El torbellino de la política en la España estancada
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HORIZONTES DE VERANO

El torbellino de la política en la España estancada

La última década es como un enorme lago con remolinos constantes en la superficie y estancamiento putrefacto en el fondo de una actividad frenética

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Ilustración: Laura Martín.

En la última semana de junio de 2020, las cifras de la pandemia eran ínfimas gracias a la reclusión domiciliaria de la población durante tres meses. El presidente del Gobierno proclamó la derrota del virus, puso fin al estado de alarma y animó a los españoles a disfrutar del verano y a los turistas extranjeros a visitarnos masivamente. En cambio, las perspectivas económicas eran tenebrosas: se auguraba una depresión larga y destructiva de todo el tejido económico, equivalente al 'crack' del 29.

En la política doméstica, Pablo Iglesias exhibía su poderío dentro de la coalición dominante, la Justicia había inhabilitado a Torra y el PP trompicaba mientras parecía revalorizarse el papel de Ciudadanos ensayando como bisagra. En Madrid, Almeida parecía un gigante y Ayuso una polichinela ridícula embutida en un traje varias tallas mayor que ella.

Foto: Imagen: Irene de Pablo.

Pese a la pandemia —que habría aconsejado un alto en fuego en las hostilidades partidarias—, la política sectaria de los coches de choque y los golpes de efecto mediáticos se agitaba de modo insensato. Pero el país seguía varado en sus asignaturas pendientes, la agenda reformista paralizada y los partidos convertidos en agentes tóxicos. Exactamente igual que en cualquiera de los años anteriores, singularmente desde que la 'nueva política' entró en nuestras vidas.

La España de la última década es como un enorme lago con remolinos constantes en la superficie —que impiden una navegación con rumbo— y estancamiento putrefacto en el fondo. Actividad frenética en lo accidental, parálisis cronificada en lo estructural.

Ningún analista que intentara un ejercicio prospectivo del curso 2020-2021 habría incluido en sus previsiones sucesos como los siguientes:

Foto: El exvicepresidente segundo y exlíder de Podemos, Pablo Iglesias. (Dani Gago)

Sin embargo, habría resultado sencillo para cualquiera anticipar que durante estos 12 meses no se daría un paso sustancial en ninguna de estas cuestiones:

Foto: La ministra de Trabajo, Yolanda Díaz. (EFE)
  • El sistema de pensiones y, en general, todo lo relativo a la sostenibilidad del llamado estado del bienestar.
  • El modelo productivo y las bases de la política económica, que consiste básicamente en esperar una lluvia de millones de la Unión Europea y seguir cebando la bomba de la deuda para que le explote en la cara a los que vengan detrás.
  • El pacto educativo, imposible desde 1978. La ley Celaá es otro petardo mojado de una larga serie de leyes unilaterales, que, como todas sus antecesoras, durará tanto como tarde en cambiar el partido en el Gobierno.
  • El modelo energético, que camina a velocidad de caracol frente a la aceleración del suicidio climático.
  • La reforma fiscal, reducida a un vacuo juego de promesas de campaña electoral sobre subir o no subir impuestos.
  • El envejecimiento de la población y el vaciamiento humano del 80% del territorio.
  • La desaparición progresiva de España del escenario internacional, y el descuido de las prioridades históricas de su política exterior: Latinoamérica, el Magreb y Estados Unidos (la UE ya no es política exterior).
placeholder Pedro Sánchez, en su ya famoso paseo con Joe Biden en Bruselas. (EFE)
Pedro Sánchez, en su ya famoso paseo con Joe Biden en Bruselas. (EFE)
  • La ley electoral, ese fetiche del que todo el mundo habla —en la mayoría de los casos, sin saber de lo que habla—, al que se atribuyen propiedades mágicas para desatascar la mugre del sistema político.

