El documental que debes ver | 'Abducted in plain sight', disponible en Netflix
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RECOMENDACIÓN CINEMATOGRÁFICA

El documental que debes ver | 'Abducted in plain sight', disponible en Netflix

Los archivos familiares se ensamblan con testimonios directos y con reconstrucciones en 8 milímetros que dotan a la película de una mayor sensación de ficción que de realidad

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Imagen: Rocío Márquez.

Entre los cientos de 'true crimes' disponibles en Netflix, es difícil encontrar una serie o película del género que evite las convenciones trilladas hasta el 'estomagamiento'. Fulanito aparece asesinado y el principal sospechoso acabará siendo inocente después de interminables litigios o bien un culpable tan real como improbable acabarán poniendo la investigación patas arriba. Por eso, es de agradecer cuando en medio de la bulimia de contenidos aparece una historia como la de 'Abducted in Plain Sight', que se desvía de casi todas las convenciones, salvo la del maldito busto parlante.

Estrenado en Netflix en enero de 2019, 'Abducted in Plain Sight' -cuya traducción sería 'Secuestrada a plena luz del día'- parte del relato de la propia víctima, algo inhabitual en un género en el que suelen ser o los propios criminales o los investigadores y los medios de comunicación los que conducen el hilo narrativo. El documental se retrotrae a una sociedad mucho más naíf y optimista: los suburbios de Estados Unidos en los años 70, símbolos del progreso y del crecimiento del poder adquisitivo de la clase media, en los últimos coletazos del movimiento hippy y en una época fértil para los cultos satánicos y las sectas new age.

Pocatello (Idaho) es entonces una ciudad de menos de 60.000 habitantes en el Medio Oeste, llena de casitas de ladrillo bajas con jardín delantero perfectamente recortado para colocar la banderita de barras y estrella. Y en una de esas casas vive la familia Broberg: los padres Roger y Mary y las hijas Jan, Karen y Susan. Son ellos mismos, los protagonistas, los que cuentan de viva voz el secuestro de Jan Broberg cuando tenía 12 años. La historia es tan demencial que sería difícil de creer si no fuese porque la vergüenza, la culpa y el dolor es casi palpable en cada uno de los testimonios. Además, los padres de Jan, que han sido objeto de muchas críticas, admiten el mal comportamiento que tuvieron frente a los hechos.

La dosificación de la información del documental invita al espectador a hacer sus propias conjeturas e intentar anticiparse. Pero es imposible prever los giros absolutamente desquiciados de esta intriga de raptos, abusos sexuales, prostitución, extraterrestres, salidas del armario, amantes dobles y demás. Todo lo sórdido y estrambótico mezclado en un cóctel que, a veces, por rocambolesco, desvía la atención de que nos encontramos frente a un crimen real y que la víctima era apenas una adolescente. Choca, además, la disociación entre la imagen pública de los involucrados -familia modélica y muy religiosa- frente a la turbulencia que se esconde tras la puerta de los Broberg.

La estadounidense Skye Borgman dirige este documental de 90 minutos cuya trama arranca con la llegada al vecindario de la familia Berchtold, cuyo padre, Roger, enseguida hace muy buenas migas con los Broberg, especialmente con Jan. Roger, poco a poco, se va haciendo indispensable para todos ellos y acaba pasando incluso las noches en casa de sus vecinos. Todos lo admiran y, cariñosamente, lo llaman 'B'. "Era como un segundo padre para mí", cuenta la Jan de 2017, emocionada. La relación entre 'B' y Jan haría encender todas las alarmas, salvo para los para los Broberg, alienados en una suerte de influjo de seducción. La relación entre la niña y el adulto pasa cualquier límite de lo convencional, pero la familia no parece encontrar nada raro más allá de cierta peculiaridad en la personalidad de un Roger al que idolatran. Hasta que un día 'B' decide ir a recoger a Jan a la clase de piano y la chica desaparece. El desarrollo del caso es increíble hoy en día y la respuesta de los padres de la víctima explicable sólo desde la manipulación maestra de un hombre que acaba dinamitando todos los vínculos familiares de la misma forma de la que lo haría el gurú de una secta. Los archivos familiares se ensamblan con testimonios directos de los implicados cuarenta años después -se percibe la desestructuración que supuso la aparición de 'B' en sus vidas- y con las reconstrucciones en 8 milímetros que quizás dotan a la película de una mayor sensación de ficción que de realidad. Una pequeña pildorita que demuestra la falta de límites de la manipulación y el abuso de un hombre malo.

Entre los cientos de 'true crimes' disponibles en Netflix, es difícil encontrar una serie o película del género que evite las convenciones trilladas hasta el 'estomagamiento'. Fulanito aparece asesinado y el principal sospechoso acabará siendo inocente después de interminables litigios o bien un culpable tan real como improbable acabarán poniendo la investigación patas arriba. Por eso, es de agradecer cuando en medio de la bulimia de contenidos aparece una historia como la de 'Abducted in Plain Sight', que se desvía de casi todas las convenciones, salvo la del maldito busto parlante.

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