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Polvo extraterrestre, el síndrome de Zoom y las canas reversibles: los mejores 'papers'
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Polvo extraterrestre, el síndrome de Zoom y las canas reversibles: los mejores 'papers'

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Foto: Imagen: Rocío Márquez.
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Estrellas fugaces, el estrés (o la ideal ausencia de él) que devuelve el color a las canas, los tomates que se avisan del ataque de cualquier insecto o el hartazgo de las videollamadas. En definitiva, ciencia. La que nos ayuda a comprender mejor lo que pasa, lo que nos pasa, y lo que ocurre a nuestro alrededor. Por eso, qué mejor momento que el verano para aprender y repasar los estudios científicos más relevantes de los últimos meses.

El polvo extraterrestre que se acumula en tus zapatos

Con las perseidas todavía activas, es tiempo de mirar al cielo. Al espacio, concretamente. Resulta que las estrellas fugaces, que son uno de los mayores espectáculos naturales que nos ofrece nuestro planeta, son solo una pequeña parte visible de todo el material extraterrestre que nos llega del espacio. En realidad, recibimos mucho más y cae hasta el suelo sin que nos demos cuenta.

Una investigación de expertos franceses cifra en 5.200 toneladas la cantidad de polvo procedente de cometas y esteroides que cada año se deposita en el suelo de la Tierra. Así lo han publicado en la revista 'Earth & Planetary Science Letter'. Estas pequeñas partículas, que son inapreciables por el ojo humano porque miden décimas o centésimas de milímetro, son en el fondo micrometeoritos.

Foto: ¿Polvo extraterrestre en tus zapatos? (Rocío Márquez)

Las investigaciones, que se han realizado a lo largo de 20 años de análisis del polvo interplanetario localizado en la Antártida, las ha liderado Jean Duprat y han participado la Universidad de París-Saclay, el Museo Nacional de Historia Natural de Francia o la NASA, entre otros. Todo ello, en la base de investigación Concordia, un espacio que comparten Francia e Italia en el continente helado, a más de 1.100 kilómetros de la costa más cercana.

Hasta las narices de las videollamadas

No hace falta que les recuerde lo populares que se volvieron las videollamadas durante lo más crudo de la pandemia. Los confinamientos nos obligaron a mantener encuentros laborales y personales a través de unas pantallas, y eso no le salió gratis a nuestro cerebro.

Una investigación que publicaron, de forma conjunta, los científicos de la Universidad de Stanford y la Universidad de Gotemburgo recoge los datos de hasta 10.000 personas que confirman que hay cinco mecanismos no verbales que nos llevan directos al agotamiento frente a la pantalla. La sensación de estar atrapados físicamente por tener que permanecer en el campo de visión de la cámara o la ansiedad por el espejo, al vernos también a nosotros en la pantalla, son algunos de los más notables.

Foto: Ilustración: Irene de Pablo.

Pese a que hay muchos gestos que hacemos tanto en las reuniones virtuales como en las físicas, en las primeras tenemos que poner un esfuerzo extra para ser percibidos por los demás, algo en lo que no siempre tendremos éxito y que, por si fuera poco, nos provocará una frustración extra. El estudio concluyó también que estos mecanismos afectan de forma diferente a hombres y mujeres. Ellas son, en este caso, las más afectadas por lo que se conoce como 'la fatiga de Zoom'.

¿Son reversibles las canas?

La aparición de las canas es un rasgo asociado claramente al envejecimiento, pero no tenemos en cuenta lo suficiente todo lo que puede acelerar el proceso un ambiente de tensión y ansiedad. Hay muchos ejemplos. Zapatero, Sarkozy, Obama... hasta Pedro Sánchez tiene ya sus canas. Joe Biden, por su parte, no tiene de qué preocuparse.

No es que sea una percepción, es un hecho estudiado y explicado por los científicos. Una investigación de la Universidad de Harvard publicada en 'Nature' en 2020 ya concluía que en situaciones estresantes para ratones las células madre responsables de la pigmentación de los folículos pilosos se veían afectadas. Ahora, otros científicos de la Universidad de Columbia han publicado un nuevo trabajo que vincula el estrés psicológico con el cabello cano. La sorpresa es que, según el estudio, el color del pelo se puede recuperar una vez se ha ido el estrés.

Foto: Ilustración: Rocío Márquez.

Creen los autores del trabajo que nuestro cabello es comparable a los troncos de los árboles, que en sus anillos llevan la información sobre todo lo que les ha sucedido durante décadas. Así, incluso los pelos que aún están bajo la piel están sujetos a la influencia de las hormonas del estrés, expuestos a modificaciones de centenares de proteínas. Precisamente por esta vía se consiguió desarrollar un modelo matemático para explicar el proceso, señalando como clave el papel de las mitocondrias, una parte de las células que regula la energía y que responde a muchas señales, incluyendo el estrés psicológico.

La alarma defensiva de los tomates

Resulta que los tomates se comunican. Aquellos que dicen que las plantas también sufren tienen ahora un argumento más, el que les brinda la investigación de un grupo de científicos brasileños que han comprobado cómo el fruto del tomate se comunica con el resto de la planta para alertar de un ataque.

Así lo demuestra el estudio publicado en la revista 'Frontiers in Sustainable Food Systems', aseverando que cuando el fruto de la tomatera es atacado por orugas, puede enviar señales eléctricas al resto de la planta para que prepare su defensa. Explican que cualquier fruto es parte de la planta igual que lo son las hojas y los tallos y, por tanto, están hechos de la misma materia. Se comunican, por tanto, para darse información importante cuando surgen problemas graves como un ataque externo.

Foto: Imagen: Laura Martín.

En el experimento, estos científicos midieron las respuestas bioquímicas ante la presencia de insectos invasores. Esa situación provocó que se activaran sustancias químicas defensivas como el peróxido de hidrógeno, algo que ocurrió incluso en partes de la planta muy alejadas de los tomates atacados. Eso demostraría que esas señales eléctricas son una especie de alarma que pone en guardia al resto del organismo vegetal, aunque los autores esperan poder comprobar que este fenómeno ocurre en otros tipos de plantas.

Estrellas fugaces, el estrés (o la ideal ausencia de él) que devuelve el color a las canas, los tomates que se avisan del ataque de cualquier insecto o el hartazgo de las videollamadas. En definitiva, ciencia. La que nos ayuda a comprender mejor lo que pasa, lo que nos pasa, y lo que ocurre a nuestro alrededor. Por eso, qué mejor momento que el verano para aprender y repasar los estudios científicos más relevantes de los últimos meses.

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