Lógico, se dirá: el país estaba ocupado en la pandemia. Es cierto como pretexto y falso como texto. Primero, porque ese mismo pronóstico podría haberse formulado en cualquier otro año de la década con igual garantía de acierto. Además, la pandemia no impidió a los dirigentes políticos contaminar el año con un carrusel desquiciado de políticas de corral: confrontaciones sectarias, elecciones innecesarias, juego sucio, desmanes jurídicos consentidos y embustes en cadena. Al principio de la pandemia, el autodenominado “Gobierno progresista” pretendió mantener el Congreso de los Diputados en clausura. Luego lo abrió y casi fue peor para quienes aún creemos en el parlamentarismo.

Por muchos remolinos que haya en la superficie, sabemos que la política seguirá enferma

Pues bien, esta es la parte cómoda de la prospectiva para el próximo curso. Por muchos remolinos que haya en la superficie, sabemos que, en los próximos meses (¿años?), la política española seguirá enferma de polarización y bloqueados los espacios de consenso. Que se profundizarán la degradación de las instituciones y el uso alternativo del derecho. Que se agudizarán en la sociedad las corrientes centrífugas frente a las centrípetas. Que el problema de Cataluña seguirá sin solución, aunque unos y otros lo subastarán cada día en el mercado de las oportunidades. Que la brecha generacional se hará más profunda. Que continuaremos exportando talentos por falta de oportunidades. Que Pedro Sánchez mentirá sin parar aunque solo sea por mantenerse en forma, y Pablo Casado bandeará en la búsqueda del grial de cómo construir una alternativa de poder sin echarse en brazos de la extrema derecha. Y que habrá que apartar a los niños de la televisión, y taparse las narices, durante las sesiones del Congreso de los Diputados. Que la palabra España será de mal tono, la gramática un objeto desechable y hablar de mujeres y hombres como un hecho biológico un estigma reaccionario —si no claramente fascista—.

Foto: Alberto Núñez Feijóo y Pablo Casado, en un reciente acto en Madrid. (EFE)

Este artículo podría resumirse en pocas lineas: en lo que es estructural y verdaderamente importante, en junio de 2022 España seguirá igual que el año pasado y el antepasado. En lo que es episódico, eso que se incluye en la crónica política, viviremos un torbellino de sucesos y noticias que este año, como el anterior, resulta temerario predecir. Es mucho más sencillo pronosticar qué pasará con la posición internacional de España (nada) que aventurar cuándo Sanchez fulminará a la ministra y quién ocupará su puesto en la gestión de la nada.

Conviene, pues, abstenerse de hacer pronósticos para el próximo curso si no se quiere hacer el ridículo. Lo más que puede hacerse, como en Wimbledon, es fijar la atención en las pistas donde se jugarán las partidas más vistosas:

La pandemia

Las vacunas ponen a la vista el horizonte del fin de la peste. Pero, a la vez, la euforia que se deriva de ellas —con el consiguiente relajamiento social en las precauciones— y la aparición recurrente de nuevas variantes reabren el peligro de nuevos brotes. Así se da la situación paradójica de países, como el Reino Unido, en que crecen a la vez el número de vacunados y el de contagiados.

placeholder Colas para vacunarse en el estadio Metropolitano, en Madrid. (EFE)
Colas para vacunarse en el estadio Metropolitano, en Madrid. (EFE)

Este verano podría ser peligroso si se generaliza la imprudencia. En el otoño y el invierno, la pulsión social y económica de dejar atrás la pandemia convivirá con nuevos ataques del virus. Los gobiernos tendrán que “hacer la goma” con la pandemia: dos pasos adelante (las vacunas), seguidos de un paso atrás (los rebrotes), con políticas asimétricas —y mal coordinadas— sobre las restricciones.

En todo caso, la clave del final de la pandemia será la capacidad de llevar las vacunas masivamente a los países pobres. Mientras haya continentes enteros con la mayoría de la población sin vacunar y sistemas sanitarios deficientes, nadie estará a salvo en el mundo. En este caso, la solidaridad es simplemente un acto de cordura.

