confirmar puede ser más perjudicial que beneficioso. A la hora de conseguir un diagnóstico preciso, el especialista advierte de que “puede confundirse fácilmente con otras condiciones digestivas, especialmente con el síndrome del intestino irritable”. Esto se debe a que “los síntomas son tan comunes como inespecíficos: desde distensión y flatulencias hasta náuseas, sensación de saciedad precoz, pérdida de peso e incluso manifestaciones extradigestivas como fatiga o alteraciones en la piel”.

placeholder Santos Jiménez de los Galanes, jefe de equipo de Cirugía General y del Aparato Digestivo en el Hospital Ruber Internacional.
Santos Jiménez de los Galanes, jefe de equipo de Cirugía General y del Aparato Digestivo en el Hospital Ruber Internacional.

Para confirmar el diagnóstico, el procedimiento habitual es la prueba de aliento con glucosa o lactulosa, aunque existe una técnica más precisa -el cultivo de aspirado yeyunal- que se reserva para casos seleccionados por su complejidad.

Tratamiento: más allá del antibiótico

“Es importante destacar que el SIBO no debe considerarse una enfermedad aislada, sino una manifestación de un desequilibrio más amplio en el ecosistema intestinal”, advierte el doctor Jiménez de los Galanes. Por eso, “su abordaje debe contemplar no solo el tratamiento sintomático, sino también la búsqueda de causas, la corrección de déficits nutricionales y una visión integral del paciente”.

  • Para eliminar el exceso de bacterias, el tratamiento más habitual es la rifaximina, un antibiótico no absorbible que actúa localmente. A veces se combina con otros fármacos si se sospecha un sobrecrecimiento de bacterias anaerobias. Pero esto no es suficiente si no se ataja la causa de fondo.
  • Es fundamental también “identificar y tratar la causa predisponente, como una alteración anatómica o un trastorno de la motilidad”, ya que no tratar correctamente el origen del problema puede provocar recaídas. “En pacientes con recurrencias frecuentes, puede ser necesario un tratamiento cíclico o prolongado”, señala.
  • Además, hay que estar atentos a posibles déficits nutricionales, como los de vitamina B12, hierro o vitaminas liposolubles, muy comunes en estos casos.

La innovación también está mejorando la vida de los pacientes. “Cada vez entendemos mejor el papel del microbioma y su impacto en la salud digestiva y general”, añade el doctor. “Esto está permitiendo afinar los tratamientos, mejorar el diagnóstico con herramientas menos invasivas, y abordar el SIBO no como una enfermedad aislada, sino como el reflejo de un desequilibrio más profundo en el ecosistema intestinal”.

El tratamiento farmacológico no es la única herramienta disponible. “La dieta desempeña un papel clave en el manejo de esta enfermedad”, afirma el especialista. Dietas como la baja en FODMAPs -que restringen ciertos carbohidratos fermentables-, la dieta específica de carbohidratos (SCD) o incluso la elemental (con fórmulas nutricionales predigeridas) pueden ser útiles para reducir el alimento disponible para las bacterias. Eso sí, siempre bajo supervisión médica.

En cuanto al uso de probióticos, su efectividad no está del todo clara. “Algunos pacientes experimentan mejoría, mientras que otros pueden empeorar”, advierte el especialista, que recuerda que “cada caso debe evaluarse de forma individual”.

Otros factores como el ejercicio físico regular, una buena higiene del sueño o el control del estrés también pueden favorecer una mejor motilidad intestinal y contribuir al tratamiento.

El Confidencial, en colaboración con Quirónsalud, presenta una serie de artículos con información práctica, consejos y recomendaciones para mejorar nuestra salud y bienestar. Si tienes alguna duda sobre esta temática o quieres más información, puedes contactar con el Hospital Ruber Internacional

Cada vez prestamos más atención a lo que pasa en nuestro sistema digestivo. Y no es para menos: las dolencias intestinales se han convertido en uno de los grandes temas de conversación médica y social. Entre ellas, una condición que hasta hace poco era prácticamente desconocida ha ganado protagonismo: el SIBO.

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