¿Tiene sentido recuperar la mascarilla como quiere el Ministerio de Sanidad? Responden los expertos
Algunas comunidades autónomas han rechazado un plan de medidas para la prevención y control de enfermedades respiratorias. El mes que viene reunirán
El debate sobre el uso de las mascarillas ha vuelto un otoño más. Este jueves, el Ministerio de Sanidad ha intentado alcanzar un consenso con las comunidades autónomas en la Comisión de Salud Pública para un plan de medidas de contención y control de las enfermedades respiratorias, con el endurecimiento gradual de la utilización del tapabocas como una de las medidas protagonistas. Finalmente, no se ha alcanzado un acuerdo y se aplaza a noviembre la decisión de la Comisión de Salud Pública sobre este documento de medidas para la prevención y control de patologías, como la gripe, el virus sincitial respiratorio (VRS) o el covid.
El borrador que llevado el Ministerio ante las Comunidades, llamado Evaluación del riesgo y recomendaciones para el control de las infecciones respiratorias agudas, ha sido adelantado por EFE. En él, la Dirección General de Salud Pública planteaba cuatro escenarios posibles de riesgo, basándose en ciertos indicadores— como tasa de incidencia, hospitalizaciones e ingresos UCI y ocupación de cama— y a partir de los cuales se podría aplicar una serie de actuaciones homogéneas en todo el territorio, pero con la opción de que se añadiesen otras adicionales en función de la situación. Con ello se pretendía garantizar la coordinación entre los territorios para los próximos meses.
En cuanto a las mascarillas, este documento puntualizaba que su uso queda restringidos a los mayores de seis años, salvo quienes tengan "algún tipo de enfermedad o dificultad respiratoria" que pueda empeorar por su utilización o que, por discapacidad o dependencia, no dispongan de autonomía para quitársela. En el nivel uno, —el segundo en esta escala, pues comienza en el grado 0—, el cubrebocas es recomendable para las personas con síntomas; en el nivel dos, estará indicada para todos en salas de espera y urgencias. Para el último nivel, "se podrá valorar la adopción de medidas adicionales y excepcionales que se implementarán de acuerdo a la normativa específica", tal y como recoge este documento.
Tras no llegar a un acuerdo con el plan, fraguado durante el anterior pico de infecciones respiratorias, se ha emplazado una nueva reunión para noviembre. Después de conocerse la noticia, el secretario de Estado de Sanidad, Javier Padilla, ha acusado al Partido Popular (PP) de no permitir sacar adelante este acuerdo en sus redes sociales: "Las CCAA del PP frenan el documento redactado por sus propios técnicos para tener por primera vez un plan de actuación común frente a la epidemia de virus respiratorios. La irresponsabilidad es enorme y ojalá recapaciten". Sin embargo, fuentes cercanas al encuentro han confirmado a Europa Press que Castilla-La Mancha, Navarra y Canarias también lo han rechazado "por criterios técnicos"; mientras Asturias y País Vasco no se han pronunciado. Algunos directores generales han considerado que el plan está "poco maduro".
Pero, ¿cuál es la valoración de los expertos? Hablamos con cuatro especialistas en diferentes áreas para conocer su valoración al respecto.
"La reacción de las comunidades autónomas en contra es irresponsable"
El que fuera director de Acción Sanitaria en Situaciones de Crisis de la OMS, Daniel López Acuña, se manifiesta sin rodeos: “Claro que habría que recuperarlas”. Para el epidemiólogo, “la reacción de las comunidades en contra es irresponsable”.
Para el especialista en salud pública la propuesta del Ministerio es "una propuesta muy atinada, sensata, con buen fundamento epidemiológico". "Tenemos que entender que el planteamiento fundamental para que no nos golpeen con una fuerza inaudita las infecciones respiratorias agudas en esta temporada otoño-invierno estriba en tomar dos tipos de medidas. Una es tener buenas coberturas de vacunación en todos los grupos de riesgo para covid, gripe estacional y virus respiratorio sin sitial", "la segunda medida es también de gran importancia, que es reducir el riesgo de contagio y para esto el arma fundamental es la mascarilla. Cuando haya una incidencia alta, tal como plantea Sanidad, debe ser reintroducida, incluso con carácter de obligatoriedad en establecimientos sanitarios y sociosanitarios. Y debe haber una actitud firme de parte de las autoridades sanitarias estatales y autonómicas de promover su uso en personas que tienen infecciones respiratorias agudas independientemente de que estén o no en un centro sociosanitario", asimismo apunta a que debe servir para evitar el contagio en sitios de grandes aglomeraciones como el transporte público.
El exdirectivo de la OMS valora "que las comunidades autónomas, especialmente las que están gobernadas por el Partido Popular, hayan boicoteado esta propuesta y no hayan permitido llegar a un consenso es un hecho muy lamentable. Es un hecho en donde desafortunadamente la salud de las personas se usa para traficar la oposición política y no estamos ante una situación en donde las decisiones que se plantean por parte de estas comunidades tengan un fundamento epidemiológico, una sólida base sanitaria. Es simplemente la oposición a ultranza, aun cuando nos llevemos de frente la salud de las personas".