La economía

Se han invertido las negras previsiones de hace un año. Aquella dicotomía tramposa entre salud y economía dio paso progresivamente a la convicción de que la mejor politica económica y la mejor política sanitaria eran la misma cosa. Las vacunas han resultado ser la palanca más poderosa para acelerar la recuperación económica y sortear una depresión profunda y prolongada.

Por hacer justicia, antes se había dado un paso igualmente trascendental con la reacción (¡por fin!) de la Unión Europea, reforzada después por las inyecciones masivas de dinero en la economía estadounidense decididas por Biden.

Foto: El secretario general de la OCDE, Angel Gurría. (EFE)

Los expertos pronostican ahora un crecimiento fulminante de la economía española durante la segunda mitad de 2021, probablemente sostenido durante 2022. Ello permitiría regresar pronto a la situación prepandémica y contener la destrucción de empleos y de empresas.

Hay zonas oscuras. La principal, el peso asfixiante de la deuda acumulada. La economía española sigue estando doblemente dopada por los fondos Next Generation y por el sostén del BCI asumiendo cantidades inmensas de nuestra deuda. En algún momento se acabará la tolerancia ante el gasto desbocado y volverá la exigencia de restablecer los equilibrios presupuestarios y las políticas fiscales ortodoxas. Si eso coincide con el tramo final de la legislatura, Sánchez lo pasará mal.

Foto: Imagen: Laura Martín.

Otra cosa es el impacto electoral de la situación económica. Generalmente se establece un automatismo entre crecimiento económico y crecimiento electoral del partido del Gobierno que no siempre funciona así. Tres observaciones:

  1. De las 14 elecciones generales celebradas en España desde 2016, solo en una, la de 2011, la economía fue el componente decisivo del resultado. En todas las demás pueden encontrarse otros factores, generalmente políticos, que influyeron en mayor medida en la decisión de voto.
  2. La experiencia muestra que la conflictividad social no crece durante los periodos de depresión económica, sino en las fases de recuperación del crecimiento. En las vacas flacas, el personal se repliega y se protege. Cuando las vacas empiezan a engordar, vuelve la lucha por los mejores filetes y el ¿qué hay de lo mío? se generaliza.
  3. Hay un desfase entre la mejoría de los datos macro y la experiencia vivida de las familias. Lo primero que estas notarán —ya lo están notando— es la vuelta de la inflación a nuestras vidas: subida de precios de productos básicos que harán aumentar la presión de subidas salariales correlativas.
  4. El reparto de los fondos europeos beneficiará a muchos, pero también generará una legión de agraviados, tanto en lo sectorial como en lo territorial. Especialmente si se percibe arbitrariedad, clientelismo o falta de transparencia (la oposición se encargará de que se perciba).

En cualquier caso, la recuperación de la economía y las ayudas europeas son la baza principal —por no decir la única— de Sánchez para intentar ganar las próximas elecciones, por lo que su explotación propagandística será extrema. Para ello necesitará contar con la connivencia de los agentes sociales, que se convierte a partir de este momento en prioridad estratégica del Gobierno.

placeholder El secretario general de UGT, José María Álvarez (d), y el secretario general de CCOO, Unai Sordo. (EFE)
El secretario general de UGT, José María Álvarez (d), y el secretario general de CCOO, Unai Sordo. (EFE)

La evolución de la situación económica y su reflejo demoscópico será, más que ninguna otra cosa, lo que determine la decisión sobre la fecha de las elecciones generales.

Cataluña

Probablemente, la cuestión catalana será también en esta legislatura el factor político más disruptivo, aunque sin alcanzar la intensidad dramática de la legislatura 2016-2019.

Pasado el seísmo de los indultos —que aún tendrá recidivas y derivaciones perturbadoras para el Gobierno en los próximos meses—, la mesa de negociación se convertirá en un foco permanente de tensión política.

