Para muchos, la imagen de los trasplantes va ligada a la de aviones o helicópteros yendo a buscar y transportar de un hospital a otro tanto órganos como cirujanos. Se ha popularizado tanto la foto del equipo quirúrgico bajando del avión con sus vestimentas hospitalarias y la nevera con el órgano, o bien el reportaje del "vuelo de la esperanza" con la filmación de un equipo que va a extraer un hígado, un corazón o un pulmón a otra ciudad, que parece normal que la palabra trasplante se asocie indefectiblemente a desplazamiento aéreo y parafernalia acompañante.
Por lo que se refiere a estos vuelos, los comienzos en España de los trasplantes de hígado y corazón en los ochenta fueron complicados y solo posibles gracias a un grupo de aviones "Mystere" del Ejército del Aire, ubicados en Madrid, con un núcleo de pilotos dedicados al desplazamiento de altos cargos y misiones similares. Los militares pusieron generosamente sus hombres, aviones y helicópteros a disposición de los trasplantes, así como su centro de coordinación para facilitar la apertura de aeropuertos e incluso formar a las enfermeras que más tarde asumirían el papel de coordinación en la ONT. Este periodo prehistórico finalizó cuando se articularon los mecanismos de contratación de compañías privadas que a su vez permitieron afrontar el enorme crecimiento experimentado ya desde los primeros años de funcionamiento de la ONT.
Mucho ha llovido desde entonces y mucho ha crecido la actividad trasplantadora. Durante el año 2024 se realizaron en España 6464 trasplantes de órganos (la médula ósea y los tejidos son otra historia) y de ellos, en 1159, alrededor de un 18%, se registró un desplazamiento aéreo gestionado por la ONT. De media en España se produjeron 8 donaciones y 17 trasplantes diarios y se utilizaron entre 3 y 4 vuelos para hacerlos posibles. Merece la pena analizar las razones por las que en algunas situaciones está indicado el avión, aunque no en la mayoría de los casos.
Cuando se produce una donación, lo ideal es que los receptores estén ubicados lo más cerca posible del hospital donante o incluso que sean pacientes del mismo. Se busca siempre esa proximidad tanto por el ahorro de tiempo como de recursos económicos. Los resultados en cualquier órgano son siempre mejores cuanto menos tiempo pase entre la extracción y el trasplante y en cuanto al factor económico no hace falta insistir.
Esta inmediatez sucede sobre todo en el caso del trasplante renal donde los desplazamientos a distancia se producen sobre todo cuando el hospital donante no es un centro trasplantador ni está en una ciudad que lo tenga. En todo caso, el riñón es el órgano que mejor soporta el retraso en ser trasplantado (lo que se denomina "isquemia fría") que en caso necesario puede prolongarse 24-48 horas, aunque no sea lo deseable. Se envían riñones a distancia en casos especiales como el intercambio por pacientes con difícil compatibilidad (Hiperinmunizados), niños o "riñones difíciles" que solo se trasplantan en algunos centros especiales. En todos estos casos el transporte se hace en ambulancia si la distancia lo permite con el órgano viajando sin ningún sanitario acompañante, a cargo del conductor. Si se trata de un trayecto largo y hay conexión aérea, se usa un vuelo regular, conectado con ambulancias y también sin acompañante, a cargo de la tripulación del avión.
Hay que señalar que todas las compañías aéreas españolas (Vueling, Iberia, Air Europa, Iberia Express y Air Nostrum) y alguna extranjera cuando se han producido desplazamientos internacionales, han prestado este servicio de forma totalmente altruista y con la mejor disposición, algo que en 2024 se produjo en 310 ocasiones, casi una vez al día. Para el riñón solo se utiliza los jets de compañías privadas en los casos de "trasplante cruzado", sobre todo en los internacionales, cuando el donante de una pareja le da el riñón al receptor de otra y viceversa y ambos son de ciudades alejadas entre sí, con el tiempo corriendo inexorable desde que se extrae el órgano hasta que se implanta.
