Viajes imposibles | De la sede del mejor picante del mundo a la boca de un trol
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Viajes imposibles | De la sede del mejor picante del mundo a la boca de un trol

Navarra y Viterbo, España e Italia. Dos lugares poco conocidos, pero que hay que visitar para disfrutar de sus grandes secretos, que harán las delicias de los viajeros más intrépidos

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Imagen: Rocío Márquez.

El primer viaje que les propongo es uno que no he hecho, el primero de esa lista. Un viaje solitario, íntimo, solemne. Un viaje de peregrinación a un lugar que se llama Mendavia, en Navarra, a 78 kilómetros de Pamplona. "Una fértil vega regada por el Ebro y sus afluentes" que destaca "por los productos de sus huertas", por "3.000 hectáreas de cultivo de regadío", según Wikipedia. Un Hobbiton que linda con La Rioja. Ojo a ese detalle, porque es importante para comprender la historia.

Por la zona dicen que hay un par de rutas interesantes, pueblos con iglesias, parques que en las fotos parecen agradables y riberas arboladas. Estella está a menos de media hora y merece un desvío. Pero la peregrinación —de rodillas— acaba en una calle que lleva el nombre de la capital de la Merindad. Concretamente en el número 17, donde se encuentra la sede de una pequeña empresa de conservas cuyo nombre no voy a teclear por si algún malnacido me acusa de estar escribiendo a sueldo del 'lobby' del pimiento.

Foto: Imagen: Rocío Márquez.

Solo he probado uno de sus productos, una lata plana y amarilla con tres guindillas rojas cruzadas en heráldica y una descripción sugerente: "Alegrías riojanas". Dentro está, créanme, el mejor picante del planeta Tierra. No me tengan en cuenta la cursilada si les digo que explota en toda la lengua, con un toque dulce a leña, y que quema la boca sin destruir el sabor de lo que acompaña. Batido con queso fresco es el mejor untable que existe.

Seguro que hay maneras mejores y más técnicas de describirlo. Pero me atrevo a recomendarlo desde la seguridad que me dan cerca de 30 años de pasión por el picante, mi afición más estable en el tiempo. Les puedo contar también que mi entusiasmo con las alegrías riojanas no es nuevo, que tiene ya más de un año. Lo descubrí en pleno confinamiento y la lata amarilla es mi manual de resistencia. Día tras día, me animaba el hecho de haber entendido que no había que trasladarse a Sri Lanka, ni a Sichuán, ni a Gaziantep ni a Oaxaca. Bastaba con bajar al supermercado de debajo de casa.

En pleno confinamiento, descubrí este manjar que es ahora mi manual de resistencia

Cada vez que paso delante del lineal se me para el corazón, aterrado por el miedo a descubrir que se han llevado mis alegrías. En una ocasión, lo bajaron dos baldas, tardé dos minutos en encontrarlo y casi vomito de la impresión. Compro las latas de 10 en 10 y se las recomiendo a todo el mundo, por si acaso hay una crisis de demanda.

He preguntado a varios nativos de la zona y me dicen que las mejores 'alegrías riojanas' no vienen enlatadas. Que las hay mejores caseras, claro. Así que mi primer viaje será ir a probarlas y a presentar mis respetos en Mendivia. No hay sueño pequeño. Ni alegría prescindible.

La mayor ida del olla del Renacimiento

No recuerdo quién decía que a la provincia de Viterbo (Italia) le ocurre lo mismo que a las amigas de Gina Lollobrigida: por muchos encantos que desplegasen, siempre acababan eclipsadas. Si hubiese posibilidad de traslado, Viterbo podría convertirse en el paraje más bello y visitado de toda Noruega. Pero como limita por el sur con la provincia de Roma, solo acuden a visitarlo los romanos.

Lollobrigida nació precisamente en Viterbo, en un pueblo a orillas del río Aniene que se llama Subiaco. Un lugar precioso y prácticamente desconocido porque, como decimos, por la zona hay infinidad de cosas que ver y muy pocos turistas. Casi todo lo destacable tiene relación con los etruscos o con los restos de volcanes extinguidos. A veces con ambas cosas, como sucede con los lagos de Bolsena o de Vico.

Pero hay una excusa imbatible para visitar Viterbo y es el "sagrado bosque alquímico" de Bomarzo, como se describe en un escrito de principios del siglo XX. El nombre definitivo se lo dio Michelangelo Antonioni con un documental que rodó en 1950, 'La villa dei mostri', devenido después en 'Parque de los monstruos'. Mucho más vulgar que lo de la alquimia, pero con más tirón para los niños.

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Imagen: Pablo López Learte.

Lo mandó construir Pier Francesco Orsini a partir de 1550 y es una ida de olla importante. La leyenda dice que perdió el interés por la vida política y social de la nobleza romana cuando murió su esposa, una noble de la familia Farnese. Abatido, se recluyó a rumiar la pérdida, a estudiar ciencias ocultas y a disertar sobre la fragilidad de la carne y la vida, aficiones que fue plasmando en el parque escultórico más divertido de Europa.

"Vosotros que por el mundo vais errantes deseando ver grandes y estupendas maravillas, venid aquí donde hay rostros horrendos, elefantes, osos, orcos y dragones", dice el mensaje de bienvenida. No defrauda. El bosque entero, un paseo que puede alargarse varias horas, está lleno de estatuas labradas con símbolos ocultos, acertijos y juegos visuales, de monstruos y pasajes de la mitología clásica muy bien escogidos.

Por entendernos: en lugar de poner una estatua de Apolo y Dafne de las de toda la vida, el duque de Orsini exigía a sus artistas cosas como recrear el momento en que los genitales de Urano caían al mar y engendraban a Venus. O cómo meter una mesa y dos sillas dentro de la boca de un trol redondo de varios metros. Cuando Salvador Dalí visitó el lugar, se volvió loco de entusiasmo.

El paso del tiempo ha mejorado el lugar, dejándolo a merced de la humedad y de la vegetación, dándole un aspecto misterioso

El paso del tiempo ha mejorado el lugar, dejándolo a merced de la humedad y la abundante vegetación y dándoles un aspecto todavía más misterioso a los gigantes de piedra volcánica, desperdigados entre los árboles con el mismo desorden con que fueron escupidos por el volcán.

Hay gárgolas, bichos terroríficos y mujeres desnudas o con cuerpos de serpiente. Su esposa, Giulia, aparece representada de mil maneras, aunque la más reconocible es una figura "a la que el tiempo y el dolor han convertido en gigante y transformado en una diosa durmiente".

El duque de Orsini fue sin duda un tipo curioso y con prioridades muy diferentes a las de sus coetáneos. En el parque aparece representado varias veces y casi siempre en forma de perro. Por ejemplo, postrado pacientemente sobre la tumba de su esposa muerta en señal de lealtad eterna.

Hay un famoso libro del escritor argentino Manuel Mujica Láinez inspirado en el lugar y en la vida de Orsini. Se lo recomendaría de no ser porque me resultó un tostón y ni siquiera logré terminarlo. Llévense mejor una novela de Montalbano.

El primer viaje que les propongo es uno que no he hecho, el primero de esa lista. Un viaje solitario, íntimo, solemne. Un viaje de peregrinación a un lugar que se llama Mendavia, en Navarra, a 78 kilómetros de Pamplona. "Una fértil vega regada por el Ebro y sus afluentes" que destaca "por los productos de sus huertas", por "3.000 hectáreas de cultivo de regadío", según Wikipedia. Un Hobbiton que linda con La Rioja. Ojo a ese detalle, porque es importante para comprender la historia.

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