¿Crees que has sufrido un simple mareo? Así actúa el síncope vasovagal en tu cuerpo
En caso de presenciar un episodio hay que ayudar al afectado a tumbarse, levantarle las piernas para mitigar los síntomas y evitar su incorporación hasta que se encuentre bien
La noche se desarrollaba según lo previsto. Después de semanas planeándolo, al fin, las compañeras del trabajo habían logrado cuadrar los horarios para disfrutar de una cena previa a las vacaciones estivales. Las invitadas fueron llegando a la hora fijada. Ya en la mesa, las conversaciones se desarrollaban de manera amena y por qué no, la ocasión lo requería, un poco atropelladas. De repente, una de ellas, se derrumbó en el suelo. Se hizo el silencio. Sin saber qué hacer, alguien le levantó las piernas. Transcurridos unos minutos, recobró el conocimiento. Habría sido un mareo, hacía bastante calor. Algún tiempo después el episodio volvió a repetirse en un contexto diferente, lo que le animó a consultarlo con un especialista, quien le confirmó que sufría síncopes vasovagales.
El término de síncope vasovagal -también llamado neuromediado o síncope neurocardiogénico- se utiliza para describir episodios de bajada de tensión arterial y/o de frecuencia cardiaca que llevan a un mareo intenso y/o desmayo con pérdida de conciencia que, por definición, es transitoria. En la mayoría de las ocasiones no se asocia a anomalías cardiacas, siendo las consecuencias más importantes para la persona que lo sufre las caídas y golpes propiciados por el desfallecimiento. “El mecanismo que lo favorece es muy discutido, aún hoy en día: parece que existe una inmadurez de los sensores que determinan cuál debe de ser la tensión arterial y frecuencia cardiaca en cada momento. Esta inmadurez precipita, en determinadas situaciones especiales, órdenes equivocadas al cerebro que reacciona bajando la tensión arterial y/o frecuencia cardiaca, ocasionando la pérdida de conciencia”, explica el jefe del Servicio de Cardiología del Hospital Universitario de Fuenlabrada, Alejandro Curcio Ruigómez.
“La prevalencia de este tipo de síncope a lo largo de la vida es del 40%, aproximadamente, es decir, una de cada 2 o 3 personas a lo largo de la vida lo van a presentar”, según el doctor Curcio. Entre la población, es frecuente que se sufra durante la adolescencia y en jóvenes en general. “En la mayoría de ellos desaparece con el paso a la edad adulta, aunque no siempre es así”, declara.
Cuando una persona está sufriendo un síncope y empieza a tener los síntomas de lo que se llama un presíncope “hay que tumbarla en el suelo; intentar levantarle las piernas; desabrocharle un poco la ropa si la lleva muy apretada, sobre todo en la cintura; y esperar a que recupere el conocimiento. Ante una situación de estas hay que intentar tomar el pulso y diferenciar lo que es un síncope de una parada cardíaca”, declara el doctor Ignacio Fernández Lozano, presidente electo de la Sociedad Española de Cardiología (SEC). Si, por el contrario, el síncope ya se ha producido, junto al resto de consejos, “hay que esperar a que se recupere del todo y no levantarla antes de tiempo”, sostiene.
Es conveniente que las personas que sufren este tipo de síncopes aprendan en qué momentos suceden para poder prevenir sus consecuencias. Entre algunas de las situaciones que propician la aparición de estos se encuentra, por ejemplo, como subraya el doctor Curcio, “estar de pie largo tiempo sin moverse, ambientes calurosos o sitios cerrados y mal ventilados o si se sufre un dolor agudo e intenso”.
Generalmente, las personas que padecen esta dolencia no están medicadas. Solo se recurre a su tratamiento en casos excepcionales, como son: “síncopes muy recurrentes y, por tanto, incapacitantes; falta de respuesta a las medidas convencionales (ingesta de líquidos, aumento de la sal en la dieta, ejercicios isométricos y, fundamentalmente, evitar desencadenantes -como los descritos anteriormente-); y quienes desarrollen una profesión que suponga una situación de riesgo”, apunta el experto del Hospital Universitario de Fuenlabrada.
En 2005, se publicó el artículo Cardioneuroablación”: nuevo tratamiento para el síncope neurocardiogénico, el bloqueo AV funcional y la disfunción sinusal mediante ablación por radiofrecuencia con catéter en la publicación Europace. El texto desarrollaba un estudio realizado con 21 pacientes con una edad media de 48 años a los que se les había practicado una neuroablación cardíaca. Se trataba de una técnica novedosa para el manejo de pacientes con influencia autonómica parasimpática predominantemente adversa y se basa en la ablación por radiofrecuencia (RF) de las conexiones autonómicas en los tres ganglios principales que rodean el corazón. El seguimiento durante una media de 9 meses demostró, según el documento, “el éxito en todos los casos con alivio de los síntomas”.
Posteriormente, en 2022, Journal of Interventional Cardiac Electrophysiology recogió el artículo El beneficio de la cardioneuroablación para reducir la recurrencia del síncope en pacientes con síncope vasovagal: un estudio de casos y controles. Este estudio reclutó un total de 2.874 pacientes. La conclusión de la investigación aseguraba que “la cardioneuroablación se asocia con una reducción significativa en la recurrencia del síncope durante el seguimiento en comparación con el tratamiento conservador”.
Seguidamente, en 2023, un grupo de investigadores publicaron el estudio Controversia clínica: metodología e indicaciones de la cardioneuroablación para el síncope reflejo, en EP Europace. Se trata de un metaanálisis de 14 estudios que incluyó 465 pacientes con un promedio de recurrencia sincopal del 92%. El texto concluye que “en todos los estudios, tras el procedimiento de ablación, los pacientes mostraron un aumento de la frecuencia cardíaca junto con una reducción de su variabilidad (lo que indica una alteración de la estimulación parasimpática cardíaca), que persistió al menos durante dos años”.
Dados sus buenos resultados en el manejo y tratamiento de los síncopes vasovagales, y por la evidencia científica que acompaña a su utilización, la práctica de cardioneuroablación, desde hace algunos años, se realiza en casos muy concretos. “Se trata de un procedimiento de ablación de los ganglios nerviosos, simpáticos y parasimpáticos, que se encuentran alrededor del corazón, de la enervación del mismo. Lo utilizamos en personas jóvenes con síncopes de repetición, sobre todo en aquellos que se asocian a frecuencias cardiacas bajas, brabicardias severas, con buenos resultados. Aunque la experiencia clínica es todavía muy limitada”, declara el doctor Fernández.
En personas que sufren síncopes vasovagales con cierta asiduidad es esencial que su entorno, fundamentalmente el familiar, conozca este problema “para ayudarles a prevenir esta dolencia y poner en práctica los consejos generales ya indicados”, afirma el experto del Hospital Universitario de Fuenlabrada.
La noche se desarrollaba según lo previsto. Después de semanas planeándolo, al fin, las compañeras del trabajo habían logrado cuadrar los horarios para disfrutar de una cena previa a las vacaciones estivales. Las invitadas fueron llegando a la hora fijada. Ya en la mesa, las conversaciones se desarrollaban de manera amena y por qué no, la ocasión lo requería, un poco atropelladas. De repente, una de ellas, se derrumbó en el suelo. Se hizo el silencio. Sin saber qué hacer, alguien le levantó las piernas. Transcurridos unos minutos, recobró el conocimiento. Habría sido un mareo, hacía bastante calor. Algún tiempo después el episodio volvió a repetirse en un contexto diferente, lo que le animó a consultarlo con un especialista, quien le confirmó que sufría síncopes vasovagales.