La máquina del tiempo | Adrian Carton de Wiart, el soldado que no podía morir
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La máquina del tiempo | Adrian Carton de Wiart, el soldado que no podía morir

Su historia es una de esas que nos hacen preguntarnos sobre la suerte. Luchó en dos guerras mundiales y otra gran contienda más, la guerra de los bóeres, y sobrevivió a ellas

Foto: Imagen: Laura Martín.
Imagen: Laura Martín.

Los libros de historia suelen referir una estampa del oficial británico Adrian Carton de Wiart en plena batalla del Somme que da buena idea de sus capacidades: tirando de las anillas de las granadas con sus dientes y lanzándolas con la única mano que le quedaba.

Otra imagen memorable: De Wiart arrojando su ojo de cristal por la ventanilla de un automóvil a causa de lo incómodo que le resultaba. Imagínese a un transeúnte de principios del siglo XX tropezándose con un globo ocular en mitad de una calle de Londres.

La historia de De Wiart es una de esas que nos hacen preguntarnos sobre la suerte. Haber participado en dos guerras mundiales y otra gran contienda más (la guerra de los bóeres), sobrevivir a ellas, pero perder en el proceso un ojo, un brazo y haber sufrido graves heridas en el cráneo, la cadera, la rodilla y la oreja, ¿es un signo de buena suerte o de mala suerte? El nacido en Bélgica —algunos rumores le identifican como hijo ilegítimo de Leopoldo II, y su primo Henry fue primer ministro belga en 1920— ha pasado a la historia como el “soldado que nadie podía matar”. Su cuerpo, el testimonio de más de 60 años de guerras.

En la Primera Guerra Mundial recibió dos balazos en la cara, pero volvió al frente rápidamente

Hagamos recuento. De Wiart debutó en el frente durante el siglo XIX, cuando falsificó su nombre y su edad (tenía 19, pero se sumó seis hasta tener 25) para abandonar la Universidad de Oxford y combatir en la segunda guerra anglo-bóer en Sudáfrica. Su estómago y su ingle fueron los primeros receptores de metralla enemiga, pero lo mejor (o lo peor) estaba por venir. 'Flashforward' a la Gran Guerra, esa de la que Walter Benjamin escribió que los soldados volvían de ella mudos, sin poder contar nada. Tal era su impacto psicológico.

En 1915, De Wiart recibió dos balazos en la cara que le harían perder su ojo izquierdo y parte de su oreja mientras combatía en la Somalia británica, en el cuerno de África. Gracias a ello, el inglés consiguió lo que quería, y no se trataba de la Orden del Servicio Distinguido, sino ser trasladado a Europa. Allí, durante la batalla de Ypres (ciudad del noroeste de Bélgica), fue su mano izquierda la que cayó astillada. En su autobiografía, De Wiart asegura que fue él mismo quien se amputó dos dedos de la mano a mordiscos ante la negativa del cirujano a retirarla por completo. Más tarde, sería necesario cortarla entera.

Foto: Imagen: Irene de Pablo.

Sin un ojo y una mano, habría quien se lo pensaría dos veces antes de volver al frente. No De Wiart, que consiguió volver a primera línea al año siguiente. Esta vez, para enfrentarse al mayor reto de su carrera militar. La batalla del Somme, al frente del regimiento de Gloucestershire. Tenía 36 años, pero ya era una leyenda para sus hombres, a los que imbuía valentía y atrevimiento. Los detractores de De Wiart, que también existen, lo habrían llamado “temerario”.

Fue en la batalla de La Boisselle en la que De Wiart consiguió alzarse con la gloria militar, al hacerse cargo de tres unidades cuyos comandantes habían caído. Fue la que le hizo merecedor de la Cruz de la Victoria, no sin antes recibir otro balazo en la nuca. Por delante, dos décadas de paz, que a muchos otros les habría hecho cobrarse el descanso del guerrero. No De Wiart.

Otra herida por Inglaterra

El retorno a las responsabilidades militares por parte de los soldados británicos que habían combatido en la Primera Guerra Mundial al estallar la segunda fue relativamente habitual. Pero quizá no lo era tanto que su retorno se produjese en la primera línea de batalla. El británico iba camino de la antigua Yugoslavia cuando su avión fue derribado mientras sobrevolaba el Mediterráneo y el ejército fascista italiano lo capturó. No hay que perder de vista que por aquel entones ya tenía 61 años y pocos miembros sanos.

Fue prisionero de guerra los dos años siguientes, hasta que fue liberado y comenzó a trabajar para un tal Winston Churchill, que años después diría en su biografía que era “un modelo de caballería y honor”. En el ínterin, tuvo tiempo para ver cómo su casa de Londres era destruida por los bombardeos alemanes. Él, por supuesto, sobreviviría.

De Wiart falleció en su casa a los 83 años, a mitad de los sesenta, tras haber inspirado películas

Después de tantos sobresaltos, la paz de posguerra impidió que tuviese que volver a encontrarse frente a frente con la muerte. Terminó falleciendo en su casa a los 83 años, a mediados de los sesenta, tras haber servido de inspiración para el brigadier Ritchie Hook de Evelyn Waugh, uno de los personajes de su trilogía ‘Soldado de honor’, sobre las vivencias bélicas durante la segunda guerra mundial: el suegro de Waugh había sido compañero universitario del mutilado soldado.

Para la historia quedan las palabras que utilizó en su autobiografía ‘Happy Oddyssey’ ('Feliz odisea') para referirse a la Primera Guerra Mundial, que dan buena fe de su actitud ante lo bélico: “Francamente, he disfrutado la guerra”.

Los libros de historia suelen referir una estampa del oficial británico Adrian Carton de Wiart en plena batalla del Somme que da buena idea de sus capacidades: tirando de las anillas de las granadas con sus dientes y lanzándolas con la única mano que le quedaba.

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