La obligatoriedad del uso de mascarillas debería quedar limitada a una situación "realmente grave"
Por su parte, Isabel Jimeno Sanz, especialista en Medicina Familiar y Comunitaria y responsable del grupo de Vacunas de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG), considera que la obligatoriedad del uso de mascarillas debería quedar limitada a una situación "realmente grave", aunque prevé que no se llegará a ese punto. "Salvo en esas circunstancias, no tendría sentido. Utilizarla sí o sí en todas las salas de espera, le pase a la persona lo que le pase, tenga o no algo, sería una medida poco efectiva", defiende. Además, sostiene que esta imposición, excepto en ocasiones extraordinarias, puede crear mucha alarma social
Sin embargo, considera fundamental tener en cuenta la valoración individual de cada situación y la protección de cada uno. En centros de salud sin ventilación, pacientes vulnerables o personas con síntomas el tapabocas sí que tendría un papel protagonista.
"Una medida más publicitaria que efectiva"
A Rafael Toledo, inmunólogo y catedrático de la Universidad de Valencia, no le parece “una idea muy acertada” volver a cubrirse la boca como quiere Sanidad, de hecho, lo valora como “una medida más publicitaria que realmente efectiva”. “Las mascarillas han pasado de ser el estandarte visible de la pandemia al comodín de la pospandemia, que se utiliza para demostrar movimientos”, valora a este periódico.
Toledo, señala que “los datos no avalan su utilidad. De hecho, la mortalidad por gripe del año pasado fue la más alta desde 2006 y solo superada por la de 2018. Por tanto, me parece es que es una medida que se impone para demostrar que se hace algo y que tiene una serie de ventajas: la primera es que es muy visible y la segunda es que el coste corre a cargo del ciudadano”.
En esta mima línea crítica que “se utiliza para esconder que no se van a acometer determinadas medidas estructurales que serían mucho más útiles y mucho más eficaces, pero que evidentemente corren a cargo de la administración; como podría ser fomentar la vacunación, mejor atención primaria, mejor atención médica en residencias…”.
En cualquier caso, sobre su uso señala que “en lugar de obligar en determinados centros, porque insisto en que los datos no avalan ninguna utilidad a nivel comunitario, se podría limitar la recomendación en determinadas circunstancias, por ejemplo cuando hay síntomas, con un uso voluntario y apelando un poco más a la responsabilidad individual”.
"Me gustaría que el ministerio recomendase medidas basadas en la evidencia científica"
En la misma línea se muestra José Gómez Rial, jefe del Servicio de Inmunología en el Complejo Hospitalario Universitario de Santiago de Compostela (CHUS). Para él, que se pretenda volver a su obligatoriedad es prácticamente “una grosería”, tanto por la corrupción que ha habido con las mascarillas como porque no han demostrado efectividad, al mismo tiempo la señala como un arma de enfrentamiento político.
“Que justo en este momento salga esta vuelta a los errores del pasado… me parece hasta grosero. Tenemos que aprender de los errores cometidos tiempo atrás. Y hoy la ciencia tiene claro que el impacto es mínimo”, en este punto hace referencia a un metaanálisis que concluye que el impacto que ha tenido la mascarilla en la reducción de la trasmisión es nulo. “Realmente no hay evidencia científica clara que refuerce que las mascarillas deban ser obligatorias”, insiste.
Eso sí, aclara que no quiere decir que “en determinados casos, por ejemplo en los servicios de urgencias o en las unidades donde hay personas altamente vulnerables, no deba ser obligatorio usar una mascarilla. Pero lo que hay que tener claro es que hay que usar una buena mascarilla, una FFP2, y bien ajustada”.
El gran problema que plantea es que “si hacemos un mandato general para obligar ponerla en el momento que pones el pie en un hospital, en una consulta… la gente no la va a usar bien. La pérdida de efectividad de las mascarillas se debe a que la gente no las ha sabido utilizar, ya que se han centrado en obligar a usarla en lugar de enseñar qué mascarilla hay que usar, quién la tiene que usar, en qué situaciones… Yo creo que hay que dejar paso al sentido común e incluso dotar a la gente con ellas”, como puede ser entregar una FFP2 cuando un paciente entre por urgencias.
En este sentido, añade que “no puedes obligar a la gente porque va a usar la mascarilla más barata y no la va a recambiar. Y si queremos que tengan efectos, tienen que ser mascarillas buenas, que son caras, que hay que cambiar con periodicidad… y la gente no está dispuesta a esto. Vamos a aprender de los errores del pasado.
El gallego apela a Sanidad para centrarse en “aplicar medidas realmente que han demostrado ser efectivas”, como la vacunación. “El Ministerio está pasando por encima la campaña de inmunización de la gripe y se debe hacer esfuerzos en recomendar la vacunación en niños, que son los principales vectores de transmisión, y en población de edad avanzada”. “Me gustaría que el Ministerio de Sanidad, como autoridad sanitaria, recomendase medidas basadas en la evidencia científica, porque necesitamos creer en las instituciones y es la máxima autoridad. Que se centre en recomendar medidas que la ciencia haya avalado, no en recomendar las que han demostrado que no ha tenido ningún impacto”, clama Rial.
El debate sobre el uso de las mascarillas ha vuelto un otoño más. Este jueves, el Ministerio de Sanidad ha intentado alcanzar un consenso con las comunidades autónomas en la Comisión de Salud Pública para un plan de medidas de contención y control de las enfermedades respiratorias, con el endurecimiento gradual de la utilización del tapabocas como una de las medidas protagonistas. Finalmente, no se ha alcanzado un acuerdo y se aplaza a noviembre la decisión de la Comisión de Salud Pública sobre este documento de medidas para la prevención y control de patologías, como la gripe, el virus sincitial respiratorio (VRS) o el covid.