Para el resto de los órganos las cosas son distintas al serlo también el tiempo máximo de isquemia que soportan: 6-8 horas para el hígado, 3-4 horas para corazón, pulmón, intestino y multiviscerales con varios de estos órganos. Sigue vigente para todos ellos la máxima de que cuanto más cercano y menos tiempo mejor, pero la necesidad de encontrar el receptor idóneo para cada órgano por razones de urgencia o simple compatibilidad marcada por las normas de distribución establecidas cada año por la ONT, hace que la necesidad de transporte aéreo sea aquí mucho más frecuente y tanto mayor cuanto menor deba ser el tiempo de isquemia, es decir, en los trasplantes cardiacos, pulmonares e intestinales.
En la mayoría de estos casos (710 en 2024, una media de dos al día) se utilizaron aviones privados (el helicóptero es hoy día excepcional), desplazando en casi todos tanto al órgano como al equipo. Solo se libran de esta norma los hígados o pulmones (muy raro con el corazón) extraídos por un equipo local experimentado y enviados al hospital trasplantador al cuidado de la tripulación del avión. Cuando es posible por los horarios, se envían también por vuelo regular ajustando muy bien los tiempos. El caso más característico es el envío de órganos desde Canarias a la península sobre todo teniendo en cuenta el elevado coste de un vuelo privado a las islas.
Estas compañías aéreas privadas, que van cambiando con el tiempo, utilizan tanto aviones propios como pertenecientes a determinadas empresas o particulares que los alquilan cuando no los están utilizando. Ha habido épocas en que nos encontramos con serias dificultades para contratar unos vuelos que lógicamente surgen cualquier día a cualquier hora. Recuerdo momentos coincidentes con acontecimientos deportivos como partidos de la Champions o grandes premios de coches o motos en que la demanda sobrepasaba a la oferta y algunas donaciones de determinados órganos tuvieron que trastocarse usándolos para otro receptor o lamentablemente hubo que desecharlos ante la imposibilidad de desplazarse en tiempo y forma. Afortunadamente han sido casos muy puntuales, pero ponen de manifiesto la importancia de que este entramado aéreo funcione con precisión milimétrica ya que lo que está en juego son vidas humanas. En este sentido hay que decir que tanto estas compañías como sus pilotos lo han dado todo por nuestro sistema de trasplantes e incluso dos de ellos fallecieron en 2012 cuando venían de entregar un corazón que se trasplantó satisfactoriamente.
Y en este mismo entramado juegan un papel fundamental los aeropuertos. El pasado año intervinieron en 2.385 ocasiones, destacando Barajas con 522 y El Prat con 427. En 279 ocasiones se les solicitó la prolongación de su horario para atender a los vuelos de trasplante y en 21 se abrieron aeropuertos exclusivamente para ellos. Aquí también hay que dar las gracias al personal de AENA, así como a los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado en su función facilitadora y de escolta, siempre dispuestos a darlo todo para contribuir a salvar una vida.
Toda esta estructura organizativa liderada por la ONT y que funciona cada día como un reloj, evidentemente no se improvisa, es el resultado del trabajo de muchos años, de su conexión con la sociedad y del aprovechamiento adecuado de todos los recursos disponibles. Es la muestra de que España es un país mucho más organizado de lo que a veces nos dicen o queremos creer y los resultados se miden en muchos miles de vidas salvadas cada año.
Para muchos, la imagen de los trasplantes va ligada a la de aviones o helicópteros yendo a buscar y transportar de un hospital a otro tanto órganos como cirujanos. Se ha popularizado tanto la foto del equipo quirúrgico bajando del avión con sus vestimentas hospitalarias y la nevera con el órgano, o bien el reportaje del "vuelo de la esperanza" con la filmación de un equipo que va a extraer un hígado, un corazón o un pulmón a otra ciudad, que parece normal que la palabra trasplante se asocie indefectiblemente a desplazamiento aéreo y parafernalia acompañante.