El xenotrasplante chino y lo que vendrá después
Nuevo capítulo de trasplantes: la investigación china que plantea la posibilidad de utilizar un órgano genéticamente modificado como una terapia puente para pacientes con insuficiencia hepática que esperan donantes vivos
Aunque la noticia se dio a conocer el año pasado, ha vuelto a la actualidad recientemente por la publicación en Nature del primer caso mundial de trasplante de hígado porcino genéticamente modificado a un humano, en este caso una persona fallecida en muerte cerebral.
La intervención se producía en el Hospital Militar de Xi’an (la ciudad de los guerreros de terracota), un centro con amplísima experiencia de trasplantes de todo tipo de órganos de cerdo a mono desde hace más de una década (hígado, corazón, riñón, córnea, piel y hueso), mientras que los animales genéticamente modificados los proporcionó la empresa china ClonOrgan, de Chengdu, Sichuan (la región de los osos panda). La experiencia se prolongó durante 10 días, suspendiéndose a petición de la familia del fallecido, y durante este tiempo, el órgano, que convivió todo el tiempo con el hígado del receptor, se mantuvo en buenas condiciones con una función metabólica básica aceptable y sin signos de rechazo agudo, lo que indica que el procedimiento fue satisfactorio para los fines perseguidos. El mismo equipo ha llevado a cabo en enero de este año un segundo trasplante similar, también a una persona en muerte cerebral, pero habiendo extirpado previamente el hígado del receptor. Aparentemente los resultados fueron buenos, pero están aún pendientes de publicación.
Dentro del boom internacional de los trasplantes de órganos de cerdo que estamos viviendo en los últimos años, tras las oportunas experiencias en diversos simios, cada vez más complicadas fuera de China por la escasez de estos animales, su precio y la presión de los ecologistas, se ha convertido en un enfoque frecuente antes de pasar a la fase clínica, realizarlos en personas en muerte encefálica. En esta situación, la persona fallecida conserva el latido cardiaco y la estabilidad hemodinámica, y está mantenida artificialmente con un respirador. De esta forma se puede valorar al menos a corto plazo la evolución del órgano y la repercusión en el organismo del receptor. En Estados Unidos se han realizado en personas en muerte encefálica al menos tres trasplantes de riñón desde 2021, uno de hasta 61 días de seguimiento y otros dos de corazón (probablemente más, no reportados), que sirvieron para acumular no pocas enseñanzas de utilidad. Hay que destacar en todo caso la generosidad de los familiares del fallecido para soportar que su ser querido siga conectado a todo tipo de tubos durante días y días en aras de la ciencia.
En ambas modalidades, cardiaca y renal, precedieron a las primeras experiencias clínicas en personas vivas, que hasta el momento se han concretado en dos trasplantes cardiacos (ambos fallecidos) y cuatro renales de los que hasta el momento sobreviven dos tras varios meses de evolución. De momento, los resultados no son precisamente para tirar cohetes, pero hay que dar tiempo al tiempo.
El objetivo último de la experiencia china no era lograr un trasplante hepático definitivo, sino que sirviera de “órgano puente” en casos de fallo hepático agudo, en espera de un órgano humano que sirviera para realizar un trasplante estándar. Aunque lo ideal sería lograr una solución a largo plazo, como se intenta con riñón y corazón, la complejidad metabólica del hígado hace que esta hipótesis se vea más lejana que con otros órganos. Se abre, por tanto, con esta experiencia un camino distinto y prometedor que puede ser de gran utilidad futura.
En España, el equipo del Hospital Virgen de la Arrixaca de Murcia tiene también experiencia en el trasplante de hígados de cerdo a mono desde el siglo pasado, con unas excelentes instalaciones veterinarias para cirugía experimental y está preparando un ensayo clínico, pendiente aún de las aprobaciones correspondientes para trasplantar hígados de cerdos genéticamente modificados procedentes de la Universidad de Múnich a 3 enfermos en fallo hepático agudo. Se realizarían en enfermos con mala evolución clínica y en los que no apareciera el órgano a trasplantar en un plazo razonable de varios días, manteniendo el órgano porcino hasta estabilizar al enfermo y conseguir un hígado humano adecuado.
