¿Crisis en las vocaciones sanitarias? Búscate una amante
El dramaturgo y médico Antón Chéjov decía que "la medicina es mi legítima esposa; la literatura es mi amante". La mejor manera de revitalizar la vocación es diversificar nuestra actividad
En distintos ámbitos de la profesión médica sorprende cómo los primeros números en el MIR escogen especialidades aparentemente más cómodas, que exigen menos sacrificio, como dermatología, la especialidad elegida por los tres últimos números uno. Patricia Andrés, número 1 de 2023, durante la carrera sintió "vocación" por Medicina Interna. Sin embargo, escogió dermatología: "estuve con algunos médicos y me dijeron las variables que tenía que tener en cuenta: calidad de vida, si tiene o no guardias o si tiene o no privada".
Desde antiguo, la medicina (hoy diríamos las profesiones sanitarias) se ha considerado una profesión vocacional. Vocación, proviene del latín vocatio, que significaba "llamamiento". Por eso en inglés se usa el término calling. La vocación se ha entendido como la inclinación (la "llamada") propia de una persona hacia una determinada actividad. Siempre se ha señalado que hay profesiones vocacionales. Por supuesto la medicina, pero también la enseñanza, el sacerdocio o la política. Las vocaciones religiosas han incidido mucho en eso de la llamada, por el elemento trascedente inherente a ellas. Junto a las vocaciones profesionales, otras actividades humanas también se han considerado vocacionales, porque igualmente precisan de una inclinación íntima, como la paternidad o las artes (literatura, pintura, interpretación).
Los cambios en la sociedad y en el ejercicio de la medicina han llevado a plantear si existe una crisis en la vocación médica (o sanitaria). Se ha cuestionado hasta si eso de la vocación, en realidad, no es más que artilugio para someter a los sujetos bajo el yugo de la medicina, la política, el ejército o la religión. O si es un cuento chino para justificar, a través de elementos sobrenaturales (la llamada), los privilegios de determinados grupos sociales.
Lisa Rosenbaum en Sobre la vocación: ¿de profesionales privilegiados a engranajes del capitalismo?, publicado en The New England Journal of Medicine, explica cómo, a medida que la sociedad ha situado el trabajo en su centro (workism, que podría traducirse como "trabajacionismo") y conforme la medicina se ha ido corporativizando, la medicina ha pasado de ser una "vocación" a un trabajo. Ni más, ni menos. Los médicos antes sentían que sacrificarse les brindaba plenitud espiritual. Tenían una tarea especial que les realizaba como seres humanos. Ahora, sin embargo, tienen cada vez más la sensación de ser meros engranajes de una rueda, de un sistema que no les gusta y que les maltrata. Para los jóvenes, la profesión médica, que antes era sagrada, es un simple trabajo. Una forma de ganarse la vida como cualquier otra. Además, las exigencias de la medicina entran en conflicto con llevar una buena vida, la principal aspiración de las nuevas generaciones.
Opinión El artículo de Lisa Rosenbaum cuenta el testimonio de Austin Witt, que acaba de finalizar la residencia en medicina familiar. Austin piensa que describir su trabajo como una "vocación" va contra los que se están formando. Es "un medio de subyugación, una forma de obligarlos a aceptar malas condiciones laborales". Lisa Rosenbaum explica que para muchos jóvenes la palabra "vocación" sugiere una superioridad moral que la medicina no se ha ganado. Para Austin su sentido del deber es igual que el de su abuelo, que era electricista. Es independiente de la lealtad institucional o de las condiciones laborales, que, dice, "nos oprimen".
¿Existe realmente la vocación, o son simples motivaciones por ejercer una profesión? Vocación y motivación, aunque son compatibles, no son lo mismo. Se dice que alguien tiene o posee vocación, como una característica propia de la persona, mientras que se está (o no) motivado, porque es algo provisional. Un médico puede tener una profunda vocación, pero estar desmotivado por problemas laborales. Como también hay médicos sin vocación (que han escogido la medicina por prestigio o por inercia familiar), que están muy motivados, porque les gusta lo que hacen, porque ganan dinero o por lo que sea.
¿Qué quieren decir entonces que la medicina, u otra profesión, es una vocación? Casi todas las "vocaciones" son profesiones de servicio público. Trabajos en los que no importan tanto los intereses egoístas del profesional, sino los valores de los que se ocupan, el servicio que dan. Esto no significa que un camarero o un electricista (como el abuelo de Austin) no den un servicio. Muchas veces lo dan más que un médico. Sino que el médico, el profesor o el político gestionan directamente, tienen en sus manos, valores humanos esenciales, como la salud, la educación o el bien común.
¿Qué se puede hacer respecto a la crisis que vive la vocación? Buscarse una amante. Gregorio Marañón tiene en un texto precioso de 1946, Vocación y ética, donde disecciona las características de la vocación médica. Para Marañón, la vocación ideal es muy parecida al amor, es "una pasión que tiene las características del amor, a saber: la exclusividad en el objeto amado y el desinterés absoluto en servirlo". A pesar de esta visión idealista, Marañón detecta muchos de los problemas que se han nombrado y apunta una solución: buscar otras ocupaciones. Por un lado, porque "Todos llevamos dentro una personalidad mucho más compleja que la que indica nuestra fachada oficial" y, por otro, porque "La profesión más sinceramente sentida y amada, más encajada con nuestras aptitudes, acaba por automatizarse, por perder su roce con el ambiente, convirtiéndose en un mecanismo fácil." Diversificar, hacer cosas diferentes a nuestra profesión, es muy sano, para, explica Marañón, "compensar la monotonía".
El dramaturgo Antón Chéjov, que era médico, decía que "la medicina es mi legítima esposa; la literatura es mi amante. Cuando me canso de una, paso la noche con la otra". Hacer cosas diferentes nos hace desconectar, nos divierte, evita la saturación profesional, amplía horizontes y hasta nos reconcilia con la "legítima esposa". Es la mejor fórmula para conjugar vocación y motivación.
En distintos ámbitos de la profesión médica sorprende cómo los primeros números en el MIR escogen especialidades aparentemente más cómodas, que exigen menos sacrificio, como dermatología, la especialidad elegida por los tres últimos números uno. Patricia Andrés, número 1 de 2023, durante la carrera sintió "vocación" por Medicina Interna. Sin embargo, escogió dermatología: "estuve con algunos médicos y me dijeron las variables que tenía que tener en cuenta: calidad de vida, si tiene o no guardias o si tiene o no privada".