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, saluda al presidente de la Generalitat, Pere Aragonès. (EFE)

Para el Gobierno, es un instrumento imprescindible para mantener el conflicto bajo control durante el tiempo que le quede a la legislatura. Necesita mantener a toda costa una negociación abierta, aunque su desarrollo sea circular y en bucle. No tanto —que también— por conservar el apoyo parlamentario de ERC, sino, principalmente, para evitar una ruptura traumática antes de las elecciones. Por ello es probable que mantenga abiertas todas las líneas de negociación, incluso aquellas en las que no tiene margen para progresar. Durante el año 22 se hablará mucho del artículo 92 de la Constitución (referéndum consultivo).

Lo que para el Gobierno será un peligro a neutralizar, para la oposición será una oportunidad a aprovechar hasta la última gota. Habrá un marcaje implacable sobre la mesa de negociación y sobre cada movimiento de Sánchez y sus aliados.

Por último, la mesa será escenario privilegiado de la lucha entre nacionalistas. ERC necesita que dure y poder ofrecer algún fruto de ella —aunque sea ilusorio— y JxCat hará todo lo que pueda por que embarranque y fracase (que sería el fracaso de Junqueras).

Lo único descartable es que en este periodo se abra paso una solución efectiva al problema de Cataluña en el marco constitucional. Para que ello fuera viable, se debería haber invertido el proceso desde el inicio: primero un entendimiento estratégico en el espacio central (el de los partidos constitucionalistas de Estado) y después una negociación con el mundo nacionalista en la que todas las partes estuvieran interesadas en alcanzar una solución final. En la actualidad, no se da ninguna de esas condiciones.

El calendario electoral y la batalla demoscópica

En principio, se abre un largo periodo sin elecciones a la vista hasta el final de 2022, fecha prevista para las elecciones andaluzas que arrancarán un nuevo ciclo electoral (Andalucía, autonómicas y municipales, generales, europeas, Galicia y País Vasco). Eso abriría, por un lado, la ocasión para que los gobiernos se dediquen a gobernar; y, por otro, que la batalla electoral propiamente dicha sea sustituida por la demoscópica, de tal forma que lo importante sea ganar la siguiente encuesta.

Pero Madrid nos ha demostrado que cualquier chispazo en cualquier lugar del territorio puede desencadenar una reacción en cadena de alcance imprevisible (más de 20 meses sin elecciones es demasiado para esta generación de políticos).

Foto: El presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno. (EFE)

La mayor tentación sería adelantar las elecciones andaluzas. Dando por hecha la victoria del PP, este partido elegirá el momento más conveniente para su estrategia nacional.

En el panorama demoscópico, tras las elecciones del 4-M parece haberse abierto un nuevo ciclo:

  • Desempate entre la derecha y la izquierda, a favor de la derecha. Por primera vez se hace numéricamente verosímil la hipótesis de una mayoría absoluta PP-Vox.
  • Sorpaso del PP al PSOE. Estancamiento a la baja del PSOE, que no es capaz de recoger nada de las pérdidas de Cs ni de UP, viéndose obligado a sostenerse únicamente sobre la fidelidad de sus votantes.
  • Mantenimiento/estancamiento de Vox en la zona del 15% y desaparición virtual de Ciudadanos, cuyos votantes se han pasado en masa al PP.
  • Declinar lento pero continuado de UP y señales de reanimación de Más País. Tras la salida de Iglesias, parece inexorable una recomposición general del espacio a la izquierda del PSOE.
  • Centrifugación territorial del voto: reforzamiento del espacio nacionalista y proliferación de candidaturas provinciales.

En definitiva: si usted conoce analistas, politólogos, tertulianos o demóscopos, hágales la pregunta mortal: ¿qué va a pasar? El que le diga que lo sabe, es que no sabe de esto.

En la última semana de junio de 2020, las cifras de la pandemia eran ínfimas gracias a la reclusión domiciliaria de la población durante tres meses. El presidente del Gobierno proclamó la derrota del virus, puso fin al estado de alarma y animó a los españoles a disfrutar del verano y a los turistas extranjeros a visitarnos masivamente. En cambio, las perspectivas económicas eran tenebrosas: se auguraba una depresión larga y destructiva de todo el tejido económico, equivalente al 'crack' del 29.

Pandemia Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) Pablo Casado
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