Podrían ser unas experiencias pioneras a nivel mundial de trasplante de hígado porcino a enfermos en fallo hepático agudo, pero hay dos problemas que lo pueden dificultar. Por un lado, está la autorización de los órganos a trasplantar por parte de la Agencia Europea del Medicamento (EMA) y por otro la relativa rareza en España de la situación clínica que se quiere tratar.
Uno de los paradigmas que van a cambiar los xenotrasplantes es que los organismos reguladores de los distintos países dejen de ser las organizaciones de trasplantes o al menos de una forma parcial, para pasar a tener la última palabra las agencias del medicamento, la FDA americana, su equivalente europeo la EMA o sus correspondientes en España y otros países. Los órganos porcinos modificados tienen una consideración legal de “dispositivo médico” (medical device), totalmente distinta de los órganos humanos. Eso significa que la autorización para utilizar los cerdos procedentes de la Universidad de Munich la tiene que aprobar la EMA, un trámite que esta agencia no ha realizado todavía en ninguna ocasión, pero que todo indica que podría ser más lenta y restrictiva de lo que lo han sido en Estados Unidos y no digamos ya en China. Una vez superado este paso, ya se ha creado un comité entre la ONT y el Instituto de Salud Carlos III, para la autorización definitiva, junto con la consejería de salud de Murcia.
Pero, superados los requerimientos burocráticos, la situación objeto del tratamiento con el xenotrasplante es infrecuente en España. Se trata del fallo hepático agudo, en hígados previamente sanos (no en enfermos crónicos), bien por tóxicos, virus o indicación de retrasplante en los primeros días tras la cirugía, con alto riesgo de fallecer, para los que no se encuentre en un plazo breve un hígado humano. En España se produjo una situación de fallo hepático agudo en 111 ocasiones durante 2024, de las que no se encontró a tiempo un hígado adecuado en 8 casos (7,2%), sobre una actividad total de 1344 trasplantes. El tiempo de los enfermos en situación de urgencia fue de menos de 48 horas en el 84% de los casos y de 2 a 4 días en un 10% adicional. Además, se entiende que el enfermo tendría que estar en el hospital donde se fuera a hacer la intervención y no en ninguno de los otros 28 centros donde se trasplantan hígados en España.
Todo ello quiere decir que la situación que se intenta tratar con este tipo de trasplantes no es frecuente en nuestro país, aunque tampoco se puede decir que sea excepcional. Hay que tener en cuenta que al día se produjeron durante 2024 una media de 7 donaciones de órganos en España y un paciente con fallo hepático agudo tiene prioridad nacional absoluta hasta que se encuentra el hígado adecuado para él. Es complicado que pasen muchos días sin que surja este hígado, aunque a veces la situación clínica del enfermo es tan mala que no da tiempo para llegar al mismo. Huelga decir que esta no es la situación de la mayor parte del mundo, donde disponer de esta opción terapéutica para determinados enfermos de mala evolución puede ser de gran utilidad si finalmente se demuestra posible.
En suma, hay que dar la bienvenida a este nuevo enfoque terapéutico de órgano puente, que probablemente sea bastante más verosímil a corto y medio plazo que la búsqueda de otros órganos porcinos como solución definitiva y solo esperar que nuestro sistema de trasplantes pueda contribuir significativamente a su desarrollo.
Aunque la noticia se dio a conocer el año pasado, ha vuelto a la actualidad recientemente por la publicación en Nature del primer caso mundial de trasplante de hígado porcino genéticamente modificado a un humano, en este caso una persona fallecida en muerte cerebral.